Utilizamos el término ‘extravagancia’ (o extravagante) para hacer referencia a aquella cosa (o persona) que se sale claramente de lo habitual, ya sea por la forma de vestir, por las ideas que propone o por un comportamiento que rompe lo que la mayoría considera normal. Los diccionarios la definen como ‘aquello que resulta raro, extraño o exageradamente original, algo que llama la atención porque se aparta de la norma aceptada’.
La etimología de la palabra nos lleva hasta el latín medieval, donde aparece extravagans, -antis, participio del verbo extravagari. Este verbo se formó con el prefijo ‘extra-‘, que indicaba ‘fuera de’, ‘además de’ o ‘más allá de’, y el vocablo ‘vagari’, que significa ‘vagar’, ‘andar errabundo y sin rumbo’, y envía a la idea de ‘andar errante fuera de los límites establecidos’. De ahí pasó al castellano como extravagante y, más tarde, como extravagancia, siempre ligando este término a aquello que se desplaza más allá del camino ordinario.
Podemos encontrar el rastro del término en los diccionarios desde comienzos del siglo XVIII, cuando ya se recogía en obras bilingües y en el Diccionario de Autoridades de la RAE (edición de 1732), asociado a rareza, excentricidad y originalidad. Desde entonces, el vocablo ha conservado ese sentido de desvío voluntario respecto a lo común, que hoy puede verse tanto como un defecto como como una forma de personalidad muy marcada.
También cabe destacar que, en el derecho canónico medieval, era utilizado el término ‘Extravagantes’ para designar ciertas decretales papales (leyes o decisiones del Papa que resuelven dudas y rigen la Iglesia) que quedaban fuera de las colecciones oficiales, reforzando esa asociación con lo que se escapa del canon, aunque siga formando parte del sistema.
Utilizamos el término ‘extravagancia’ (o extravagante) para hacer referencia a aquella cosa (o persona) que se sale claramente de lo habitual, ya sea por la forma de vestir, por las ideas que propone o por un comportamiento que rompe lo que la mayoría considera normal.
Utilizamos el término ‘extravagancia’ (o extravagante) para hacer referencia a aquella cosa (o persona) que se sale claramente de lo habitual, ya sea por la forma de vestir, por las ideas que propone o por un comportamiento que rompe lo que la mayoría considera normal. Los diccionarios la definen como ‘aquello que resulta raro, extraño o exageradamente original, algo que llama la atención porque se aparta de la norma aceptada’.
La etimología de la palabra nos lleva hasta el latín medieval, donde aparece extravagans, -antis, participio del verbo extravagari. Este verbo se formó con el prefijo ‘extra-‘, que indicaba ‘fuera de’, ‘además de’ o ‘más allá de’, y el vocablo ‘vagari’, que significa ‘vagar’, ‘andar errabundo y sin rumbo’, y envía a la idea de ‘andar errante fuera de los límites establecidos’. De ahí pasó al castellano como extravagante y, más tarde, como extravagancia, siempre ligando este término a aquello que se desplaza más allá del camino ordinario.
Podemos encontrar el rastro del término en los diccionarios desde comienzos del siglo XVIII, cuando ya se recogía en obras bilingües y en el Diccionario de Autoridades de la RAE (edición de 1732), asociado a rareza, excentricidad y originalidad. Desde entonces, el vocablo ha conservado ese sentido de desvío voluntario respecto a lo común, que hoy puede verse tanto como un defecto como como una forma de personalidad muy marcada.
También cabe destacar que, en el derecho canónico medieval, era utilizado el término ‘Extravagantes’ para designar ciertas decretales papales (leyes o decisiones del Papa que resuelven dudas y rigen la Iglesia) que quedaban fuera de las colecciones oficiales, reforzando esa asociación con lo que se escapa del canon, aunque siga formando parte del sistema.
20MINUTOS.ES – Cultura
