Dobla su capitalización en el año gracias dos empresas vinculadas a la IA: Samsung y SK Hynix. Leer Dobla su capitalización en el año gracias dos empresas vinculadas a la IA: Samsung y SK Hynix. Leer
El Kospi era hasta hace unos meses un índice desconocido por la gran mayoría de pequeños inversores, sin embargo algo ha cambiado. Desde el arranque de año, este índice dobla su capitalización y protagoniza una explosión que le ha llevado a generar unas ganancias del 165% a cinco años, superiores al 100% del Ibex 35, al 78% del S&P 500 estadounidense y al 48% del EuroStoxx 50, la principal referencia europea. Se trata de la forma más visible y accesible para el extranjero de participar en el gran ‘boom’ de riqueza que vive Corea del Sur gracias a ser sede de dos de los tres causantes del mayor cuello de botella de la inteligencia artificial en la actualidad: SK Hynix y Samsung.
Samsung no está volando en bolsa gracias a sus mucho más famosas televisiones o teléfonos móviles, sino a los chips que fabrica, concretamente las tarjetas de memoria. Este componente, clave para los chips que permiten funcionar a la IA son fabricados casi en exclusiva por estas dos empresas y la estadounidense Micron. Considerados chips de gama baja, las memorias eran un elemento menor hasta que la masiva demanda de los chips de centros de datos y las evoluciones tecnológicas han revolucionado el sector y la economía de todo el país. Así, estas dos empresas representan ya más de la mitad de todo el Kospi, impulsado también por las reformas del Gobierno surcoreano para incentivar la participación local.
Al estilo de las tecnológicas estadounidenses bautizadas como ‘las siete magníficas’, Samsung y SK Hynix suben más del 570% y 250%, respectivamente, desde el inicio de año. Para un índice que dobla su capitalización en 2026, si de la ecuación se excluyera a estos dos fabricantes de chips las ganancias del Kospi se ceñirían a un (nada modesto) 30%. La subida exponencial que protagonizan estos dos gigantes de los semiconductores es tal que su peso dentro del índice de mercados emergente alcanzan el 13%; es decir, más de una décima parte de todas las bolsas de economías en desarrollo del mundo tienen nombre propio: el de Samsung y Hynix.
El FOMO (miedo a quedarse fuera, según sus siglas en inglés) es tal que dos ETFs apalancados y vinculados a cada uno de estas compañías han alcanzado máximos históricos de todos los tiempos y a nivel planetario, no solo por entradas masivas de capital por parte de los inversores sino por la revalorización en el mercado. En la última semana de mayo estos fondos dispararon su capitalización un 38%, hasta los 7,2 billones de wones coreanos, unos 4.000 millones de euros; una gesta histórica para un ETF que solo replica a una cotizada.
Tanta subida en vertical ha hecho saltar las alarmas de analistas y fondos de inversión sobre las derivadas de una concentración tan alta en solo unos pocos valores para la bolsa surcoreana. Los inversores globales, que ostentan cerca del 40% de la bolsa del país, han desinvertido cerca de 60.000 millones de dólares desde el 1 de enero, según cifras recogidas por la agencia Bloomberg, que se han concentrado, principalmente, en el mes de mayo (con más de 20.000 millones en ventas netas -una vez deducidas las compras-) y en marzo (cuando salieron otros 25.000 millones de dólares). Ahora preocupa el hecho de que el hueco dejado por los grandes fondos de inversión esté siendo ocupado por el ciudadano surcoreano, como así reflejan los datos.
El mayor impulso que ha recibido el pequeño inversor del país asiático viene de su propio gobierno. Hace justo un año el ejecutivo presidido por Lee Jae-Myung se propuso poner fin a lo que se conoce como ‘el descuento de Corea’ (‘Korea discount’) que se refiere a cómo empresas coreanas, que cotizan dentro del Kospi, como la propia Samsung Electronics o el tercer mayor fabricante de automóviles del mundo, Hyundai Motor Group, cotizan a valoraciones más bajas que sus comparables japoneses o taiwaneses porque se entiende que el inversor internacional aplica un «descuento» ante la cercanía al régimen autoritario de Corea del Norte o debido a que el entramado empresarial está dominado por grandes clanes familiares, algo que el Gobierno ahora busca también diversificar.
Para ello el Gobierno del país ha aprobado distintas normas destinadas a un control más estricto de la gobernanza empresarial y exenciones fiscales a la compra de renta variable por parte de sus ciudadanos. Distintas firmas de análisis ven con preocupación la participación tan elevada de los ciudadanos, más en un país en el que son muy populares productos apalancados que implican que quien invierte a través de ellos no solo puede perder todo el dinero dispuesto, sino el doble o el triple al haber firmado un compromiso por el que si la bolsa cae un 100% asumiría con capital adicional pérdidas por el 200% o el 300%. En momentos alcistas, esta práctica juega a su favor ya que duplican o triplican las ganancias obtenidas en bolsa.
Así se observa con cautela la concentración del índice donde todo el mundo se pregunta ¿hasta cuándo puede durar el boom? Las memorias tienen fama de negocio cíclico. Los fabricantes pasan por periodos de extrema bonanza seguidos de grandes crisis. Por eso, pese a la elevada demanda, ni Samsung, ni SK Hynix se han vuelto locos por ampliar sus fábricas y solo parecen dispuestos ahora, cuando los principales bancos de inversión prevén que la escasez de DRAM se extienda hasta mediados 2028, como ha señalado esta misma semana Goldman Sachs, que al mismo tiempo predice un crecimiento del 20% de la demanda o lo que es lo mismo una explosión de precios
Solo en el primer trimestre, Samsung se anotó un beneficio operativo de 57,2 billones de wones (más de 30.000 millones de euros) casi el triple que el año anterior y SK Hynix lo multiplicó por cinco hasta los 37 billones (21.000 millones de euros) y su reparto entre accionistas y plantilla han sido fruto de tensión, especialmente en Samsung donde se puso sobre la mesa una huelga de 14 días.
La solución de la empresa surcoreana ha sido la de repartir un bono de 300.000 dólares entre su plantilla, mientras que en su rival SK Hynix, acostumbrada a repartir entre empleados el 10% de su beneficio operativo, la cifra escala hasta los 400.000 dólares, convirtiendo a sus empleados en los nuevos ricos del país, de forma similar a cómo Nvidia se ha convertido en una mina de millonarios gracias a sus pagos en acciones. Esta riqueza llega a toda la economía coreana, que ha visto cómo las ventas de productos de lujo en regiones cercanas a las fábricas se han disparado, pero que también tiene otro beneficiario claro: el gobierno.
Los tremendos beneficios de estas compañías están disparando las previsiones de recaudación de la hacienda pública. En una reciente comparecencia, el ministro de economía del país reconocía que de unos ingresos fiscales en torno a los 340 (190.000 millones de euros) y 370 billones de wones (200.000 millones) el país llegaría a 415 billones (230.000) este 2026, cifra que algunos analistas elevan hasta 500 billones (280.000) si ambas empresas cumplen las expectativas. Un superavit para las cuentas coreanas que el país debate vivamente cómo canalizar y del que una parte se destinará a crear un nuevo fondo soberano al estilo de Noruega o los países árabes en una muestra de que los chips se han convertido en el nuevo petróleo.
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