La empresa que fabrica el iPhone celebra medio siglo de vida con unas cifras de negocio descomunales que la sitúan como la segunda compañía más valorada del mundo, pero con una dependencia creciente de Pekín para fabricar sus productos La empresa que fabrica el iPhone celebra medio siglo de vida con unas cifras de negocio descomunales que la sitúan como la segunda compañía más valorada del mundo, pero con una dependencia creciente de Pekín para fabricar sus productos
Gengis Kan es el ídolo del ‘tío Terry’. Inspirado en el conquistador mongol que dominó Asia con mano de hierro hace 800 años, dirigía su empresa con la misma disciplina militar. Sus trabajadores, con turnos de doce horas, no podían hablar, y si lo hacían, les podía bajar sus sueldos, que no eran demasiado generosos. ‘Trabaja duro en tu puesto hoy o trabaja duro para encontrar trabajo mañana’, rezaba uno de sus lemas, recogido en un pequeño libro rojo que todos los operarios recibían al incorporarse a la compañía. Cuando se denunciaron estas penosas condiciones laborales que dispararon el número de suicidios entre la plantilla, su respuesta no fue mejorarlas. Se limitó a instalar redes antisuicidio en los edificios desde donde se tiraban al vacío sus desesperados empleados.
El ‘tío Terry’ es el apodo de Terry Gou, el fundador de Foxconn, el gigante taiwanés que fabrica buena parte de los productos que han situado a Apple a la cabeza de las empresas más grandes del mundo durante los últimos años. Apple nació el 1 de abril de 1976. Aquel día, Steve Jobs y Steve Wozniak acudieron al apartamento en Mountain View de Ron Wayne, un ingeniero amigo. Allí firmaron en un garaje un documento de tres páginas que ponía las bases de una compañía que, medio siglo después, ha hecho de sus productos un símbolo de estatus social.
Los primeros días de la compañía de la manzana fueron tumultuosos. Según cuenta Walter Isaacson en su monumental biografía de Steve Jobs, solo once días después de su nacimiento, Wayne presentó su renuncia, de manera que los dos ‘Steves’ quedaron al mando. Jobs encarnaba la creatividad y la visión comercial; Wozniak, la genialidad técnica. Desde 1985 -con un largo paréntesis de una década- sería el carismático y dictatorial Jobs el que elevaría a la compañía a una cima que su sucesor, Tim Cook, llevaría a la altura del Everest. Pero el coloso tiene una debilidad: su dependencia de China.
Gou había fundado Foxconn dos años antes en un cobertizo situado en un pueblo taiwanés cuyo nombre se traduce como ‘ciudad sucia’. Allí moldeaba mandos de plástico de televisores y los repartía en bicicleta. Cinco décadas después dirige un imperio con 1,4 millones de ‘soldados’ sin los cuales no se podría fabricar ni el iPhone ni prácticamente ningún otro producto de la firma de la manzana mordida.
R. C.

«La amenaza existencial para Apple no es Android, sino Pekín», escribe el periodista Patrick McGee en el libro ‘Apple en China. La captura de la mayor empresa del mundo’ (ed. Anaya), donde describe cómo la compañía se ha convertido en el gigante que es a costa de una dependencia muy peligrosa que le ha hecho plegarse a los designios de una potencia que rivaliza directamente con Estados Unidos por el liderazgo mundial y que, en muchos casos, no respeta los derechos humanos. «Apple no está en manos de Pekín en un sentido directo, pero sí está profundamente condicionada por decisiones que la han llevado a depender de China de forma prácticamente existencial. No es tanto una captura como una simbiosis asimétrica: Apple necesita a China mucho más de lo que China necesita a Apple», apunta el experto en tecnología Enrique Dans. «Tesla, Ford, General Motors, Siemens y cualquier empresa que invierta en China traga con lo mismo. Es parte del juego», afirma por su parte el politólogo Roger Senserrich.
La ‘trampa’ de Pekín
La relación de Apple y China se remonta a hace más de dos décadas. Desde su fundación, la empresa norteamericana se ha caracterizado por un control extremo de sus productos, desde el software -los programas-, al hardware -la parte física-. Sin embargo, las penurias económicas registradas durante la primera mitad de los años 90, cuando Jobs había sido defenestrado, llevaron a los directivos a tirar de un recurso al que hacía tiempo que había recurrido la competencia: la subcontratación. Empezaron en Japón y le siguieron Taiwán y Corea, hasta que China se convirtió en una opción casi obvia: tenía toda la mano de obra necesaria a un coste muy reducido.
3,7
billones de dólares
es el valor bursátil actual de Apple. Solo le supera Nvidia.
La relación con el ‘tío Terry’ comenzó a finales del siglo pasado. Foxconn -denominación internacional de Hon Hai Plastic- se había hecho un nombre fabricando enchufes y conectores. Sus ventajas respecto a la competencia eran una ambición desmedida, una velocidad de trabajo incomparable y, casi lo más importante, sus contactos con el gobierno chino. Fue Tim Cook, el actual CEO de la compañía norteamericana, el que convenció a Jobs de que el futuro de la empresa debía pasar por encargar la fabricación a otras firmas. Y esas firmas estaban ubicadas casi invariablemente en China.
EFE

La trampa en todo este proceso es que, como apunta Dans, Pekín se aprovechó más de Apple que Apple de Pekín. El intrincado proceso de fabricación de sus productos obligó a la firma de la manzana a enviar a la Tierra del Dragón a decenas de ingenieros para enseñar a las empresas subcontratadas todo el montaje. Y estas aprendieron todo lo que necesitaban para cumplir el deseo del presidente chino Xi Jinping de situar a su país a la vanguardia tecnológica. «Como resultado, Apple dio origen a la industria china de teléfonos inteligentes. En 2009, Nokia, Samsung, HTC y Blackberry fabricaban la mayoría de los smartphones vendidos en el gigante asiático, pero a medida que Apple enseñaba a la cadena de suministro cómo perfeccionar el cristal multitáctil y fabricar los mil componentes del iPhone, sus proveedores cogían lo que sabían y se lo ofrecían a las empresas nacionales lideradas por Huawei, Xiaomi, Vivo y Oppo», subraya McGee.
1,4
millones de trabajadores
tiene Foxconn, la principal subcontrata que trabaja en China para el gigante de la electrónica.
Uno de los momentos en que más evidente se hizo esta dependencia fue en 2019. Entonces, Cook, presionado por Donald Trump para que llevaran de vuelta la fabricación de los productos de Apple a Estados Unidos, prometió que fabricaría los Mac Pro -sus ordenadores más potentes- en una planta en Texas. El resultado fue «un fiasco sin paliativos». «Trajimos gente de China para arreglarlo, gente que trabajaba para Foxconn», admitió un ingeniero de la firma de la manzana.
¿La solución está en India?
Esta dependencia, multiplicada desde que Apple abandonó a Samsung como fabricante de sus procesadores para dejarlos en manos de la taiwanesa TSMC, ha obligado a la empresa con sede en Cupertino a plegarse a muchas de las demandas del gigante asiático. Consciente cada vez más de esta debilidad, Apple activó en 2022 un plan B para el iPhone llevando parte de su producción a Vietnam, Brasil e India.
50 AÑOS DE HITOS
Por su inmensa población y bajos costes, el subcontinente indio se perfila como la mejor opción. Pero no está claro que sea suficiente. «Lo que China ofrece no es simplemente mano de obra, sino todo un ecosistema de procesos desarrollados durante más de dos décadas», destaca en su libro el periodista, algo que corrobora Dans. «A lo largo de los años, la compañía optimizó su cadena de suministro buscando eficiencia, escala y costes, y China ofrecía todo eso… junto con algo más difícil de replicar: una densidad industrial y una capacidad de coordinación que ningún otro país ha conseguido igualar. El resultado es que mover producción fuera de China no es una cuestión de abrir una fábrica en India o Vietnam, sino de reconstruir un ecosistema entero. ¿Puede escapar? A corto plazo, no».
Así pareció confirmarlo el propio Tim Cook hace solo unos días en una visita a Pekín. «China es la base productiva más importante de Apple y la fuente principal de su cadena de suministro», aseguró.
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