Un vuelo de Iberia despegaba este miércoles 12 de agosto a las 18:45 horas desde la Terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas. Este vuelo ya comenzaba con algo que rara vez se puede ver, el destino era el mismo que el origen: Madrid. El vuelo IB 1473 tenía un objetivo, el de conseguir una imagen única del eclipse total de sol que recorrió el centro y el norte de la península.
A bordo del avión iban investigadores del proyecto Shelios, encargados de estudiar la morfología del sol, equipo técnico de la compañía, que se encargó de retransmitir en directo este eclipse a 10.000 metros de altura y un puñado de periodistas.
Tras despegar, a los pocos minutos se alcanzó la altura máxima y los investigadores comenzaron a terminar la puesta a punto de todos los equipos, cámaras y un único telescopio que iba a bordo de este avión.
Javier Parra, astrofísico e informático, ha sido el encargado de preparar el telescopio que iba a bordo del avión. Y no era uno al uso, sino uno digital, encargado de realizar un timelapse: «Las fotografías que realiza sirven para observar la corona solar, las perlas de beily y algunas pequeñas protuberancias que se pueden ver durante la totalidad».
Una vez se iba acercando la parcialidad del eclipse, el avión comenzó a realizar varios virajes para que en el momento de la totalidad el aparato estuviese en la posición perfecta.
La totalidad a 30.000 pies gracias a la precisión
Y así fue, pocos minutos después de las 20:30 las luces del avión se apagaron y fuera se podía observar la oscuridad total y un enorme anillo solar. Era tan de noche como una con Luna llena (debido al anillo solar), pero con la peculiaridad de que ese anochecer solo duraría dos minutos y siete segundos dentro del avión. Como confirmó el propio comandante por megafonía «estamos en el punto exacto a la hora exacta». Y conseguirlo no era tarea fácil.
«Hemos estado dos semanas en coordinación con el grupo de astrónomos de Shelios, con las coordenadas, los hipódromos, las posibles alternativas. Siempre con un plan alternativo, un plan A, un B y un C, por si acaso encontramos mala meteorología» declaró el comandante a 20 minutos poco después de aterrizar.
La realización del directo, todo un reto
Parte de este reto, era también del equipo técnico de Iberia, encargado de retransmitir en sus redes sociales este hito a 10.000 metros de altura, varias cámaras repartidas en varios puntos del avión y el mayor reto: realizar la emisión desde el propio vuelo, con decenas de personas, entre periodistas e investigadores paseándose de lado a lado del avión.
«El mayor reto de transmitir el eclipse desde el aire es intentar atenuar todas las dificultades que tiene un vuelo: hacer tanto una grabación con un teleobjetivo importante , con una diferencia luminosa en el Horizonte tremenda y en cuanto la parte de transmisión ha sido favorables todo y tenemos una buena sensación» José Antonio Callejas, realizador de la transmisión.
Investigación más allá de la morfología solar
Otras de las peculiaridades de este vuelo es que no solo se iba a estudiar el eclipse o la morfología solar, sino que también se estudiaron las reacciones humanas, gracias al proyecto Corona, impulsado por el investigador Carlos Javier Rodríguez, que quiso ir más allá y estudiar qué reacciones causa en los humanos ver un fenómeno como un eclipse total de sol.
«Más allá de la morfología de la corona, de buscar alguna perseida, o retransmitir la señal a tierra, vamos a ver cómo se comporta el ser humano ante un eclipse total de sol en la aeronave y en tierra»
Pocos minutos después de la oscuridad total ya tenía cientos de datos recopilados y prevé que en unas semanas tendrá suficientes datos como para sacar conclusiones.
El avión tocó tierra poco después de las 21:30. El IB1473 había despegado de Madrid con un objetivo muy concreto. Y lo consiguió. Durante dos minutos y siete segundos, aquel avión dejó de ser un vuelo más de Iberia para convertirse en un observatorio mundial a 10.000 metros de altura. Con la vuelta de la luz y el calor entrando por las ventanas del aparato, comenzó la vuelta a Madrid. Lo hacía con miles de datos, miles de fotografías y, sobre todo, con la experiencia de haber visto un eclipse total de Sol desde las alturas.
Un vuelo de histórico de Iberia despegó de Madrid para observar el eclipse total de Sol desde 10.000 metros de altura
Un vuelo de Iberia despegaba este miércoles 12 de agosto a las 18:45 horas desde la Terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas. Este vuelo ya comenzaba con algo que rara vez se puede ver, el destino era el mismo que el origen: Madrid. El vuelo IB 1473 tenía un objetivo, el de conseguir una imagen única del eclipse total de sol que recorrió el centro y el norte de la península.
A bordo del avión iban investigadores del proyecto Shelios, encargados de estudiar la morfología del sol, equipo técnico de la compañía, que se encargó de retransmitir en directo este eclipse a 10.000 metros de altura y un puñado de periodistas.
Tras despegar, a los pocos minutos se alcanzó la altura máxima y los investigadores comenzaron a terminar la puesta a punto de todos los equipos, cámaras y un único telescopio que iba a bordo de este avión.
Javier Parra, astrofísico e informático, ha sido el encargado de preparar el telescopio que iba a bordo del avión. Y no era uno al uso, sino uno digital, encargado de realizar un timelapse: «Las fotografías que realiza sirven para observar la corona solar, las perlas de beily y algunas pequeñas protuberancias que se pueden ver durante la totalidad».

Una vez se iba acercando la parcialidad del eclipse, el avión comenzó a realizar varios virajes para que en el momento de la totalidad el aparato estuviese en la posición perfecta.
La totalidad a 30.000 pies gracias a la precisión
Y así fue, pocos minutos después de las 20:30 las luces del avión se apagaron y fuera se podía observar la oscuridad total y un enorme anillo solar. Era tan de noche como una con Luna llena (debido al anillo solar), pero con la peculiaridad de que ese anochecer solo duraría dos minutos y siete segundos dentro del avión. Como confirmó el propio comandante por megafonía «estamos en el punto exacto a la hora exacta». Y conseguirlo no era tarea fácil.

«Hemos estado dos semanas en coordinación con el grupo de astrónomos de Shelios, con las coordenadas, los hipódromos, las posibles alternativas. Siempre con un plan alternativo, un plan A, un B y un C, por si acaso encontramos mala meteorología» declaró el comandante a 20 minutos poco después de aterrizar.
La realización del directo, todo un reto
Parte de este reto, era también del equipo técnico de Iberia, encargado de retransmitir en sus redes sociales este hito a 10.000 metros de altura, varias cámaras repartidas en varios puntos del avión y el mayor reto: realizar la emisión desde el propio vuelo, con decenas de personas, entre periodistas e investigadores paseándose de lado a lado del avión.
«El mayor reto de transmitir el eclipse desde el aire es intentar atenuar todas las dificultades que tiene un vuelo: hacer tanto una grabación con un teleobjetivo importante , con una diferencia luminosa en el Horizonte tremenda y en cuanto la parte de transmisión ha sido favorables todo y tenemos una buena sensación» José Antonio Callejas, realizador de la transmisión.
Investigación más allá de la morfología solar
Otras de las peculiaridades de este vuelo es que no solo se iba a estudiar el eclipse o la morfología solar, sino que también se estudiaron las reacciones humanas, gracias al proyecto Corona, impulsado por el investigador Carlos Javier Rodríguez, que quiso ir más allá y estudiar qué reacciones causa en los humanos ver un fenómeno como un eclipse total de sol.
«Más allá de la morfología de la corona, de buscar alguna perseida, o retransmitir la señal a tierra, vamos a ver cómo se comporta el ser humano ante un eclipse total de sol en la aeronave y en tierra»
Pocos minutos después de la oscuridad total ya tenía cientos de datos recopilados y prevé que en unas semanas tendrá suficientes datos como para sacar conclusiones.
El avión tocó tierra poco después de las 21:30. El IB1473 había despegado de Madrid con un objetivo muy concreto. Y lo consiguió. Durante dos minutos y siete segundos, aquel avión dejó de ser un vuelo más de Iberia para convertirse en un observatorio mundial a 10.000 metros de altura. Con la vuelta de la luz y el calor entrando por las ventanas del aparato, comenzó la vuelta a Madrid. Lo hacía con miles de datos, miles de fotografías y, sobre todo, con la experiencia de haber visto un eclipse total de Sol desde las alturas.
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