Hoy en día usamos el término ‘obsequio’ para referirnos, de una manera elegante y culta, a un regalo. Lo empleamos para hablar de ese detalle material que entregamos a alguien para demostrar afecto o agradecimiento.
Pero, curiosamente, siglos atrás esta palabra nada tenía que ver con la entrega de un objeto físico a alguien, encontrando su origen en el término latino obsequium, formado por la unión del prefijo ob- (que significa hacia o enfrente) y el verbo sequi (que se traduce como seguir). Y es que, en la Antigua Roma, un obsequium hacía referencia a la actitud de sumisión, respeto y obediencia que una persona mostraba hacia otra de mayor jerarquía.
Durante muchos siglos rendir obsequio a alguien significaba simplemente tratarle con gran complacencia y sumisión para ganarse su favor. De hecho, actualmente seguimos usando el adjetivo ‘obsequioso’ para describir a «alguien que es excesivamente atento o servicial con los demás».
Con el paso de los años la forma más habitual y efectiva de mostrar esa complacencia o de ganarse la voluntad de una persona poderosa pasó a ser la entrega de bienes materiales. Al ofrecer presentes físicos de forma constante para agradar a otra persona el término sufrió una evolución natural pasando a ser un sinónimo de ‘regalar’.
Originalmente la palabra ‘obsequio’ no hacía referencia a un regalo físico sino a una actitud de obediencia y respeto.
Hoy en día usamos el término ‘obsequio’ para referirnos, de una manera elegante y culta, a un regalo. Lo empleamos para hablar de ese detalle material que entregamos a alguien para demostrar afecto o agradecimiento.
Pero, curiosamente, siglos atrás esta palabra nada tenía que ver con la entrega de un objeto físico a alguien, encontrando su origen en el término latino obsequium, formado por la unión del prefijo ob- (que significa hacia o enfrente) y el verbo sequi (que se traduce como seguir). Y es que, en la Antigua Roma, un obsequium hacía referencia a la actitud de sumisión, respeto y obediencia que una persona mostraba hacia otra de mayor jerarquía.
Durante muchos siglos rendir obsequio a alguien significaba simplemente tratarle con gran complacencia y sumisión para ganarse su favor. De hecho, actualmente seguimos usando el adjetivo ‘obsequioso’ para describir a «alguien que es excesivamente atento o servicial con los demás».
Con el paso de los años la forma más habitual y efectiva de mostrar esa complacencia o de ganarse la voluntad de una persona poderosa pasó a ser la entrega de bienes materiales. Al ofrecer presentes físicos de forma constante para agradar a otra persona el término sufrió una evolución natural pasando a ser un sinónimo de ‘regalar’.
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