Han pasado veinte años. Autsaider comics publicó hace unos años Entresijos, el Madrid de Coyote, una auténtica maravilla y ahora, con esta revisión de Cruce de perras, el contenido y el continente en simbiosis perfecta, papel y palabra, colores y tinta, la portada de Miguel Trillo, intervenida por el mismo Coyote, el pantone de la belleza. Háganse con él, por las historias y por la acción más rebelde del mundo: coleccionar cosas hermosas. Seguimos avanzando.
La irrupción del kitsch: la situación en Medinaceli. El lugar donde se detenía el ALSA camino de Madrid. No es el mismo, pero funciona, aquí comienza la versión españolaza de Phantasma. El hombre alto podría devorar pueblos y pueblos en la zona y nadie se daría cuenta. Marta Sánchez, Juan Muñoz, el camarero de contrabajo, el cuarto Duncan Dhu. Sección rítmica de Gabinete Caligari (ustedes pueden leer más sobre eso aquí). Versión de Space Oddity de los hermanos Calatrava (más allá del tema bizarro, por qué eligen ese tema, y cómo lo hacen, que no está mal, vamos… hombre siempre está la canción sobre V, la morena, la lluvia y la lagarta). Franquismo. Víctor Coyote tomando apuntes para su libro Servilletas de bar. Gabinete Caligari y el aguilucho, parece que nos estamos cruzando temas. Lo dice Víctor Coyote, que siempre está enfadado, al menos conmigo (ni conmigo, ni con José Vizcaíno y esas fotos tan chulas que le hacía, en directo y entrevistado). En Aragón solo quiere a Juanjo, Santi, Gonzalo y Javier Benito.
Rockeros coleccionando. Rockeros fetichistas. Barrio del Pilar los rockers contra Grease. La brillantina, los rockes contra El Corte Inglés. Sí a Sleepy La Beef, el circuito revival de Inglaterra, los supervivientes, ya con unos cuantos años, que tocan por comida y una botella de whisky local. Chuck Berry, los oldies en ediciones del Círculo de Lectores. Pillar la ropa, las chupas de cuero, las botas de chúpame la punta del economato de la asociación de Alféreces provisionales. Botines que tienen demanda de los seguidores de Raphael, Camilo Sexto y Jacques Dutronc, que así pareces más alto. Los teddy boys, los punks en Londres. La canción de Los Smiths en los que Morrissey llama a la puerta de un teddy boy de más de sesenta años. Vamos detrás. Mira, aparece Crazy Caravan, la pistola de Jerry Lee Lewis, la bandera sudista frente a la banda con el aguilucho. El rockabilly cabalgando contradicciones. Little Richards, recibiendo el don de Dios y pagando filetes a John Lennon. Si Dios se lo dio a él, que ellos lo repartan. Lo mejor de todo es que los rockers y los mods acabaron en garitos, a mediados de los noventa, escuchando juntos Northern Soul, unos sacados, unos como una versión blanca de Paul Weller. Cola cao y galletas, flecos, el cuero negro de Gene Vincent, cojo, brillantina en el pelo. Vender tebeos, vender colecciones, la cuesta de Moyano, los traperos que se la cuelan a Mariano José de Larra y Francisco Umbral. Los cementerios. Ulises Montero. Los saxofonistas y su maldición, de jaco y tristeza.
Preguntan los fantasmas por el chico de Tui, perdido en la estación fantasma, donde no hay nada, naide. En los autos de choque, cazalla y olor a churrería.
La aparición del Silver, en León. Una situación. Un extrañamiento. Carabrincos, viajante, cubatas aguados, olivetti, Logroño, prostitutas, realismo sucio, bares y tascas. El hombre dormido. Una copa de soberano. Miles de historias acumuladas. Un hombre, delgado, vestido de negro, un chico de barrio, de Mahou y futbolín, entra Eduardo, Winston o Marlboro, venían de algún sitio, venían de León e iban a Zaragoza, a un concierto en la Plaza de Toros. Hace unas semanas escribí sobre eso en Motel Margot. ¿Qué nos queda? Mitomanía y gente que escribe, como César Prieto, sobre instantes atrapados en el tiempo, sea Eduardo Benavente o Cecilia. Algo de literatura en los cincuenta y el niño, que pasó de Tequila hasta el afterpunk.
O Rompemos la baraja: los ochenta, escasos de literatura, pero con diseño de moda, presentadores, peluqueros, modernidad, ¿Qué sucedió en los ochenta? Aquel combustible musical dio también a no músicos salidos de la nueva ola. El pelo, necesario, nuevos románticos o el punk rapado, los cardados de onda siniestra, trasquilones, flequillos a lo Truffaut: «Aquí, o somos todos artistas, o se rompe la baraja». ¿Qué es el amor? Sexualidad, homosexualidad, bisexualidad, casa de la ex, profesor punk. Imagina, la brasa de 2025, 2026… si en 1977 tenía 20 años, en 2027 tendrá 70 y será un profesor jubilado, muy jubilado.
En 1986. Mundial de Maradona, Tour de Lemond, el sube y baja. Valencia y zapatos. La ruta antes de Chimo Bayo. En tiempo de mescalinas y Chocolate. Depeche Mode tocando en discotecas del centro de Valencia antes de tomarse demasiado en serio. Fuimos a una exposición, realidad virtual en el parking, las canciones que aparecían, me dejaron sorprendido, un cartel de Derribos Arias. Un concierto de Derribos Arias. Y una canción de Mar otra vez. Eso era 1986. El exceso. Un juego con DRO, los discos radioactivos, promotoras por las grandes ciudades. Vía muerta, un nombre para jugar al siniestrismo, con un punto pop, que había que hacer algo de 40 principales. Y, en la canción, el título: «Aparte de ti», que tiene un tono, una especie de traducción, de adaptación, Love will tear us apart. Apart suena a aparte, will tear, apartar, us de ti. Parálisis Permanente es muy pop. Perspectiva Nevsky es más duro (aunque tenga nombre de canción de Franco Battiato).
Glamour y Vídeo. A mí me gusta el tecno pop, los nuevos románticos. Más bien, Décima Víctima, «Tan siniestro que caga murciélagos», con perdón. Vuelvo a Valencia, que tenía mejores garitos que bandas. Ya lo siento. Vienna de Ultravox y grandes canciones, como A flock of seagulls, aquel doble cedé de Todo Tecno, que, en vez de ser bakalao, era un compendio de tecnopop frío. Vale que las bandas usaban baterías como polígonos (de matemáticas, rectangulares), pero usaban batería. Sexo sin protección, una azafata, un mito, la cucharilla quemada en el fregadero. Rimbaud, que tenía más cuidado, con el opio mejor beberlo en forma de láudano, que pincharse.
NOTA: no sé si le interesa a alguien, pero a mí la época que me fascina, cada vez más, es 1989 en adelante, cuando llega Calamaro con un emulador de piano, el plan Austral, se junta con Rot e Infante, y el primer día acaban con Daniel Melingo en los garitos de Alaska, Ana D. y Escohotado. Igual esto está fuera en un texto sobre Coyote. Eran tres años. Lions in love y esa mandanga.
La patente latina. El relato que nos dejó claro qué pudo haber sucedido. En la distopía perfecta. Un triángulo quebrado entre Pau Donés-Santiago Auserón-Víctor Coyote. Coyotes, Jarabe de Palo y Radio Futura. Entre los años de la primera edición y esta del libro la apuesta ha subido, psicobilly y rollo Talking Heads, luego Cuba y Brasil, acabando en Portugal y Grecia. Uno duda, si es rock latino o rock mediterráneo, si es, más bien, tema del sur. Rock sureño. Pero te encuentras con la bandera confederada. Sur es sur. Cuando quisieron intentar el segundo advenimiento de Jovanotti le pidieron a Pau Donés adaptar las letras del italiano al español. También lo hicieron con Jota y Manu Ferrón para intentarlo de nuevo con Franco Battiato y, en 2012, saltaron los avisos: Apriti Sesamo (en español, Ábrete Sésamo). ¿Qué pasó? Nada. Lo malo de todo esto es que 2035-2036, nos quedan diez años, una década y aún no me habré jubilado y todavía no tenemos coches voladores y seguimos comprando vinilos.
Lo dicho, en vez de Ketama si podían haber puesto Alhucemas. Por provocar.
Otra de las razones para comprarse esta nueva edición de Cruce de perras, los extras, claro. Un ensayo clínico de 2025. La lucidez de Coyote al relacionar los peluqueros de los ochenta con los cocineros de hoy. Ojo, que algunos hicieron hasta coros, no sé si en discos de Pereza o de Sabina. Y escribieron en la efímera edición española de la Rolling Stone. Cultura en tiempos de tirana. Agudizar el ingenio. Que se lo digan a los rockeros argentinos (con perdón lo de usar rockeros), en mitad del proceso, Charly y Alicia, Serú Girán, Os Mutantes y Caetano Veloso en Brasil. La morsa, la foca, David Lebón y Pedro Aznar. Spinetta y cía. Progres contra homosexuales. La verdadera izquierda.
Documentos y ensayos monstruosos. Al final uno piensa que a Ocaña lo hubiera acabado llevando Federico a la Crónica Rosa o, incluso, organizado una sección/programa de cultura en EsRadio con Quico Rivas. Nunca lo sabremos.
Ser cosmopolita, los vuelos baratos, es más fácil llegar a Londres que a Vigo, a Berlín que a Almendralejo. ¿Y para qué quieres ir allí, Octavio? No sé, igual ir en autobús a Lisboa. Pero que no estás hablando de Víctor Coyote y sus relatos… bueno, el final del libro es más reflexión que narrativa y estoy en ello. Igual intento colar algo de lo mío y, lo cierto es, que si has llegado hasta aquí, puede que te interese: es la tercera lectura del libro y el sexto o séptimo artículo dedicado a Víctor Coyote en Motel Margot (y los que faltan). No hago daño a nadie. Insisto, en el párrafo siguiente.
Entre las dos ediciones del libro la revista Zona de obras publicó de manera regular noticias y reseñas sobre cine, música, arte y literatura procedentes de Portugal, Italia y Francia. Además de, por supuesto, Argentina y Brasil, de Uruguay, Chile, Bolivia, Perú, Venezuela, México y Colombia. Tanto que sigo volviendo a esos números y buscando los libros y los discos. Rubén ha muerto, viva Rubén. Para lo anglosajón, eso es más fácil. Además Rubén se trajo a Víctor para una fiesta de Zona de Obras en la sala Morrissey de Zaragoza. Con el El Combo Linga, creo. Ya solo queda Coyote. Ni la sala, ni la revista, ni la banda. Y yo.
Reconocimiento para el reconocido. Pedro Almodóvar. Ok. Toreros muertos en Colombia y ojo, Ilegales en Ecuador. No sabía. Corcobado en México. Sí. Nuevas catalogaciones. Manifestaciones políticas y culturales. La realidad de la clase acomodada, media alta, para comenzar una trayectoria artística: es tan fácil como revisar la historia de los yeyés españoles y sus padres embajadores o de dónde sacaban el dinero los locutores de la primera FM en España para ir de un lado a otro de Estados Unidos. Eso sí que era privilegio. Y es que, de nuevo, hablo yo y hablo del esfuerzo que supone, estudio y, claro, contactos y dinero. Pero ir hacia la luz, para conseguir portadas, o al menos reconocimiento, es como repasar la formación de Pollock o Picasso, pensar la de obras figurativas, retratos y, quizá, algún bodegón que hicieron antes de llegar ahí. Y los escritores o los músicos, llevo años dando clases, viendo a chicos montando sus primeras bandas, escribiendo poemas, la diversión intoxicada pero también estudiando. Sacando buenas notas en matemáticas antes de matricularse en Bellas Artes. El talento puro existe, no lo dudo, pero también el trabajo. Leer, ensayar, dedos de carbonilla.
Y termino. Siempre es un goce volver a Poch. La Valencia de Chocolate, las guitarras de Dinarama en directo, los rockers y los mods, el rastro, el instante de Eduardo Benavente, DRO y GASA y Tres cipreses. Y, además de la parte literaria, esta edición de Cruce de perras es una delicia. Un objeto, un continente que ofrecer al lector, al coleccionista, al fan. Disfruten.
Víctor Coyte y Autsider Cómics recuperan los relatos de la Movida
Han pasado veinte años. Autsaider comics publicó hace unos años Entresijos, el Madrid de Coyote, una auténtica maravilla y ahora, con esta revisión de Cruce de perras, el contenido y el continente en simbiosis perfecta, papel y palabra, colores y tinta, la portada de Miguel Trillo, intervenida por el mismo Coyote, el pantone de la belleza. Háganse con él, por las historias y por la acción más rebelde del mundo: coleccionar cosas hermosas. Seguimos avanzando.

La irrupción del kitsch: la situación en Medinaceli. El lugar donde se detenía el ALSA camino de Madrid. No es el mismo, pero funciona, aquí comienza la versión españolaza de Phantasma. El hombre alto podría devorar pueblos y pueblos en la zona y nadie se daría cuenta. Marta Sánchez, Juan Muñoz, el camarero de contrabajo, el cuarto Duncan Dhu. Sección rítmica de Gabinete Caligari (ustedes pueden leer más sobre eso aquí). Versión de Space Oddity de los hermanos Calatrava (más allá del tema bizarro, por qué eligen ese tema, y cómo lo hacen, que no está mal, vamos… hombre siempre está la canción sobre V, la morena, la lluvia y la lagarta). Franquismo. Víctor Coyote tomando apuntes para su libro Servilletas de bar. Gabinete Caligari y el aguilucho, parece que nos estamos cruzando temas. Lo dice Víctor Coyote, que siempre está enfadado, al menos conmigo (ni conmigo, ni con José Vizcaíno y esas fotos tan chulas que le hacía, en directo y entrevistado). En Aragón solo quiere a Juanjo, Santi, Gonzalo y Javier Benito.

Rockeros coleccionando. Rockeros fetichistas. Barrio del Pilar los rockers contra Grease. La brillantina, los rockes contra El Corte Inglés. Sí a Sleepy La Beef, el circuito revival de Inglaterra, los supervivientes, ya con unos cuantos años, que tocan por comida y una botella de whisky local. Chuck Berry, los oldies en ediciones del Círculo de Lectores. Pillar la ropa, las chupas de cuero, las botas de chúpame la punta del economato de la asociación de Alféreces provisionales. Botines que tienen demanda de los seguidores de Raphael, Camilo Sexto y Jacques Dutronc, que así pareces más alto. Los teddy boys, los punks en Londres. La canción de Los Smiths en los que Morrissey llama a la puerta de un teddy boy de más de sesenta años. Vamos detrás. Mira, aparece Crazy Caravan, la pistola de Jerry Lee Lewis, la bandera sudista frente a la banda con el aguilucho. El rockabilly cabalgando contradicciones. Little Richards, recibiendo el don de Dios y pagando filetes a John Lennon. Si Dios se lo dio a él, que ellos lo repartan. Lo mejor de todo es que los rockers y los mods acabaron en garitos, a mediados de los noventa, escuchando juntos Northern Soul, unos sacados, unos como una versión blanca de Paul Weller. Cola cao y galletas, flecos, el cuero negro de Gene Vincent, cojo, brillantina en el pelo. Vender tebeos, vender colecciones, la cuesta de Moyano, los traperos que se la cuelan a Mariano José de Larra y Francisco Umbral. Los cementerios. Ulises Montero. Los saxofonistas y su maldición, de jaco y tristeza.
Preguntan los fantasmas por el chico de Tui, perdido en la estación fantasma, donde no hay nada, naide. En los autos de choque, cazalla y olor a churrería.

La aparición del Silver, en León. Una situación. Un extrañamiento. Carabrincos, viajante, cubatas aguados, olivetti, Logroño, prostitutas, realismo sucio, bares y tascas. El hombre dormido. Una copa de soberano. Miles de historias acumuladas. Un hombre, delgado, vestido de negro, un chico de barrio, de Mahou y futbolín, entra Eduardo, Winston o Marlboro, venían de algún sitio, venían de León e iban a Zaragoza, a un concierto en la Plaza de Toros. Hace unas semanas escribí sobre eso en Motel Margot. ¿Qué nos queda? Mitomanía y gente que escribe, como César Prieto, sobre instantes atrapados en el tiempo, sea Eduardo Benavente o Cecilia. Algo de literatura en los cincuenta y el niño, que pasó de Tequila hasta el afterpunk.

O Rompemos la baraja: los ochenta, escasos de literatura, pero con diseño de moda, presentadores, peluqueros, modernidad, ¿Qué sucedió en los ochenta? Aquel combustible musical dio también a no músicos salidos de la nueva ola. El pelo, necesario, nuevos románticos o el punk rapado, los cardados de onda siniestra, trasquilones, flequillos a lo Truffaut: «Aquí, o somos todos artistas, o se rompe la baraja». ¿Qué es el amor? Sexualidad, homosexualidad, bisexualidad, casa de la ex, profesor punk. Imagina, la brasa de 2025, 2026… si en 1977 tenía 20 años, en 2027 tendrá 70 y será un profesor jubilado, muy jubilado.
En 1986. Mundial de Maradona, Tour de Lemond, el sube y baja. Valencia y zapatos. La ruta antes de Chimo Bayo. En tiempo de mescalinas y Chocolate. Depeche Mode tocando en discotecas del centro de Valencia antes de tomarse demasiado en serio. Fuimos a una exposición, realidad virtual en el parking, las canciones que aparecían, me dejaron sorprendido, un cartel de Derribos Arias. Un concierto de Derribos Arias. Y una canción de Mar otra vez. Eso era 1986. El exceso. Un juego con DRO, los discos radioactivos, promotoras por las grandes ciudades. Vía muerta, un nombre para jugar al siniestrismo, con un punto pop, que había que hacer algo de 40 principales. Y, en la canción, el título: «Aparte de ti», que tiene un tono, una especie de traducción, de adaptación, Love will tear us apart. Apart suena a aparte, will tear, apartar, us de ti. Parálisis Permanente es muy pop. Perspectiva Nevsky es más duro (aunque tenga nombre de canción de Franco Battiato).
Glamour y Vídeo. A mí me gusta el tecno pop, los nuevos románticos. Más bien, Décima Víctima, «Tan siniestro que caga murciélagos», con perdón. Vuelvo a Valencia, que tenía mejores garitos que bandas. Ya lo siento. Vienna de Ultravox y grandes canciones, como A flock of seagulls, aquel doble cedé de Todo Tecno, que, en vez de ser bakalao, era un compendio de tecnopop frío. Vale que las bandas usaban baterías como polígonos (de matemáticas, rectangulares), pero usaban batería. Sexo sin protección, una azafata, un mito, la cucharilla quemada en el fregadero. Rimbaud, que tenía más cuidado, con el opio mejor beberlo en forma de láudano, que pincharse.
NOTA: no sé si le interesa a alguien, pero a mí la época que me fascina, cada vez más, es 1989 en adelante, cuando llega Calamaro con un emulador de piano, el plan Austral, se junta con Rot e Infante, y el primer día acaban con Daniel Melingo en los garitos de Alaska, Ana D. y Escohotado. Igual esto está fuera en un texto sobre Coyote. Eran tres años. Lions in love y esa mandanga.

La patente latina. El relato que nos dejó claro qué pudo haber sucedido. En la distopía perfecta. Un triángulo quebrado entre Pau Donés-Santiago Auserón-Víctor Coyote. Coyotes, Jarabe de Palo y Radio Futura. Entre los años de la primera edición y esta del libro la apuesta ha subido, psicobilly y rollo Talking Heads, luego Cuba y Brasil, acabando en Portugal y Grecia. Uno duda, si es rock latino o rock mediterráneo, si es, más bien, tema del sur. Rock sureño. Pero te encuentras con la bandera confederada. Sur es sur. Cuando quisieron intentar el segundo advenimiento de Jovanotti le pidieron a Pau Donés adaptar las letras del italiano al español. También lo hicieron con Jota y Manu Ferrón para intentarlo de nuevo con Franco Battiato y, en 2012, saltaron los avisos: Apriti Sesamo (en español, Ábrete Sésamo). ¿Qué pasó? Nada. Lo malo de todo esto es que 2035-2036, nos quedan diez años, una década y aún no me habré jubilado y todavía no tenemos coches voladores y seguimos comprando vinilos.
Lo dicho, en vez de Ketama si podían haber puesto Alhucemas. Por provocar.

Otra de las razones para comprarse esta nueva edición de Cruce de perras, los extras, claro. Un ensayo clínico de 2025. La lucidez de Coyote al relacionar los peluqueros de los ochenta con los cocineros de hoy. Ojo, que algunos hicieron hasta coros, no sé si en discos de Pereza o de Sabina. Y escribieron en la efímera edición española de la Rolling Stone. Cultura en tiempos de tirana. Agudizar el ingenio. Que se lo digan a los rockeros argentinos (con perdón lo de usar rockeros), en mitad del proceso, Charly y Alicia, Serú Girán, Os Mutantes y Caetano Veloso en Brasil. La morsa, la foca, David Lebón y Pedro Aznar. Spinetta y cía. Progres contra homosexuales. La verdadera izquierda.
Documentos y ensayos monstruosos. Al final uno piensa que a Ocaña lo hubiera acabado llevando Federico a la Crónica Rosa o, incluso, organizado una sección/programa de cultura en EsRadio con Quico Rivas. Nunca lo sabremos.

Ser cosmopolita, los vuelos baratos, es más fácil llegar a Londres que a Vigo, a Berlín que a Almendralejo. ¿Y para qué quieres ir allí, Octavio? No sé, igual ir en autobús a Lisboa. Pero que no estás hablando de Víctor Coyote y sus relatos… bueno, el final del libro es más reflexión que narrativa y estoy en ello. Igual intento colar algo de lo mío y, lo cierto es, que si has llegado hasta aquí, puede que te interese: es la tercera lectura del libro y el sexto o séptimo artículo dedicado a Víctor Coyote en Motel Margot (y los que faltan). No hago daño a nadie. Insisto, en el párrafo siguiente.

Entre las dos ediciones del libro la revista Zona de obras publicó de manera regular noticias y reseñas sobre cine, música, arte y literatura procedentes de Portugal, Italia y Francia. Además de, por supuesto, Argentina y Brasil, de Uruguay, Chile, Bolivia, Perú, Venezuela, México y Colombia. Tanto que sigo volviendo a esos números y buscando los libros y los discos. Rubén ha muerto, viva Rubén. Para lo anglosajón, eso es más fácil. Además Rubén se trajo a Víctor para una fiesta de Zona de Obras en la sala Morrissey de Zaragoza. Con el El Combo Linga, creo. Ya solo queda Coyote. Ni la sala, ni la revista, ni la banda. Y yo.

Reconocimiento para el reconocido. Pedro Almodóvar. Ok. Toreros muertos en Colombia y ojo, Ilegales en Ecuador. No sabía. Corcobado en México. Sí. Nuevas catalogaciones. Manifestaciones políticas y culturales. La realidad de la clase acomodada, media alta, para comenzar una trayectoria artística: es tan fácil como revisar la historia de los yeyés españoles y sus padres embajadores o de dónde sacaban el dinero los locutores de la primera FM en España para ir de un lado a otro de Estados Unidos. Eso sí que era privilegio. Y es que, de nuevo, hablo yo y hablo del esfuerzo que supone, estudio y, claro, contactos y dinero. Pero ir hacia la luz, para conseguir portadas, o al menos reconocimiento, es como repasar la formación de Pollock o Picasso, pensar la de obras figurativas, retratos y, quizá, algún bodegón que hicieron antes de llegar ahí. Y los escritores o los músicos, llevo años dando clases, viendo a chicos montando sus primeras bandas, escribiendo poemas, la diversión intoxicada pero también estudiando. Sacando buenas notas en matemáticas antes de matricularse en Bellas Artes. El talento puro existe, no lo dudo, pero también el trabajo. Leer, ensayar, dedos de carbonilla.

Y termino. Siempre es un goce volver a Poch. La Valencia de Chocolate, las guitarras de Dinarama en directo, los rockers y los mods, el rastro, el instante de Eduardo Benavente, DRO y GASA y Tres cipreses. Y, además de la parte literaria, esta edición de Cruce de perras es una delicia. Un objeto, un continente que ofrecer al lector, al coleccionista, al fan. Disfruten.
20MINUTOS.ES – Cultura
