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Esto de tener amigos tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Ventajas porque te ayudan a elegir el tema de un artículo e inconvenientes porque cuando ya lo tenías decidido te lo cambian. Eso es lo que me ha pasado hoy. Como es natural, iba a hablar de Indra, Escribano, la extraña conversión de un presidente no ejecutivo en presidente ejecutivo, etc.
Pero se me ha ocurrido llamar a un amigo y me ha hecho cambiar de tema. Me ha recordado algo que dijo alguien cuando el BBVA y el Sabadell estaban enzarzados en las escaramuzas de la OPA del primero sobre el segundo. Cuando la OPA fracasó, otro amigo me dijo: «las consecuencias de todo esto se verán a lo largo del próximo año». Yo entendí que el fracaso de la OPA se lo cargarían a Carlos Torres, presidente del BBVA, porque consideré que el fracaso había que atribuírselo a él.
Sin embargo, me encuentro con la noticia: César González-Bueno, consejero delegado del Sabadell, se despide – ¿le despiden? – en una ceremonia por todo lo alto celebrada en una antigua iglesia convertida en un espacio para reuniones y convenciones, con la asistencia de todos los consejeros, el nuevo consejero delegado Marc Armengol, amigos… todo muy divertido, con muchas risas y a ver qué tal lo hace el nuevo consejero delegado.
Debe ser que soy un poco malpensado a pesar de que mi madre siempre me aconsejó pensar bien. Pero como no sé qué pensar, le llamo a un amigo y le planteo mis dudas que sorprendentemente, son también las suyas. Lo que pasa es que él ha adelantado el trabajo y dice lo que puede ser.
Puede ser que de aquí a poco, al Santander le apetezca el Sabadell; puede ser que se piense en una fusión entre bancos de similar tamaño como Abanca, Ibercaja…; puede ser que les apetezca hacer algo catalán…; pueden ocurrir muchas cosas y no me atrevo a pronosticar a quién le tocará. Este año pensaba que le tocaría a Carlos Torres y le ha tocado a César.
A pesar de todo, si yo fuera Marc o fuera Carlos, no estaría tranquilo.
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