La máquina del tiempo no es un complicado sistema de cables y chips alimentados por una fuente de energía compleja. La máquina del tiempo es un gallego de Sarria (Lugo). Es el multiinstrumentista Abraham Cupeiro, especialista en la construcción y recuperación de instrumentos de viento históricos.
Cupeiro presentará este domingo 19 de abril en los Teatros del Canal de Madrid su espectáculo Loira, con doble función a las 18.30 y 21.00 horas.
El artista gallego es músico experto en el kárnyx, trompeta celta de la Edad de Hierro, e impulsor de la corna gallega, además de compositor de bandas sonoras, colaborador en proyectos de Steven Spielberg, Hans Zimmer, Harry Gregson-Williams y con orquestas sinfónicas y filarmónicas de todo el mundo y participó en la banda sonora de la película Gladiator II, entre otros logros.
En Loira Cupeiro invita a «escuchar historias de gente que no sale en los libros, valga la redundancia, de historia». «Gentes humildes pero que acompañados de la música han generado también leyendas, mitos que merecen ser contados, desde los tinkers irlandeses hasta el barrio neoyorquino de Five Points en el siglo 19 o música romaní del este de Europa. Todo bajo el denominador común de instrumentos olvidados en el tiempo«, explica.
Para el músico Loira no es un concierto al uso, sino que se asemeja más a lo que él hacía siendo niño: «Me ponía al lado del fuego con mis abuelos y venían los vecinos, se contaban historias, se cantaba… era más una tertulia y esto es más una conversación con el público».
A través de sus instrumentos Abraham Cupeiro no sopla aire, sino emociones, que por la magia de la física (aunar magia con física sea contradictorio o quizá no) se convierte en sonidos. Todo en su música es emocional, empezando por el nombre del espectáculo, que es el mismo que el de su perrita. «Loira tiene manchas, es una perra mestiza, una perra olvidada, como todos estos instrumentos que yo toco. Definía tanto plásticamente como en concepto lo que es este proyecto», explica el músico.
Pero, ¿cómo llega alguien a reconstruir y tocar instrumentos con miles de años de antigüedad? Cupeiro tocaba desde muy joven en dos bandas, en una la trompeta y en la otra, la gaita. Ya haciendo la carrera en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid se lanzó a construir un instrumento con sus propias manos para el trabajo final de carrera. «Y a partir de ahí conseguí obtener esa pericia para construir instrumentos antiguos«, cuenta, algo en lo que profundizó con el Máster en Interpretación de la Música Antigua en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Ahí todavía no sabía que pasaría de alumno a maestro. «Trabajé 15 años en el Conservatorio y generé una asignatura que aún sigue aunque yo ya no esté en el conservatorio [su agenda de concierto, con hasta 190 al año por todo el mundo se lo impiden] y que se llama Laboratorio de música antigua».
Reconstruir un instrumento con milenios de historia no es sencillo. «Hay muchos instrumentos de los que hay ejemplares en algunos museos y los construyo fidedignamente desde ahí. Lo más difícil es aprender a tocarlos y claro, no puedo decirte que harían exactamente estas melodías, pero tampoco puedo decirte que no. Lo que traigo no son músicas del pasado, pero sí sonidos del pasado», aclara.
No le obsesiona el tema, pero si se para a pensarlo, oír cómo sonaban originalmente esos instrumentos «sería uno de los mayores regalos que podría tener». «Sobre todo me gustaría ver la pericia que tenían estas gentes con algo manual, que sería mucho más elevada que la nuestra», elucubra.
Abraham Cupeiro toca por todo el mundo. Le llaman de orquestas, espectáculos, desfiles, de películas, de museos, historiadores… incluso ha interpretado en apertura de eventos deportivos como el de rugby del Torneo de Seis Naciones o en el estadio de Balaídos, antes de un partido del Celta de Vigo.
Pero no buscaba el éxito. «Buscamos hacer disfrutar a la gente, no que esto tenga un éxito mediático de una gran visibilidad», aunque así fue y lo celebra. «Estos instrumentos, aunque los construyo, no son míos, son de la humanidad y es genial ver que a la gente les siguen gustando y sobre todo a adolescentes que se enganchan a la música. Eso me enorgullece un poco», reconoce.
En su colección hay centenares de instrumentos. Nos enseña, por ejemplo, una caracola, una idéntica a la que hace 14.000 años alguien tocó en una cueva de los Pirineos, donde se encontró ya en nuestro siglo.
«Creo que he tocado todo aquello que tiene un hueco por dentro y se puede soplar por él”, dice.
Pero, aunque el kárnyx es su buque insignia y le ha abierto muchas puertas, hay uno aún más especial: un pequeño cuerno de carnero. «Es el único instrumento que no es mío, se encontró a cinco kilómetros de mi pueblo. Lo encontró un señor que se llama Carlos Tallón en la inmensidad de la foresta, con los agujeros para los dedos y para el cordón. Y es un eslabón perdido en nuestra tradición galaica y que tiene un sonido increíble», hace ver, sintiendo que no fue él quien encontró al instrumento, sino al revés.
Para todo ese arsenal de instrumentos que posee tiene un proyecto. «Para el año que viene tengo pensado construir un teatro donde pueda hacer mis conciertos y también exponer los instrumentos. Tengo que tener los instrumentos a mano para poder seguir tocándolos. No quiero tener más porque creo que un instrumento que no se toca es una parte de historia que está muerta«, afirma.
Todos los instrumentos, incluso los que miden varios metros (y se pueden desmontar) viajan con él por todo el mundo, con anécdotas incluidas. «Una vez llegando a Finlandia perdieron la maleta y apareció media hora antes del concierto. Yo en la maleta llevo los instrumentos junto con la ropa. Entonces, cuando llegó el taxista desde el aeropuerto y abrí la maleta allí mismo y empecé a sacar mis calzoncillos, mis calcetines junto con los instrumentos el concertino de la orquesta, que ya estaba de los nervios, creo que colapsó, aunque el concierto fue un éxito», dice divertido.
Abraham Cupeiro, el gallego que sopla máquinas del tiempo: «Un instrumento que no se toca es una parte de historia muerta»
La máquina del tiempo no es un complicado sistema de cables y chips alimentados por una fuente de energía compleja. La máquina del tiempo es un gallego de Sarria (Lugo). Es el multiinstrumentista Abraham Cupeiro, especialista en la construcción y recuperación de instrumentos de viento históricos.
Cupeiro presentará este domingo 19 de abril en los Teatros del Canal de Madrid su espectáculo Loira, con doble función a las 18.30 y 21.00 horas.
El artista gallego es músico experto en el kárnyx, trompeta celta de la Edad de Hierro, e impulsor de la corna gallega, además de compositor de bandas sonoras, colaborador en proyectos de Steven Spielberg, Hans Zimmer, Harry Gregson-Williams y con orquestas sinfónicas y filarmónicas de todo el mundo y participó en la banda sonora de la película Gladiator II, entre otros logros.
En Loira Cupeiro invita a «escuchar historias de gente que no sale en los libros, valga la redundancia, de historia». «Gentes humildes pero que acompañados de la música han generado también leyendas, mitos que merecen ser contados, desde los tinkers irlandeses hasta el barrio neoyorquino de Five Points en el siglo 19 o música romaní del este de Europa. Todo bajo el denominador común de instrumentos olvidados en el tiempo«, explica.
Para el músico Loira no es un concierto al uso, sino que se asemeja más a lo que él hacía siendo niño: «Me ponía al lado del fuego con mis abuelos y venían los vecinos, se contaban historias, se cantaba… era más una tertulia y esto es más una conversación con el público».
A través de sus instrumentos Abraham Cupeiro no sopla aire, sino emociones, que por la magia de la física (aunar magia con física sea contradictorio o quizá no) se convierte en sonidos. Todo en su música es emocional, empezando por el nombre del espectáculo, que es el mismo que el de su perrita. «Loira tiene manchas, es una perra mestiza, una perra olvidada, como todos estos instrumentos que yo toco. Definía tanto plásticamente como en concepto lo que es este proyecto», explica el músico.
Pero, ¿cómo llega alguien a reconstruir y tocar instrumentos con miles de años de antigüedad? Cupeiro tocaba desde muy joven en dos bandas, en una la trompeta y en la otra, la gaita. Ya haciendo la carrera en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid se lanzó a construir un instrumento con sus propias manos para el trabajo final de carrera. «Y a partir de ahí conseguí obtener esa pericia para construir instrumentos antiguos«, cuenta, algo en lo que profundizó con el Máster en Interpretación de la Música Antigua en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Ahí todavía no sabía que pasaría de alumno a maestro. «Trabajé 15 años en el Conservatorio y generé una asignatura que aún sigue aunque yo ya no esté en el conservatorio [su agenda de concierto, con hasta 190 al año por todo el mundo se lo impiden] y que se llama Laboratorio de música antigua».
Reconstruir un instrumento con milenios de historia no es sencillo. «Hay muchos instrumentos de los que hay ejemplares en algunos museos y los construyo fidedignamente desde ahí. Lo más difícil es aprender a tocarlos y claro, no puedo decirte que harían exactamente estas melodías, pero tampoco puedo decirte que no. Lo que traigo no son músicas del pasado, pero sí sonidos del pasado», aclara.
No le obsesiona el tema, pero si se para a pensarlo, oír cómo sonaban originalmente esos instrumentos «sería uno de los mayores regalos que podría tener». «Sobre todo me gustaría ver la pericia que tenían estas gentes con algo manual, que sería mucho más elevada que la nuestra», elucubra.
Abraham Cupeiro toca por todo el mundo. Le llaman de orquestas, espectáculos, desfiles, de películas, de museos, historiadores… incluso ha interpretado en apertura de eventos deportivos como el de rugby del Torneo de Seis Naciones o en el estadio de Balaídos, antes de un partido del Celta de Vigo.
Pero no buscaba el éxito. «Buscamos hacer disfrutar a la gente, no que esto tenga un éxito mediático de una gran visibilidad», aunque así fue y lo celebra. «Estos instrumentos, aunque los construyo, no son míos, son de la humanidad y es genial ver que a la gente les siguen gustando y sobre todo a adolescentes que se enganchan a la música. Eso me enorgullece un poco», reconoce.
En su colección hay centenares de instrumentos. Nos enseña, por ejemplo, una caracola, una idéntica a la que hace 14.000 años alguien tocó en una cueva de los Pirineos, donde se encontró ya en nuestro siglo.
«Creo que he tocado todo aquello que tiene un hueco por dentro y se puede soplar por él”, dice.
Pero, aunque el kárnyx es su buque insignia y le ha abierto muchas puertas, hay uno aún más especial: un pequeño cuerno de carnero. «Es el único instrumento que no es mío, se encontró a cinco kilómetros de mi pueblo. Lo encontró un señor que se llama Carlos Tallón en la inmensidad de la foresta, con los agujeros para los dedos y para el cordón. Y es un eslabón perdido en nuestra tradición galaica y que tiene un sonido increíble», hace ver, sintiendo que no fue él quien encontró al instrumento, sino al revés.
Para todo ese arsenal de instrumentos que posee tiene un proyecto. «Para el año que viene tengo pensado construir un teatro donde pueda hacer mis conciertos y también exponer los instrumentos. Tengo que tener los instrumentos a mano para poder seguir tocándolos. No quiero tener más porque creo que un instrumento que no se toca es una parte de historia que está muerta«, afirma.
Todos los instrumentos, incluso los que miden varios metros (y se pueden desmontar) viajan con él por todo el mundo, con anécdotas incluidas. «Una vez llegando a Finlandia perdieron la maleta y apareció media hora antes del concierto. Yo en la maleta llevo los instrumentos junto con la ropa. Entonces, cuando llegó el taxista desde el aeropuerto y abrí la maleta allí mismo y empecé a sacar mis calzoncillos, mis calcetines junto con los instrumentos el concertino de la orquesta, que ya estaba de los nervios, creo que colapsó, aunque el concierto fue un éxito», dice divertido.
20MINUTOS.ES – Cultura
