Dice Donald Trump que «declarará» el estrecho de Ormuz territorio estadounidense «muy pronto», tras el fin de la guerra de Estados Unidos contra Irán. Lo dijo el pasado viernes pese a las enormes dificultades de las últimas semanas para que las partes se sienten a negociar. Y lo dijo en un intento de esconder las dificultades que arrastra su estrategia en Oriente Próximo. Al episodio de su polémica «huida» de Turquía, se suma la escasez de su arsenal, que se anunció hace meses y ya está ocurriendo, y las condiciones precarias que está viviendo la tripulación del portaaviones USS Abraham Lincoln.
A bordo de este buque viajan más de 5.000 militares y llevan casi 250 días sin pisar puerto. No es normal que la tripulación de un barco de guerra pase tanto tiempo seguido a bordo, pero es consecuencia del despliegue decidido por el presidente estadounidense en su guerra contra Irán. El Lincoln iba camino de batir el récord del viaje más largo de un portaaviones estadounidense lejos de su puerto base, pero finalmente el gobierno estadounidense ha ordenado su regreso tras la polémica de los últimos días.
El buque zarpó de California en noviembre de 2025 con destino al mar de China Meridional y fue enviado a Medio Oriente antes de los ataques contra Irán en febrero. El despliegue, que originalmente debía finalizar en mayo, se ha prorrogado varias veces. Según BBC News, el Lincoln está en el mar desde el 11 de diciembre. Ya van 9 meses.
Agotamiento y problemas de salud mental
Como resultado, el personal naval está sufriendo, además de agotamiento, escasez de alimentos, averías y otras dificultades, y lo que es peor, y problemas de salud mental. No está claro si ha habido intentos de suicidio, pero medios del sector militar como Military Times y Stars & Stripes han informado de marineros a bordo del portaaviones que habrían considerado saltar por la borda.
Dice el máximo comandante militar estadounidense en Oriente Medio que la salud mental es una prioridad en el portaaviones. Tras visitar el buque el sábado pasado, el almirante Brad Cooper afirmó que el Lincoln registraba uno de los menores números de casos relacionados con la salud mental entre los 11 portaaviones estadounidenses en servicio. No obstante, reconoció que el servicio de la Armada en el mar durante largos periodos es excepcionalmente exigente y duro.
Las denuncias iniciales llegaron de las familias de estos militares. Describieron condiciones sanitarias deficientes, tuberías averiadas, escalas poco frecuentes en puerto, agotamiento y escasez de alimentos frescos. La cuestión, denuncian, no es si la vida a bordo es difícil, que lo es, sino si la escasez, los problemas de mantenimiento y el estrés se han convertido en un problema generalizado para la tripulación.
La periodista de CNN News, Pamela Brown, quien subió al Lincoln el 7 de julio en un puerto de Omán, suscribe parte de lo que se denuncia. Tras tres días a bordo y decenas de conversaciones con oficiales y suboficiales asegura que vio «dificultades reales junto con una resiliencia genuina, a veces en la misma persona, a veces en la misma frase».
Perdiendo peso por la poca y mala comida
A Brown, los marineros le han contado que vivieron un período de racionamiento y luego una escasez de alimentos frescos durante muchos meses. Por un tiempo, le contaron, sus comidas se redujeron a atún con fideos o salchichas rebozadas. Varios miembros de la tripulación han perdido mucho peso. El familiar de un marinero le contó a la BBC que éste había perdido 30 kilos.
En el portaaviones se sirven entre 17.000 y 18.000 comidas diarias, en su mayoría congeladas. «La comida ha mejorado un poco en sabor. Si me hubieran preguntado hace unos meses, habría dicho que mucha gente estaba perdiendo peso gracias a la comida», explicó uno de esos militares.
Si me hubieran preguntado hace unos meses, habría dicho que mucha gente estaba perdiendo peso gracias a la comida»
Según la periodista de CNN, «tampoco se trata de la crisis que algunos medios han insinuado». Asegura que se trata de una cadena de suministro «que se interrumpió y luego se recuperó parcialmente». La Marina de EEUU explicó en un comunicado que «el Lincoln opera en un entorno altamente conflictivo donde los centros de suministro tradicionales en Oriente Medio se vieron interrumpidos por acciones de combate». En respuesta, los mandos «priorizaron los suministros esenciales para la misión: primero alimentos, luego artículos de higiene y, finalmente, correo».
Preocupado por esos nueve meses de despliegue se ha mostrado Jefferson Kelly, cuyo hijo Jackson se encuentra a bordo del Lincoln. En declaraciones a CBS News, argumentó que los marineros no deberían permanecer tanto tiempo en alta mar, señalando las exigencias de mantenimiento de los barcos más antiguos y la naturaleza implacable de la vida a bordo.
Hegseth habla de informaciones «tergiversadas»
Tras las denuncias de los familiares y las noticias de prensa, congresistas demócratas se han hecho eco de la situación del Lincoln y han pedido explicaciones al Pentágono. «Estos informes merecen atención inmediata, pero también plantean una cuestión más amplia: si la Marina puede mantener el ritmo operativo que ahora se exige a su flota de portaaviones», ha escrito el senador demócrata Richard Blumenthal, miembro del Comité de Servicios Armados, en una carta dirigida al secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth.
Según Blumenthal, a bordo del Abraham Lincoln está habiendo escasez de suministros básicos, contaminación del agua, problemas en las tuberías, deterioro de la salud mental, preocupaciones sobre la seguridad en cubierta e interrupciones en el sistema postal (muchos paquetes de ayuda destinados al barco se pierdan en tránsito).
El también senador demócrata Ruben Gallego pidió a las fuerzas armadas que permitan a una delegación del Congreso visitar el barco y «realizar una investigación de supervisión sobre esta horrible situación». Según publicó en X, «no hay razón para negar el acceso».
Hegseth califica de «completamente tergiversadas» las informaciones sobre las malas condiciones del portaaviones. El propio Trump desestimó la semana pasada las preocupaciones de los familiares y rechazó la idea de que el despliegue del Lincoln se hubiera prolongado demasiado. Al ser preguntado sobre su duración, afirmó que «no fue ni de lejos suficiente».
El George Washington le dará el relevo
Los familiares sostienen que el impacto de las condiciones en la vida diaria y la moral ha sido mucho más grave de lo que sugieren las descripciones oficiales, pero la Marina estadounidense sólo reconoce las dificultades logísticas. Sus responsables niegan que haya habido un aumento en los intentos de suicidio a bordo del Lincoln y rechazan la descripción de los hechos como una crisis de salud mental.
Las autoridades militares sólo reconoce que los suministros se vieron interrumpidos por las acciones de combate durante la guerra con Irán. Pero lo cierto es que, como adelantó The Wall Street Journal, la Marina de EEUU ha movilizado al portaaviones USS George Washington para dar el relevo. Habría zarpado la semana pasada del puerto de Da Nang, en Vietnam, para un intercambio que, según funcionarios estadounidenses, ya estaba programado.
A bordo de este buque viajan más de 5.000 militares y han estado 250 días sin pisar puerto: marineros a bordo incluso habrían considerado saltar por la borda.
Dice Donald Trump que «declarará» el estrecho de Ormuz territorio estadounidense «muy pronto», tras el fin de la guerra de Estados Unidos contra Irán. Lo dijo el pasado viernes pese a las enormes dificultades de las últimas semanas para que las partes se sienten a negociar. Y lo dijo en un intento de esconder las dificultades que arrastra su estrategia en Oriente Próximo. Al episodio de su polémica «huida» de Turquía, se suma la escasez de su arsenal, que se anunció hace meses y ya está ocurriendo, y las condiciones precarias que está viviendo la tripulación del portaaviones USS Abraham Lincoln.
A bordo de este buque viajan más de 5.000 militares y llevan casi 250 días sin pisar puerto. No es normal que la tripulación de un barco de guerra pase tanto tiempo seguido a bordo, pero es consecuencia del despliegue decidido por el presidente estadounidense en su guerra contra Irán. El Lincoln iba camino de batir el récord del viaje más largo de un portaaviones estadounidense lejos de su puerto base, pero finalmente el gobierno estadounidense ha ordenado su regreso tras la polémica de los últimos días.
El buque zarpó de California en noviembre de 2025 con destino al mar de China Meridional y fue enviado a Medio Oriente antes de los ataques contra Irán en febrero. El despliegue, que originalmente debía finalizar en mayo, se ha prorrogado varias veces. Según BBC News, el Lincoln está en el mar desde el 11 de diciembre. Ya van 9 meses.
Agotamiento y problemas de salud mental
Como resultado, el personal naval está sufriendo, además de agotamiento, escasez de alimentos, averías y otras dificultades, y lo que es peor, y problemas de salud mental. No está claro si ha habido intentos de suicidio, pero medios del sector militar como Military Times y Stars & Stripes han informado de marineros a bordo del portaaviones que habrían considerado saltar por la borda.
Dice el máximo comandante militar estadounidense en Oriente Medio que la salud mental es una prioridad en el portaaviones. Tras visitar el buque el sábado pasado, el almirante Brad Cooper afirmó que el Lincoln registraba uno de los menores números de casos relacionados con la salud mental entre los 11 portaaviones estadounidenses en servicio. No obstante, reconoció que el servicio de la Armada en el mar durante largos periodos es excepcionalmente exigente y duro.
Las denuncias iniciales llegaron de las familias de estos militares. Describieron condiciones sanitarias deficientes, tuberías averiadas, escalas poco frecuentes en puerto, agotamiento y escasez de alimentos frescos. La cuestión, denuncian, no es si la vida a bordo es difícil, que lo es, sino si la escasez, los problemas de mantenimiento y el estrés se han convertido en un problema generalizado para la tripulación.
La periodista de CNN News, Pamela Brown, quien subió al Lincoln el 7 de julio en un puerto de Omán, suscribe parte de lo que se denuncia. Tras tres días a bordo y decenas de conversaciones con oficiales y suboficiales asegura que vio «dificultades reales junto con una resiliencia genuina, a veces en la misma persona, a veces en la misma frase».
Perdiendo peso por la poca y mala comida
A Brown, los marineros le han contado que vivieron un período de racionamiento y luego una escasez de alimentos frescos durante muchos meses. Por un tiempo, le contaron, sus comidas se redujeron a atún con fideos o salchichas rebozadas. Varios miembros de la tripulación han perdido mucho peso. El familiar de un marinero le contó a la BBC que éste había perdido 30 kilos.
En el portaaviones se sirven entre 17.000 y 18.000 comidas diarias, en su mayoría congeladas. «La comida ha mejorado un poco en sabor. Si me hubieran preguntado hace unos meses, habría dicho que mucha gente estaba perdiendo peso gracias a la comida», explicó uno de esos militares.
Si me hubieran preguntado hace unos meses, habría dicho que mucha gente estaba perdiendo peso gracias a la comida»
Según la periodista de CNN, «tampoco se trata de la crisis que algunos medios han insinuado». Asegura que se trata de una cadena de suministro «que se interrumpió y luego se recuperó parcialmente». La Marina de EEUU explicó en un comunicado que «el Lincoln opera en un entorno altamente conflictivo donde los centros de suministro tradicionales en Oriente Medio se vieron interrumpidos por acciones de combate». En respuesta, los mandos «priorizaron los suministros esenciales para la misión: primero alimentos, luego artículos de higiene y, finalmente, correo».
Preocupado por esos nueve meses de despliegue se ha mostrado Jefferson Kelly, cuyo hijo Jackson se encuentra a bordo del Lincoln. En declaraciones a CBS News, argumentó que los marineros no deberían permanecer tanto tiempo en alta mar, señalando las exigencias de mantenimiento de los barcos más antiguos y la naturaleza implacable de la vida a bordo.
Hegseth habla de informaciones «tergiversadas»
Tras las denuncias de los familiares y las noticias de prensa, congresistas demócratas se han hecho eco de la situación del Lincoln y han pedido explicaciones al Pentágono. «Estos informes merecen atención inmediata, pero también plantean una cuestión más amplia: si la Marina puede mantener el ritmo operativo que ahora se exige a su flota de portaaviones», ha escrito el senador demócrata Richard Blumenthal, miembro del Comité de Servicios Armados, en una carta dirigida al secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth.
Según Blumenthal, a bordo del Abraham Lincoln está habiendo escasez de suministros básicos, contaminación del agua, problemas en las tuberías, deterioro de la salud mental, preocupaciones sobre la seguridad en cubierta e interrupciones en el sistema postal (muchos paquetes de ayuda destinados al barco se pierdan en tránsito).
El también senador demócrata Ruben Gallego pidió a las fuerzas armadas que permitan a una delegación del Congreso visitar el barco y «realizar una investigación de supervisión sobre esta horrible situación». Según publicó en X, «no hay razón para negar el acceso».
Hegseth califica de «completamente tergiversadas» las informaciones sobre las malas condiciones del portaaviones. El propio Trump desestimó la semana pasada las preocupaciones de los familiares y rechazó la idea de que el despliegue del Lincoln se hubiera prolongado demasiado. Al ser preguntado sobre su duración, afirmó que «no fue ni de lejos suficiente».
El George Washington le dará el relevo
Los familiares sostienen que el impacto de las condiciones en la vida diaria y la moral ha sido mucho más grave de lo que sugieren las descripciones oficiales, pero la Marina estadounidense sólo reconoce las dificultades logísticas. Sus responsables niegan que haya habido un aumento en los intentos de suicidio a bordo del Lincoln y rechazan la descripción de los hechos como una crisis de salud mental.
Las autoridades militares sólo reconoce que los suministros se vieron interrumpidos por las acciones de combate durante la guerra con Irán. Pero lo cierto es que, como adelantó The Wall Street Journal, la Marina de EEUU ha movilizado al portaaviones USS George Washington para dar el relevo. Habría zarpado la semana pasada del puerto de Da Nang, en Vietnam, para un intercambio que, según funcionarios estadounidenses, ya estaba programado.
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