En el puerto de Ushuaia se congregan barcos científicos, rompehielos y cruceros como el Grand Princess, uno de los más grandes del mundo. En este contexto, el MV Hondius no llamaría la atención. Es un barco de expedición reforzado para el hielo con 107 metros de eslora y capacidad para unas 170 personas. El 20 de marzo suben 149, desglosados en 88 pasajeros y 59 miembros de la tripulación. Entre todos, representan 23 nacionalidades y 14 son españoles: que se sepa por el momento, cinco catalanes, tres madrileños, un gallego y una valenciana. Esta última, además, forma parte de la tripulación, la oceanógrafa Aitana Forcén-Vázquez, que hace de guía para los turistas. También hay un matrimonio holandés de edad avanzada que ha recorrido varios puntos de Chile y Argentina hasta recalar aquí, en el punto más austral del continente. El MV Hondius vende en su página web numerosas comodidades y ambiente lujoso. Las tarifas por este viaje varían entre los 8.000 y 25.000 euros. Prometen escalas en algunas de las islas más remotas del planeta, visitando ecosistemas diversos y terminando en Cabo Verde, conocido como el Caribe africano. Pero nunca llegarán a destino. Este es el diario de a bordo de su viaje.
Cronología de un crucero que acabó convirtiéndose en una urgencia epidemiológica: así fue cómo el virus empezó a infectar a los pasajeros
En el puerto de Ushuaia se congregan barcos científicos, rompehielos y cruceros como el Grand Princess, uno de los más grandes del mundo. En este contexto, el MV Hondius no llamaría la atención. Es un barco de expedición reforzado para el hielo con 107 metros de eslora y capacidad para unas 170 personas. El 20 de marzo suben 149, desglosados en 88 pasajeros y 59 miembros de la tripulación. Entre todos, representan 23 nacionalidades y 14 son españoles: que se sepa por el momento, cinco catalanes, tres madrileños, un gallego y una valenciana. Esta última, además, forma parte de la tripulación, la oceanógrafa Aitana Forcén-Vázquez, que hace de guía para los turistas. También hay un matrimonio holandés de edad avanzada que ha recorrido varios puntos de Chile y Argentina hasta recalar aquí, en el punto más austral del continente. El MV Hondius vende en su página web numerosas comodidades y ambiente lujoso. Las tarifas por este viaje varían entre los 15.000 y 25.000 euros. Prometen escalas en algunas de las islas más remotas del planeta, visitando ecosistemas diversos y terminando en Cabo Verde, conocido como el Caribe africano. Pero nunca llegarán a destino. Este es el diario de a bordo de su viaje.
El 20 de marzo el crucero parte de Tierra del Fuego, en la Patagonia argentina. Hace distintas incursiones en la zona antártica. Después regresa a Ushuaia, desde donde vuelve a zarpar el 1 de abril, esta vez hacia el norte. Sigue un itinerario a través del Atlántico Sur, con escalas en regiones remotas y ecológicamente diversas.
El 6 de abril, un hombre holandés de 70 años empieza a encontrarse mal. Tiene fiebre, dolor de cabeza, dolor abdominal y diarrea. El cuadro se complica progresivamente, presentando dificultad respiratoria aguda, y fallece el 11 de abril. La causa de la muerte no se puede determinar en el momento. Los pasajeros viajan con ese cadáver a bordo durante casi dos semanas.

El 24 de abril el barco atraca en Santa Elena, una isla remota del océano Atlántico, a casi 2.000 kilómetros de la costa de Angola. Allí desembarca el cadáver del fallecido, acompañado por su esposa, una mujer de 69 años, que desde allí iba a iniciar los trámites de la repatriación a Países Bajos, el país de origen de ambos. Ella empieza a tener malestar gastrointestinal. Mientras tanto, en el crucero, un hombre adulto, de nacionalidad británica, se presenta ante el médico con fiebre, dificultad para respirar y síntomas de neumonía.
El 25 de abril la mujer holandesa viaja, con el cadáver de su esposo, hasta Sudáfrica en avión. Ella empieza a encontrarse peor durante el vuelo y ya en el aeropuerto internacional O. R. Tambo de Johannesburgo, se desmaya. Es trasladada a un centro de salud, donde fallece al día siguiente.
El 26 de abril, el estado del hombre británico empeora. El barco se encuentra ya en la isla de Ascensión. Desde ahí el enfermo es evacuado por vía aérea a Sudáfrica el 27 de abril, donde actualmente se encuentra hospitalizado en la Unidad de Cuidados Intensivos.
El 28 de abril, una mujer adulta de nacionalidad alemana dice sentirse mal. Empieza a desarrollar síntomas de neumonía y empeora rápidamente.
El 2 de mayo la mujer fallece. Se desconocen las causas. Pero ese mismo día las pruebas de laboratorio realizadas en Sudáfrica confirman la infección por hantavirus del británico que se encuentra en la UCI. El 4 se identifica el mismo virus en la primera mujer fallecida. Parece evidente: hay un brote de este peligroso hantavirus en el barco.
El 3 de mayo el barco llega a las proximidades de Cabo Verde. Tres pasajeros presentan fiebre alta y/o síntomas gastrointestinales. Equipos médicos en Cabo Verde evalúan a los pacientes y recolectan muestras adicionales para análisis. No dan permiso para atracar en puerto ni para desembarcar a los enfermos. Uno de los contagiados, en estado grave, es el médico del crucero.
El 4 de mayo, cuando el MV Hondius tenía previsto atracar en Cabo Verde, la noticia salta a los medios. Desde entonces, sigue fondeado frente al puerto de Praia a la espera de una solución. Las autoridades sanitarias tratan de identificar la fuente inicial de la infección. El ambiente a bordo del MV Hondius es relativamente tranquilo y los pasajeros se muestran, “en general, serenos”, dicen desde la naviera.
El 5 de mayo, tras una larga negociación entre la OMS y el Gobierno de España, Sanidad anuncia que acepta que el barco se dirija hasta Canarias, sin especificar el destino concreto. Entre ellos, el médico holandés, demasiado grave para volar a su país. “España tiene una obligación moral y legal de auxiliar a estas personas, entre las que se encuentran además varios ciudadanos españoles”, defiende Sanidad en un comunicado. Llegarán a su destino en tres o cuatro días.
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