La tripulación de Artemis II ha completado este viernes su inyección translunar y pone ya rumbo a la cara oculta de la Luna. Durante esta jornada, los astronautas han podido comunicarse con el centro de mando de la misión en Houston. En la charla, han podido compartir uno de los instantes más impactantes vividos hasta ahora. El comandante Reid Wiseman ha relatado cómo, desde miles de kilómetros de distancia, pudieron contemplar la Tierra en su totalidad: «Pudimos ver todo el globo, de polo a polo«. Una visión inédita para la misión que, según reconoce, les dejó completamente sobrecogidos.
«Fue el momento más espectacular y nos dejó a los cuatro paralizados», ha asegurado Wiseman, describiendo un instante de silencio compartido entre los astronautas. «La tripulación se siente bastante bien aquí arriba, de camino a la Luna», aseguró el astronauta Jeremy Hansen en las primeras palabras emitidas desde la nave. El canadiense, el primer no estadounidense en viajar hacia el satélite, subrayó que «la humanidad ha vuelto a demostrar de lo que es capaz. Son vuestras esperanzas de futuro las que nos impulsan en este viaje».
No obstante, no todo ha sido tan monumental y trascendente; en el día a día a bordo también hay espacio para lo inesperado y para lo cotidiano a partes iguales. La astronauta Christina Koch, ya autodenominada «fontanera espacial«, ha tenido que intervenir para resolver los primeros problemas del inodoro de la nave, llegando a asegurar con humor que el objeto más importante hasta ahora ha sido un desatascador. Una vez superado el contratiempo, ha reconocido que el viaje está siendo «sorprendentemente fluido».
También la adaptación al descanso galáctico ha dado que hablar. Dormir en el espacio es «cómico, pero más cómodo de lo que uno pensaría«, según Wiseman, que bromea con la escena de su compañera Koch «suspendida como un murciélago» en gravedad cero. El piloto Victor Glover ha apelado a la unidad y ha querido aprovechar la conversación para lanzar un mensaje de unión. Desde su posición en el espacio profundo, asegura que la misión les ha dado «algo a lo que todos podemos aferrarnos durante el resto de nuestras vidas«.
«La tripulación se siente bastante bien aquí arriba, de camino a la Luna», aseguró el astronauta Jeremy Hansen en las primeras palabras emitidas desde la nave.
La tripulación de Artemis II ha completado este viernes su inyección translunar y pone ya rumbo a la cara oculta de la Luna. Durante esta jornada, los astronautas han podido comunicarse con el centro de mando de la misión en Houston. En la charla, han podido compartir uno de los instantes más impactantes vividos hasta ahora. El comandante Reid Wiseman ha relatado cómo, desde miles de kilómetros de distancia, pudieron contemplar la Tierra en su totalidad: «Pudimos ver todo el globo, de polo a polo«. Una visión inédita para la misión que, según reconoce, les dejó completamente sobrecogidos.
«Fue el momento más espectacular y nos dejó a los cuatro paralizados», ha asegurado Wiseman, describiendo un instante de silencio compartido entre los astronautas. «La tripulación se siente bastante bien aquí arriba, de camino a la Luna», aseguró el astronauta Jeremy Hansen en las primeras palabras emitidas desde la nave. El canadiense, el primer no estadounidense en viajar hacia el satélite, subrayó que «la humanidad ha vuelto a demostrar de lo que es capaz. Son vuestras esperanzas de futuro las que nos impulsan en este viaje».
No obstante, no todo ha sido tan monumental y trascendente; en el día a día a bordo también hay espacio para lo inesperado y para lo cotidiano a partes iguales. La astronauta Christina Koch, ya autodenominada «fontanera espacial«, ha tenido que intervenir para resolver los primeros problemas del inodoro de la nave, llegando a asegurar con humor que el objeto más importante hasta ahora ha sido un desatascador. Una vez superado el contratiempo, ha reconocido que el viaje está siendo «sorprendentemente fluido».
También la adaptación al descanso galáctico ha dado que hablar. Dormir en el espacio es «cómico, pero más cómodo de lo que uno pensaría«, según Wiseman, que bromea con la escena de su compañera Koch «suspendida como un murciélago» en gravedad cero. El piloto Victor Glover ha apelado a la unidad y ha querido aprovechar la conversación para lanzar un mensaje de unión. Desde su posición en el espacio profundo, asegura que la misión les ha dado «algo a lo que todos podemos aferrarnos durante el resto de nuestras vidas«.
20MINUTOS.ES – Internacional
