Cáncer es una palabra que infunde respeto. Algo tan natural como que tus propias células se comporten de forma anómala y que pasa a ser en una de las principales causas de muerte en el mundo se ha convertido durante muchos años en uno de los principales retos de la humanidad. Encontrar una cura. Lo difícil es que no hay un tipo de cáncer, hay muchísimos y con muchas variaciones. Una enfermedad que cambia vidas, tanto de la que lo sufre como de sus allegados.
Cada 4 de febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer, una jornada destinada a visibilizar una de las enfermedades que más afecta a nivel global. Este día, promovido por la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC) desde la firma de la Carta de París en el año 2000, busca sensibilizar a la población sobre la prevención, la detección temprana, los tratamientos efectivos y la igualdad en el acceso a la atención oncológica. La conmemoración no sólo sirve para presentar estadísticas y avances médicos, sino también para poner rostro humano a una enfermedad que transforma la vida de millones de personas en todo el mundo.
La jornada invita a reflexionar sobre los desafíos que enfrentan pacientes, familiares y cuidadores, así como sobre la necesidad de derribar estigmas y generar empatía en la sociedad. Cada historia individual de cáncer es única: algunas están marcadas por la lucha, otras por la esperanza y muchas por la resiliencia frente a lo inesperado. El Día Mundial contra el Cáncer se convierte en un espacio para reconocer la experiencia humana detrás de cada diagnóstico y recordar que la enfermedad no distingue edad, género ni contexto social.
La obra Bajo la misma estrella muestra, tanto en libro como en película, una de esas historias a modo de romance, mientras que Breaking Bad también cuenta cómo una detección de cáncer terminal transforma a un profesor de química mundano en una poderosa figura del mundo de las drogas. Los libros están bien, las películas y series molan, pero quiero mostraros una autobiografía mucho más personal y directa de una mangaka que cuenta de primera mano cómo su vida pega un giro cuando el cáncer hace una entrada radical.
¿Estarías bien con un cáncer terminal?
Tengo cáncer terminal, pero estoy bien de Hilnama, una mangaka de contenido para adultos, es un ejemplo destacado de cómo el cómic puede humanizar la enfermedad. Este manga autobiográfico relata la experiencia de la autora tras recibir un diagnóstico de cáncer de colon en fase terminal a los 38 años. La obra, de aproximadamente 160 páginas, se presenta como un testimonio sincero, en el que Hilnama comparte su vida cotidiana, sus tratamientos, sus miedos y también sus momentos de normalidad y creatividad. Algo tan duro como un diagnóstico de cáncer en fase terminal es perfectamente balanceado con un humor y una cotidianeidad magistral, porque el procedimiento, además de tedioso y muchas veces doloroso y desgastador, no es cubierto por la sanidad pública en Japón, como aquí en España. ¿Qué cuenta Hilnama en esta obra?
Lo primero, el mayor temor de los hipocondríacos, todo empieza con un dolor en el estómago —no era ahí, pero ella creía que sí — que dio paso a varios diagnósticos errados hasta dar con un doctor que vio la seriedad del asunto. Además de hablar de cómo trató con los médicos y enfermeras, también muestra la dura realidad que puede ser para los familiares de los enfermos. La fortaleza mental debe ir bilateralmente y mientras que el enfermo se apoya en su pareja, Hilnama insta a su pareja a sustentarse en alguien de confianza, como su hermana, es decir, la cuñada de Hilnama. El cáncer arrastra en el fango a más de una persona y la devastación afecta a todo el círculo familiar.
A nivel científico se aseguró de que lo que plasmaba en las viñetas fuera riguroso, afirmando que ha consultado con profesionales de la sanidad para no desinformar en las pruebas sanitarias y en los procedimientos. El cáncer de colon, según lo que muestra Hilnama, no duele, porque el intestino grueso no tiene células transmisoras de dolor. Para mayor rigor he consultado con mi compañera Paula G. Notario, médica y divulgadora científica en su canal En la puerta de urgencias, y me comenta que no es que no tenga células transmisoras del dolor, las tiene, pero el dolor puede ser muy difuso y no localizado. No es como cuando te pellizcas o te quemas, que sabes donde duele.
Una de ellas, por ejemplo, fue la prueba del enema de bario, donde preguntaron a Hilnama de forma reiterada si tenía intención de estar embarazada debido a los niveles de radiación a los que su cuerpo se expondría. Paula me matiza que no es porque se vaya a quedar embarazada, sino porque si lo estuviera las dosis de radiación serían peligrosas para el feto.
Esta prueba consiste en introducir un líquido de contraste a base de bario en el recto a través de un tubo para que las radiografías puedan mostrar con claridad la forma y función del colon, detectando, en este caso, las anomalías producidas por el cáncer.
En ellas se pudo encontrar, por ejemplo, el signo de la manzana mordida. Esta definición es una forma de llamar a la parte afectada del colon que aparece “comprimida” por las células tumorales: el contraste dibuja un segmento corto con un estrechamiento abrupto, bordes irregulares y “hombros” salientes hacia la luz, dando la impresión de un centro de manzana tras haber sido mordida.
La autora remata su crónica de la quimioterapia, mostrando de forma humorística pero realista los síntomas que le producen cada uno de los fármacos que debe tomar. La colaboración de la obra con el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC) subraya el valor de Tengo cáncer terminal, pero estoy bien como instrumento de sensibilización, convirtiéndose en un puente entre pacientes, familiares y lectores que buscan comprender mejor la enfermedad.
Hilnama deja claro que incluso ante un pronóstico terminal, es posible mantener dignidad, humor, creatividad y conexión con los demás, dejando un mensaje de humanidad y esperanza. Una obra ideal para el Día Mundial Contra el Cáncer que visualiza la dura realidad. Cada día se está más cerca de encontrar una posible cura o una mejora para la calidad de vida de todos los afectados por esta enfermedad. La investigación avanza, los tratamientos mejoran y la comprensión integral del cáncer es cada vez más precisa; pero, sobre todo, la fortaleza que cada uno demuestra día a día sigue siendo el impulso más poderoso. Que el arte y el conocimiento, como los de Hilnama, sirvan de recordatorio de que incluso en los periodos más oscuros, vivir puede ser algo que merece la pena contar.
Cada 4 de febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer, una jornada destinada a visibilizar una de las enfermedades que más afecta a nivel global.
Cáncer es una palabra que infunde respeto. Algo tan natural como que tus propias células se comporten de forma anómala y que pasa a ser en una de las principales causas de muerte en el mundo se ha convertido durante muchos años en uno de los principales retos de la humanidad. Encontrar una cura. Lo difícil es que no hay un tipo de cáncer, hay muchísimos y con muchas variaciones. Una enfermedad que cambia vidas, tanto de la que lo sufre como de sus allegados.
Cada 4 de febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer, una jornada destinada a visibilizar una de las enfermedades que más afecta a nivel global. Este día, promovido por la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC) desde la firma de la Carta de París en el año 2000, busca sensibilizar a la población sobre la prevención, la detección temprana, los tratamientos efectivos y la igualdad en el acceso a la atención oncológica. La conmemoración no sólo sirve para presentar estadísticas y avances médicos, sino también para poner rostro humano a una enfermedad que transforma la vida de millones de personas en todo el mundo.
La jornada invita a reflexionar sobre los desafíos que enfrentan pacientes, familiares y cuidadores, así como sobre la necesidad de derribar estigmas y generar empatía en la sociedad. Cada historia individual de cáncer es única: algunas están marcadas por la lucha, otras por la esperanza y muchas por la resiliencia frente a lo inesperado. El Día Mundial contra el Cáncer se convierte en un espacio para reconocer la experiencia humana detrás de cada diagnóstico y recordar que la enfermedad no distingue edad, género ni contexto social.
La obra Bajo la misma estrella muestra, tanto en libro como en película, una de esas historias a modo de romance, mientras que Breaking Bad también cuenta cómo una detección de cáncer terminal transforma a un profesor de química mundano en una poderosa figura del mundo de las drogas. Los libros están bien, las películas y series molan, pero quiero mostraros una autobiografía mucho más personal y directa de una mangaka que cuenta de primera mano cómo su vida pega un giro cuando el cáncer hace una entrada radical.
Tengo cáncer terminal, pero estoy bien de Hilnama, una mangaka de contenido para adultos, es un ejemplo destacado de cómo el cómic puede humanizar la enfermedad. Este manga autobiográfico relata la experiencia de la autora tras recibir un diagnóstico de cáncer de colon en fase terminal a los 38 años. La obra, de aproximadamente 160 páginas, se presenta como un testimonio sincero, en el que Hilnama comparte su vida cotidiana, sus tratamientos, sus miedos y también sus momentos de normalidad y creatividad. Algo tan duro como un diagnóstico de cáncer en fase terminal es perfectamente balanceado con un humor y una cotidianeidad magistral, porque el procedimiento, además de tedioso y muchas veces doloroso y desgastador, no es cubierto por la sanidad pública en Japón, como aquí en España. ¿Qué cuenta Hilnama en esta obra?

Lo primero, el mayor temor de los hipocondríacos, todo empieza con un dolor en el estómago —no era ahí, pero ella creía que sí — que dio paso a varios diagnósticos errados hasta dar con un doctor que vio la seriedad del asunto. Además de hablar de cómo trató con los médicos y enfermeras, también muestra la dura realidad que puede ser para los familiares de los enfermos. La fortaleza mental debe ir bilateralmente y mientras que el enfermo se apoya en su pareja, Hilnama insta a su pareja a sustentarse en alguien de confianza, como su hermana, es decir, la cuñada de Hilnama. El cáncer arrastra en el fango a más de una persona y la devastación afecta a todo el círculo familiar.
A nivel científico se aseguró de que lo que plasmaba en las viñetas fuera riguroso, afirmando que ha consultado con profesionales de la sanidad para no desinformar en las pruebas sanitarias y en los procedimientos. El cáncer de colon, según lo que muestra Hilnama, no duele, porque el intestino grueso no tiene células transmisoras de dolor. Para mayor rigor he consultado con mi compañera Paula G. Notario, médica y divulgadora científica en su canal En la puerta de urgencias, y me comenta que no es que no tenga células transmisoras del dolor, las tiene, pero el dolor puede ser muy difuso y no localizado. No es como cuando te pellizcas o te quemas, que sabes donde duele.

Una de ellas, por ejemplo, fue la prueba del enema de bario, donde preguntaron a Hilnama de forma reiterada si tenía intención de estar embarazada debido a los niveles de radiación a los que su cuerpo se expondría. Paula me matiza que no es porque se vaya a quedar embarazada, sino porque si lo estuviera las dosis de radiación serían peligrosas para el feto.
Esta prueba consiste en introducir un líquido de contraste a base de bario en el recto a través de un tubo para que las radiografías puedan mostrar con claridad la forma y función del colon, detectando, en este caso, las anomalías producidas por el cáncer.
En ellas se pudo encontrar, por ejemplo, el signo de la manzana mordida. Esta definición es una forma de llamar a la parte afectada del colon que aparece “comprimida” por las células tumorales: el contraste dibuja un segmento corto con un estrechamiento abrupto, bordes irregulares y “hombros” salientes hacia la luz, dando la impresión de un centro de manzana tras haber sido mordida.

La autora remata su crónica de la quimioterapia, mostrando de forma humorística pero realista los síntomas que le producen cada uno de los fármacos que debe tomar. La colaboración de la obra con el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC) subraya el valor de Tengo cáncer terminal, pero estoy bien como instrumento de sensibilización, convirtiéndose en un puente entre pacientes, familiares y lectores que buscan comprender mejor la enfermedad.
Hilnama deja claro que incluso ante un pronóstico terminal, es posible mantener dignidad, humor, creatividad y conexión con los demás, dejando un mensaje de humanidad y esperanza. Una obra ideal para el Día Mundial Contra el Cáncer que visualiza la dura realidad. Cada día se está más cerca de encontrar una posible cura o una mejora para la calidad de vida de todos los afectados por esta enfermedad. La investigación avanza, los tratamientos mejoran y la comprensión integral del cáncer es cada vez más precisa; pero, sobre todo, la fortaleza que cada uno demuestra día a día sigue siendo el impulso más poderoso. Que el arte y el conocimiento, como los de Hilnama, sirvan de recordatorio de que incluso en los periodos más oscuros, vivir puede ser algo que merece la pena contar.
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