El 72,1% de las personas con niveles altos de estrés reconoce recurrir a alimentos dulces o al picoteo entre horas como forma de aliviar el malestar emocional El 72,1% de las personas con niveles altos de estrés reconoce recurrir a alimentos dulces o al picoteo entre horas como forma de aliviar el malestar emocional
La forma de comer no depende únicamente del hambre o de los hábitos adquiridos. El estado emocional también influye en las decisiones alimentarias, especialmente … en periodos de presión sostenida, cansancio mental o ansiedad frecuente. En estas situaciones es habitual buscar alimentos que generen una sensación rápida de alivio o recompensa, como productos dulces o alimentos de picoteo consumidos entre horas.
Esta tendencia aparece con frecuencia entre quienes experimentan malestar emocional de forma continuada. En concreto, el 72,1% de las personas con niveles altos de estrés reconoce recurrir a alimentos dulces o al picoteo entre horas como forma de aliviar el malestar emocional, según el Estudio Sanitas de la Salud Bucodental 2026.
La cifra disminuye a la mitad (36%) en personas con niveles bajos de estrés. «Recurrir a alimentos dulces o picoteo entre horas es una respuesta emocional automática al estrés y a estados de ánimo negativos, para muchas personas. El azúcar activa el sistema de recompensa del cerebro, liberando dopamina y generando una sensación temporal de alivio. Por eso, bajo presión, o malestar psicológico, se tiene a buscar estos alimentos como una forma rápida de reforzamiento positivo para manejar esas emociones displacenteras», explica Soraya Bajat, jefa de servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja y del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.
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La ansiedad también puede alterar la percepción del hambre y la saciedad. Algunas personas comen de forma automática mientras trabajan o estudian, mientras que otras pasan muchas horas sin comer y terminan realizando ingestas más abundantes al final del día. El cansancio mental sostenido también suele favorecer decisiones alimentarias más impulsivas y una mayor preferencia por productos ultraprocesados.
Más allá del impacto metabólico, este hábito puede afectar a la salud bucodental. El consumo frecuente de azúcar a lo largo del día favorece la aparición de caries porque las bacterias presentes en la boca utilizan esos azúcares para producir ácidos que dañan el esmalte dental. Cuando el picoteo es constante, la boca pasa más tiempo expuesta a esa acidez y resulta más difícil que el esmalte se recupere de forma natural.
«Durante los picos de estrés la boca se convierte en un entorno mucho más ácido y favorable para la proliferación de bacterias que causan caries, lo que refuerza la relación entre el bienestar emocional y el cuidado de la salud oral», advierte Lorena Trinidad, odontóloga y parte del equipo de Innovación Clínica y Calidad Asistencial de Sanitas Dental.
Ante esta situación, los expertos recomiendan algunas pautas para reducir el impacto del estrés sobre la alimentación.
– Organizar las comidas principales: mantener horarios relativamente estables ayuda a evitar periodos largos de ayuno que favorecen una mayor impulsividad alimentaria y una mayor búsqueda de azúcar al final del día.
– Prestar atención durante las comidas: es importante respetar las horas de comida sin interrupciones ni actividades que interfieran en la atención (como trabajar o hablar por teléfono). Realizar otra tarea simultáneamente favorece la ingesta de mayores cantidades, tanto por la velocidad en la alimentación (que suele incrementarse), como por la dificultad para percibir la saciedad a tiempo.
– Elegir alimentos más saciantes: incorporar legumbres, frutos secos, huevos o proteínas de calidad contribuye a mantener niveles de energía más estables y reduce la necesidad de picar entre horas.
– Cuidar el descanso nocturno: dormir suficientes horas influye directamente en la regulación del apetito y en la capacidad para gestionar el estrés cotidiano.
– Reconocer el hambre emocional: identificar si el impulso de comer aparece ligado al cansancio, la ansiedad o el aburrimiento permite diferenciar el hambre física de la necesidad emocional de aliviar el malestar.
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