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  VozInternacional  La guerra en Irán entra en su segundo mes con un Trump que oscila en sus amenazas pero mantiene y amplía su despliegue militar
VozInternacional

La guerra en Irán entra en su segundo mes con un Trump que oscila en sus amenazas pero mantiene y amplía su despliegue militar

28 de marzo de 2026
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La ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán cumple un mes y ya se puede decir que se trata de un conflicto que va de lo nuclear a lo político, sin caída del régimen y con discrepancias entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu sobre cuáles deben ser los verdaderos objetivos. Los últimos pasos han sido la decisión del propio presidente estadounidense de alargar la suspensión de ataques contra las centrales eléctricas de Irán por un período de 10 días, hasta el próximo 6 de abril, después de haberlos pospuesto durante cinco días y de dar un ultimátum de 48 horas a Teherán para que reabriera el estrecho de Ormuz.

Además, este viernes el secretario de Estado, Marco Rubio, vaticinó que la ofensiva puede acabar «en dos o cuatro semanas» y no cree que sea necesario desplegar tropas terrestres… algo con lo que Israel puede no estar de acuerdo. «Cuando hayamos terminado con ellos en las dos próximas semanas, serán más débiles que en toda su historia reciente e incapaces de esconderse tras sus armas, o de obtener un arma nuclear», sostuvo Rubio desde la reunión del G7.

«Me lo dijeron muy amablemente: ¿podríamos tener más tiempo? Porque estamos hablando de mañana por la noche, que es muy pronto», explicó, para después reafirmar que los suyos ya han «ganado la guerra» contra los ayatolás y que las conversaciones «progresan bien», aunque los iraníes no piensan lo mismo. «Estamos volando libremente sobre el centro de Teherán, haciendo lo que queremos. Y otra cosa que neutralizamos fueron sus líderes. Y estamos esperando al resto. Sabemos dónde están todos», sostuvo. Esa es otra de las claves: para Washington ya ha habido un cambio de régimen porque con la muerte de Jamenei padre el poder ha recaído en Jamenei hijo. «Las personas son otras», explicó Trump.

Pero ese tono casi de ‘celebración’ contrasta con el hecho de que EEUU ha decidido enviar a 10.000 soldados más al Golfo Pérsico y está movilizando las mejores unidades, con la vista puesta en Ormuz. De hecho, miembros de los Navy Seal, Delta Force, Rangers y una brigada completa de paracaidistas llegan a las bases de la región y ya están preparando su despliegue, que según medios estadounidenses se encuentra solo a falta del visto bueno del Pentágono. Desde Washington ven esto como una medida de presión para que Teherán acepte el acuerdo… o de lo contrario «desatar el infierno», según palabras de la propia Casa Blanca.

Y en esa nueva movilización destacan por ejemplo 2.000 efectivos de 82ª División Aerotransportada de paracaidistas, histórica por su participación en el desembarco de Normandía en 1944: tal es su eficiencia que están preparados para actuar en cualquier parte del mundo en un margen de solamente 48 horas. Además, Estados Unidos también tiene preparadas dos unidades de ataque anfibio, según han ido explicando diferentes medios a lo largo de estos días.

Daniel Bashandeh, analista iraní, explica a 20minutos que después de un mes se ve que el enfoque de la guerra dista mucho si se mira desde el prisma de Teherán, el de Washington o el de Tel Aviv. «Las democracias cuando deciden entrar en guerra suelen invertir muchos recursos para alcanzar sus objetivos. Las autocracias no lo hacen, ya que necesitan velar, ante todo, por la estabilidad interna«, cuenta. Por eso el analista entiende que Trump ha ido subiendo la apuesta a lo largo de estos días, mientras, la República Islámica está gestionando sus recursos y aprovechando el estrecho de Ormuz para desgastar a Trump. «Irán intenta aguantar el pulso con EEUU mientras se reorganiza», resume. Es decir, que Trump no ha logrado la caída del régimen, insiste, e interpreta ciertamente el aumento del despliegue militar como un paso para «darle una especie de ultimátum a los ayatolás».

Con todo, añade, Teherán ahora mismo «carece de un liderazgo con autoridad para acordar» con la Casa Blanca. «A eso hay que añadirle que Netanyahu busca impedir cualquier interlocución entre Irán y EEUU a través del ataque a los liderazgos iraníes», sostiene Bashandeh. «Desde el inicio, Trump buscaba el desbloqueo político en Irán. Buscaba un interlocutor con el que pudiera negociar unos términos a su favor. En definitiva, una reorganización autoritaria a fin. Sin embargo, al acabar con todos los liderazgos de peso de la República Islámica, esa interlocución es mucho más difícil ya que hay un proceso de militarización en Irán».

Por eso cree Bashandeh que los mensajes sobre diálogo que manda Washington tienen que ver con «calmar a los mercados», porque, insiste, considera que Tel Aviv ha sido quien ha arrastrado a EEUU a la guerra en último término, pero además prefiere boicotear cualquier intento de negociación. «Netanyahu ya ha logrado un objetivo, que Estados Unidos entre en guerra, pero aún le queda otro, impedir una interlocución entre Trump e Irán. Y esto solo puede conseguir si sigue con los ataques selectivos contra liderazgos iraníes», concluye.

Por su parte, Mohammad Mohaddessin, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), sostuvo en una entrevista con este medio que la paz puede ser «cuestión de semanas» y que la clave tiene que pasar por un cambio de régimen porque «el apaciguamiento» no funciona con los ayatolás, dijo con la mirada puesta sobre todo en Europa. «Su eslogan es ‘¡Alto el fuego!’ o ‘¡No a la guerra!’. Es un muy buen eslogan, pero no es suficiente. Decir no a la guerra es insuficiente. La realidad es que Europa debe apoyar un cambio de régimen. El enfoque debería ser: fin de la guerra y cambio de régimen», expuso, al tiempo que entendió que «no debería ser necesaria» una implicación directa de la UE en el conflicto.

Netanyahu ya ha logrado un objetivo, que Estados Unidos entre en guerra, pero aún le queda otro, impedir una interlocución entre Trump e Irán

La oposición iraní entiende el papel de EEUU para evitar que Teherán no desarrolle el arma nuclear, pero al mismo tiempo avisa: «El problema del pueblo iraní con este régimen es la represión, la falta de democracia, la falta soberanía popular, y la falta de una república democrática. Estas son las cuestiones que queremos como pueblo iraní», recalca Mohaddesin, que le recuerda a Washington que, en realidad, «solo podrá alcanzar sus objetivos con un Irán democrático».

En este sentido, el político iraní insiste en que están «preparados» para el día después de la caída del régimen y que no hay un riesgo real de guerra civil en el país una vez que ya no estén los ayatolás al mando. «Nosotros tuvimos y tenemos una alternativa política durante 45 años con todos los elementos necesarios. Tenemos un parlamento en el exilio, tenemos planes detallados, tenemos planes sobre la separación de religión y Estado, sobre los derechos de las mujeres, sobre los derechos de las minorías, el plan de autonomía para el Kurdistán iraní», sentenció para evitar comparaciones con lo vivido por ejemplo en Irán o Libia.

Todas las claves del conflicto

Después de un mes hay cinco elementos que analizar: el propio Irán, el papel de Trump, el rol de Netanyahu, qué puede hacer Europa y qué pasa -o pasará- con el Estrecho de Ormuz. ¿Cómo ha confluido y confluye todo esto?

Irán no ha cambiado con la guerra: los ayatolás siguen en el poder pese a la caída de Ali Jamenei, reemplazado por su hijo Mujtaba Jamenei, mucho más cercano por ejemplo a la Guardia Revolucionaria. Estados Unidos parece que se conforma con eso, habiendo hecho caer tanto a Maduro en Venezuela como a Jamenei en Irán, pero no hay seguridad por ejemplo de que Teherán haya renunciado a desarrollar el arma nuclear. De momento, en total, se estima que han muerto entre 1.300 y 3.200 personas dentro del país, según distintas fuentes, mientras que el conflicto ampliado en la región de Oriente Próximo eleva el total a alrededor de 4.000 a más de 5.000 muertos en conjunto; la gran variación se debe a diferencias entre cifras oficiales, estimaciones de ONG y la dificultad de verificar datos en zonas de combate. Con esos datos en la mano, Irán ya acusó este viernes a EEUU e Israel ante la ONU de «intento de genocidio».

Trump, por su parte, dice que ya ha ganado -mientras aprieta a Teherán para que ceda-. El eslabón más importante quizá de toda la situación asegura que EEUU ha liberado ya Irán y ha mandado a los ayatolás 15 puntos para un alto el fuego, dando por hecho el pacto en algunas ocasiones. Teherán considera que no se trata de una propuesta de acuerdo, sino de una rendición, y no ha aceptado las condiciones. «No llames acuerdo a tu derrota», avisó el régimen, dispuesto a seguir luchando durante semanas mientras Washington moviliza tropas, cayendo en ciertas contradicciones o jugando al despiste.

La Casa Blanca insiste en que tiene la sartén por el mango, y aunque el presidente ha mencionado en numerosas ocasiones la opción no ha llegado a dar el paso de hablar seriamente de poner soldados sobre el terreno en Irán. La guerra, parece, ya no está en esa fase para Estados Unidos, sino en la de una conversación que tampoco fluye: Irán quiere el fin de las hostilidades y la «no repetición», es decir, que dentro de un tiempo no vuelvan los ataques, ni a su país ni a su entorno, incluidos Irak y Líbano. Pakistán por su lado ha reconocido «conversaciones indirectas», con ellos como mediadores, pero no ha anunciado los grandes avances sí reivindicados por la Administración Trump. En ese punto, el Gobierno de Alemania ha afirmado este viernes que Estados Unidos e Irán podrían mantener «muy pronto» una reunión «cara a cara» en Islamabad.

Israel parece tener otros objetivos y su lucha se ha extendido precisamente al Líbano para combatir a Hezbolá. Netanyahu, al contrario que Trump, cree que los choques están en el punto más álgido, y así lo ha dicho. Además, sí se ha mostrado partidario de las ‘botas’ sobre el terreno, y habló del «componente terrestre» que tiene esta guerra. Los cálculos de Tel Aviv tampoco son los mismos que los de Washington; aunque Trump ha titubeado con poner fecha cercana o no tanto al alto el fuego, Netanyahu considera que la ofensiva va a alargarse más en el tiempo y además se ha encontrado con las afirmaciones que dicen que fue él quien empujó a Trump a esta guerra.

«¿Alguien cree que puede decirle lo que tiene que hacer?», se preguntó el primer ministro israelí para negar tal extremo. Pero el plan de Tel Aviv es seguir con la ofensiva y así lo dejó claro el ministro de Defensa, Israel Katz, este mismo viernes, cuando aseguró que su Gobierno «expandirá e intensificará sin descanso» los ataques sobre Irán con el objetivo, sostuvo, de seguir eliminando a altos cargos del régimen «terrorista» ayatolá. «A pesar de las advertencias, siguen los disparos, por lo que los ataques de las FDI se intensificarán y expandirán a objetivos y áreas adicionales que ayudan al régimen a la hora de fabricar y operar armas contra ciudadanos israelíes», espetó.

Y la foto perfecta de lo que es este conflicto puede verse en el rol del Estrecho de Ormuz. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sostuvo esta semana que hay cada vez «más movimiento» de buques en la zona, bloqueada por Irán casi desde el inicio de la guerra. De hecho, Teherán ha reivindicado su derecho a decidir quién pasa y quién no; por ejemplo, los barcos españoles podrían hacerlo porque el régimen considera a España un país «no hostil» con ellos.

Estoy seguro de que el tráfico marítimo se incrementará diariamente, incluso antes de que logremos asegurar el estrecho

«Estamos empezando a ver cada vez más y más movimiento desde y hacia el Golfo. Esto es solo el principio. Estoy seguro de que el tráfico marítimo se incrementará diariamente, incluso antes de que logremos asegurar el estrecho», sostuvo Bessent, después de que Trump celebrase el «regalo» que, dijo, le había hecho Teherán por permitir el paso de una decena de buques por la zona como gesto, sostuvo el presidente, «de buena voluntad».

Ormuz es una pieza decisiva en el conflicto y es, en parte, la que ha llevado a Europa a otra encrucijada. El continente tiene el componente político: el paso de las semanas ha llevado a varios giros por parte de los gobiernos, con el «no a la guerra» de Sánchez y una implicación de varios países para proteger a Chipre los primeros días tras la caída de varios drones iraníes en una base británica en la zona. Algunos países como Alemania empezaron aceptando la ofensiva de EEUU e Israel: «Lo hacen a su manera», dijo el canciller Merz para pedir la caída del régimen, igual que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que dijo que no había que «derramar ni una sola lágrima» por los ayatolás. Pero con el paso de las semanas la UE se unificó en torno a la diplomacia y al reclamo de una desescalada.

Mayor crítica ha sufrido la OTAN por parte de EEUU: «¡No les necesitamos!», espetó Trump sobre los aliados, que se han negado a acompañar a Washington en una misión para desbloquear Ormuz. «Esta no es la guerra de Europa» ni un «asunto de la OTAN», repitieron Macron, el propio Merz o la Alta Representante de la UE, Kaja Kallas. Mientras, el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, reconoció la «frustración» de Trump con sus socios europeos y entendió además que en su momento no les avisara de la ofensiva. «Estados Unidos no pudo consultar con sus aliados para mantener en secreto la operación y, de nuevo por buenas razones, era necesario asegurarse de que nadie supiera lo que iba a ocurrir aquella mañana de sábado. Siempre existe el riesgo de que, si informas a demasiada gente, algo pueda filtrarse».

Con todos esos ingredientes, el presidente estadounidense le ha augurado «un muy mal futuro» a la organización atlántica y ha repetido sus críticas con el paso de los días: «Si no nos ayudan, recuérdenlo dentro de unos meses», llegó a decir este mismo jueves después de añadir que Ucrania «no es la guerra» de Washington y que ha sido EEUU quien ha sostenido a Kiev desde el inicio de la invasión rusa. «Siempre hemos estado ahí, pero ya no puedo prometer que vayamos a estarlo más», les llegó a decir a los aliados en la misma comparecencia.

Marco Rubio se sumó a esa tesis de Trump. «A Estados Unidos se le pide que ayude en guerras constantemente, y lo hemos hecho. Pero cuando nosotros tuvimos esa necesidad, no recibimos respuestas positivas por parte de la OTAN. Un par de líderes dijeron que Irán no era una guerra de Europa. Pues bien, Ucrania no es nuestra guerra y, sin embargo, hemos contribuido a esa lucha más que nadie», avisó, haciendo con Irán y con Ucrania una especie de partida global para poner presión sobre los europeos.

En ese punto, Bashandeh tiene claro que Donald Trump «busca dividir a la UE y a los países de la OTAN y que los países se alineen con él de forma independiente». Todo ello en una situación en la que la UE es vulnerable ya que la guerra de Irán evidencia «el pragmatismo entre potencias», esgrime el analista, además de la dependencia que todavía tiene Europa respecto a Washington en materia tecnológica o militar. Y, al mismo tiempo, ve un peligro: «El riesgo de la guerra de Irán es que Putin y Trump negocien y se de un intercambio de cromos entre Ucrania e Irán, que termine por afectar directamente a la seguridad de la UE».

¿Y Rusia? Moscú, el gran aliado estratégico de Teherán, tiene que ver también bastante en el ‘organigrama’ de esta guerra, aunque Vladimir Putin ha adquirido una posición más pasiva y de hecho el Kremlin ha negado que esté compartiendo con Irán información de inteligencia. Eso sí, el propio Putin ha avisado de que si bien «resulta difícil predecir con exactitud» cuáles serán, podrían compararse con las secuelas del coronavirus, «con «daños importantes en las cadenas de logística, producción y cooperación» internacionales. Y en cierto modo mandó un mensaje a EEUU e Israel: «Ni siquiera quienes están involucrados en el conflicto pueden predecir nada», aseguró mientras su país se beneficia, para lamento europeo, de la subida de los precios del petróleo.

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Oriente Próximo arde por un cúmulo de situaciones: un efecto dominó de lucha contra un régimen autoritario, el papel del petróleo y los recursos naturales, el riesgo del arma nuclear y una Europa que no quiere verse arrastrada por otra crisis y ha tenido cero capacidad diplomática para frenar una guerra de la que no fue informada. Un mes de conflicto que ha ido más allá de lo bélico… y cuyas consecuencias todavía pueden crecer porque el acuerdo hay días que parece cerca y otros no tanto (o en función de a quién se pregunte).

 El acuerdo entre las partes parece lejos con los vaivenes de Trump, la dureza de Netanyahu y las dudas de Europa por la crisis que se avecina a raíz del conflcito.  

La ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán cumple un mes y ya se puede decir que se trata de un conflicto que va de lo nuclear a lo político, sin caída del régimen y con discrepancias entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu sobre cuáles deben ser los verdaderos objetivos. Los últimos pasos han sido la decisión del propio presidente estadounidense de alargar la suspensión de ataques contra las centrales eléctricas de Irán por un período de 10 días, hasta el próximo 6 de abril, después de haberlos pospuesto durante cinco días y de dar un ultimátum de 48 horas a Teherán para que reabriera el estrecho de Ormuz. 

Además, este viernes el secretario de Estado, Marco Rubio, vaticinó que la ofensiva puede acabar «en dos o cuatro semanas» y no cree que sea necesario desplegar tropas terrestres… algo con lo que Israel puede no estar de acuerdo. «Cuando hayamos terminado con ellos en las dos próximas semanas, serán más débiles que en toda su historia reciente e incapaces de esconderse tras sus armas, o de obtener un arma nuclear», sostuvo Rubio desde la reunión del G7.

«Me lo dijeron muy amablemente: ¿podríamos tener más tiempo? Porque estamos hablando de mañana por la noche, que es muy pronto», explicó, para después reafirmar que los suyos ya han «ganado la guerra» contra los ayatolás y que las conversaciones «progresan bien», aunque los iraníes no piensan lo mismo. «Estamos volando libremente sobre el centro de Teherán, haciendo lo que queremos. Y otra cosa que neutralizamos fueron sus líderes. Y estamos esperando al resto. Sabemos dónde están todos», sostuvo. Esa es otra de las claves: para Washington ya ha habido un cambio de régimen porque con la muerte de Jamenei padre el poder ha recaído en Jamenei hijo. «Las personas son otras», explicó Trump.

Pero ese tono casi de ‘celebración’ contrasta con el hecho de que EEUU ha decidido enviar a 10.000 soldados más al Golfo Pérsico y está movilizando las mejores unidades, con la vista puesta en Ormuz. De hecho, miembros de los Navy Seal, Delta Force, Rangers y una brigada completa de paracaidistas llegan a las bases de la región y ya están preparando su despliegue, que según medios estadounidenses se encuentra solo a falta del visto bueno del Pentágono. Desde Washington ven esto como una medida de presión para que Teherán acepte el acuerdo… o de lo contrario «desatar el infierno», según palabras de la propia Casa Blanca.

Y en esa nueva movilización destacan por ejemplo 2.000 efectivos de 82ª División Aerotransportada de paracaidistas, histórica por su participación en el desembarco de Normandía en 1944: tal es su eficiencia que están preparados para actuar en cualquier parte del mundo en un margen de solamente 48 horas. Además, Estados Unidos también tiene preparadas dos unidades de ataque anfibio, según han ido explicando diferentes medios a lo largo de estos días.

Daniel Bashandeh, analista iraní, explica a 20minutos que después de un mes se ve que el enfoque de la guerra dista mucho si se mira desde el prisma de Teherán, el de Washington o el de Tel Aviv. «Las democracias cuando deciden entrar en guerra suelen invertir muchos recursos para alcanzar sus objetivos. Las autocracias no lo hacen, ya que necesitan velar, ante todo, por la estabilidad interna«, cuenta. Por eso el analista entiende que Trump ha ido subiendo la apuesta a lo largo de estos días, mientras, la República Islámica está gestionando sus recursos y aprovechando el estrecho de Ormuz para desgastar a Trump. «Irán intenta aguantar el pulso con EEUU mientras se reorganiza», resume. Es decir, que Trump no ha logrado la caída del régimen, insiste, e interpreta ciertamente el aumento del despliegue militar como un paso para «darle una especie de ultimátum a los ayatolás».

Con todo, añade, Teherán ahora mismo «carece de un liderazgo con autoridad para acordar» con la Casa Blanca. «A eso hay que añadirle que Netanyahu busca impedir cualquier interlocución entre Irán y EEUU a través del ataque a los liderazgos iraníes», sostiene Bashandeh. «Desde el inicio, Trump buscaba el desbloqueo político en Irán. Buscaba un interlocutor con el que pudiera negociar unos términos a su favor. En definitiva, una reorganización autoritaria a fin. Sin embargo, al acabar con todos los liderazgos de peso de la República Islámica, esa interlocución es mucho más difícil ya que hay un proceso de militarización en Irán».

Por eso cree Bashandeh que los mensajes sobre diálogo que manda Washington tienen que ver con «calmar a los mercados», porque, insiste, considera que Tel Aviv ha sido quien ha arrastrado a EEUU a la guerra en último término, pero además prefiere boicotear cualquier intento de negociación. «Netanyahu ya ha logrado un objetivo, que Estados Unidos entre en guerra, pero aún le queda otro, impedir una interlocución entre Trump e Irán. Y esto solo puede conseguir si sigue con los ataques selectivos contra liderazgos iraníes», concluye.

Por su parte, Mohammad Mohaddessin, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), sostuvo en una entrevista con este medio que la paz puede ser «cuestión de semanas» y que la clave tiene que pasar por un cambio de régimen porque «el apaciguamiento» no funciona con los ayatolás, dijo con la mirada puesta sobre todo en Europa. «Su eslogan es ‘¡Alto el fuego!’ o ‘¡No a la guerra!’. Es un muy buen eslogan, pero no es suficiente. Decir no a la guerra es insuficiente. La realidad es que Europa debe apoyar un cambio de régimen. El enfoque debería ser: fin de la guerra y cambio de régimen», expuso, al tiempo que entendió que «no debería ser necesaria» una implicación directa de la UE en el conflicto.

Netanyahu ya ha logrado un objetivo, que Estados Unidos entre en guerra, pero aún le queda otro, impedir una interlocución entre Trump e Irán

La oposición iraní entiende el papel de EEUU para evitar que Teherán no desarrolle el arma nuclear, pero al mismo tiempo avisa: «El problema del pueblo iraní con este régimen es la represión, la falta de democracia, la falta soberanía popular, y la falta de una república democrática. Estas son las cuestiones que queremos como pueblo iraní», recalca Mohaddesin, que le recuerda a Washington que, en realidad, «solo podrá alcanzar sus objetivos con un Irán democrático».

En este sentido, el político iraní insiste en que están «preparados» para el día después de la caída del régimen y que no hay un riesgo real de guerra civil en el país una vez que ya no estén los ayatolás al mando. «Nosotros tuvimos y tenemos una alternativa política durante 45 años con todos los elementos necesarios. Tenemos un parlamento en el exilio, tenemos planes detallados, tenemos planes sobre la separación de religión y Estado, sobre los derechos de las mujeres, sobre los derechos de las minorías, el plan de autonomía para el Kurdistán iraní», sentenció para evitar comparaciones con lo vivido por ejemplo en Irán o Libia.

Después de un mes hay cinco elementos que analizar: el propio Irán, el papel de Trump, el rol de Netanyahu, qué puede hacer Europa y qué pasa -o pasará- con el Estrecho de Ormuz. ¿Cómo ha confluido y confluye todo esto?

Irán no ha cambiado con la guerra: los ayatolás siguen en el poder pese a la caída de Ali Jamenei, reemplazado por su hijo Mujtaba Jamenei, mucho más cercano por ejemplo a la Guardia Revolucionaria. Estados Unidos parece que se conforma con eso, habiendo hecho caer tanto a Maduro en Venezuela como a Jamenei en Irán, pero no hay seguridad por ejemplo de que Teherán haya renunciado a desarrollar el arma nuclear. De momento, en total, se estima que han muerto entre 1.300 y 3.200 personas dentro del país, según distintas fuentes, mientras que el conflicto ampliado en la región de Oriente Próximo eleva el total a alrededor de 4.000 a más de 5.000 muertos en conjunto; la gran variación se debe a diferencias entre cifras oficiales, estimaciones de ONG y la dificultad de verificar datos en zonas de combate. Con esos datos en la mano, Irán ya acusó este viernes a EEUU e Israel ante la ONU de «intento de genocidio».

Trump, por su parte, dice que ya ha ganado -mientras aprieta a Teherán para que ceda-. El eslabón más importante quizá de toda la situación asegura que EEUU ha liberado ya Irán y ha mandado a los ayatolás 15 puntos para un alto el fuego, dando por hecho el pacto en algunas ocasiones. Teherán considera que no se trata de una propuesta de acuerdo, sino de una rendición, y no ha aceptado las condiciones. «No llames acuerdo a tu derrota», avisó el régimen, dispuesto a seguir luchando durante semanas mientras Washington moviliza tropas, cayendo en ciertas contradicciones o jugando al despiste.

La Casa Blanca insiste en que tiene la sartén por el mango, y aunque el presidente ha mencionado en numerosas ocasiones la opción no ha llegado a dar el paso de hablar seriamente de poner soldados sobre el terreno en Irán. La guerra, parece, ya no está en esa fase para Estados Unidos, sino en la de una conversación que tampoco fluye: Irán quiere el fin de las hostilidades y la «no repetición», es decir, que dentro de un tiempo no vuelvan los ataques, ni a su país ni a su entorno, incluidos Irak y Líbano. Pakistán por su lado ha reconocido «conversaciones indirectas», con ellos como mediadores, pero no ha anunciado los grandes avances sí reivindicados por la Administración Trump. En ese punto, el Gobierno de Alemania ha afirmado este viernes que Estados Unidos e Irán podrían mantener «muy pronto» una reunión «cara a cara» en Islamabad.

Israel parece tener otros objetivos y su lucha se ha extendido precisamente al Líbano para combatir a Hezbolá. Netanyahu, al contrario que Trump, cree que los choques están en el punto más álgido, y así lo ha dicho. Además, sí se ha mostrado partidario de las ‘botas’ sobre el terreno, y habló del «componente terrestre» que tiene esta guerra. Los cálculos de Tel Aviv tampoco son los mismos que los de Washington; aunque Trump ha titubeado con poner fecha cercana o no tanto al alto el fuego, Netanyahu considera que la ofensiva va a alargarse más en el tiempo y además se ha encontrado con las afirmaciones que dicen que fue él quien empujó a Trump a esta guerra.

«¿Alguien cree que puede decirle lo que tiene que hacer?», se preguntó el primer ministro israelí para negar tal extremo. Pero el plan de Tel Aviv es seguir con la ofensiva y así lo dejó claro el ministro de Defensa, Israel Katz, este mismo viernes, cuando aseguró que su Gobierno «expandirá e intensificará sin descanso» los ataques sobre Irán con el objetivo, sostuvo, de seguir eliminando a altos cargos del régimen «terrorista» ayatolá. «A pesar de las advertencias, siguen los disparos, por lo que los ataques de las FDI se intensificarán y expandirán a objetivos y áreas adicionales que ayudan al régimen a la hora de fabricar y operar armas contra ciudadanos israelíes», espetó.

Y la foto perfecta de lo que es este conflicto puede verse en el rol del Estrecho de Ormuz. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sostuvo esta semana que hay cada vez «más movimiento» de buques en la zona, bloqueada por Irán casi desde el inicio de la guerra. De hecho, Teherán ha reivindicado su derecho a decidir quién pasa y quién no; por ejemplo, los barcos españoles podrían hacerlo porque el régimen considera a España un país «no hostil» con ellos. 

Estoy seguro de que el tráfico marítimo se incrementará diariamente, incluso antes de que logremos asegurar el estrecho

«Estamos empezando a ver cada vez más y más movimiento desde y hacia el Golfo. Esto es solo el principio. Estoy seguro de que el tráfico marítimo se incrementará diariamente, incluso antes de que logremos asegurar el estrecho», sostuvo Bessent, después de que Trump celebrase el «regalo» que, dijo, le había hecho Teherán por permitir el paso de una decena de buques por la zona como gesto, sostuvo el presidente, «de buena voluntad».

Ormuz es una pieza decisiva en el conflicto y es, en parte, la que ha llevado a Europa a otra encrucijada. El continente tiene el componente político: el paso de las semanas ha llevado a varios giros por parte de los gobiernos, con el «no a la guerra» de Sánchez y una implicación de varios países para proteger a Chipre los primeros días tras la caída de varios drones iraníes en una base británica en la zona. Algunos países como Alemania empezaron aceptando la ofensiva de EEUU e Israel: «Lo hacen a su manera», dijo el canciller Merz para pedir la caída del régimen, igual que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que dijo que no había que «derramar ni una sola lágrima» por los ayatolás. Pero con el paso de las semanas la UE se unificó en torno a la diplomacia y al reclamo de una desescalada.

Mayor crítica ha sufrido la OTAN por parte de EEUU: «¡No les necesitamos!», espetó Trump sobre los aliados, que se han negado a acompañar a Washington en una misión para desbloquear Ormuz. «Esta no es la guerra de Europa» ni un «asunto de la OTAN», repitieron Macron, el propio Merz o la Alta Representante de la UE, Kaja Kallas. Mientras, el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, reconoció la «frustración» de Trump con sus socios europeos y entendió además que en su momento no les avisara de la ofensiva. «Estados Unidos no pudo consultar con sus aliados para mantener en secreto la operación y, de nuevo por buenas razones, era necesario asegurarse de que nadie supiera lo que iba a ocurrir aquella mañana de sábado. Siempre existe el riesgo de que, si informas a demasiada gente, algo pueda filtrarse». 

Con todos esos ingredientes, el presidente estadounidense le ha augurado «un muy mal futuro» a la organización atlántica y ha repetido sus críticas con el paso de los días: «Si no nos ayudan, recuérdenlo dentro de unos meses», llegó a decir este mismo jueves después de añadir que Ucrania «no es la guerra» de Washington y que ha sido EEUU quien ha sostenido a Kiev desde el inicio de la invasión rusa. «Siempre hemos estado ahí, pero ya no puedo prometer que vayamos a estarlo más», les llegó a decir a los aliados en la misma comparecencia.

Marco Rubio se sumó a esa tesis de Trump. «A Estados Unidos se le pide que ayude en guerras constantemente, y lo hemos hecho. Pero cuando nosotros tuvimos esa necesidad, no recibimos respuestas positivas por parte de la OTAN. Un par de líderes dijeron que Irán no era una guerra de Europa. Pues bien, Ucrania no es nuestra guerra y, sin embargo, hemos contribuido a esa lucha más que nadie», avisó, haciendo con Irán y con Ucrania una especie de partida global para poner presión sobre los europeos.

En ese punto, Bashandeh tiene claro que Donald Trump «busca dividir a la UE y a los países de la OTAN y que los países se alineen con él de forma independiente». Todo ello en una situación en la que la UE es vulnerable ya que la guerra de Irán evidencia «el pragmatismo entre potencias», esgrime el analista, además de la dependencia que todavía tiene Europa respecto a Washington en materia tecnológica o militar. Y, al mismo tiempo, ve un peligro: «El riesgo de la guerra de Irán es que Putin y Trump negocien y se de un intercambio de cromos entre Ucrania e Irán, que termine por afectar directamente a la seguridad de la UE».

¿Y Rusia? Moscú, el gran aliado estratégico de Teherán, tiene que ver también bastante en el ‘organigrama’ de esta guerra, aunque Vladimir Putin ha adquirido una posición más pasiva y de hecho el Kremlin ha negado que esté compartiendo con Irán información de inteligencia. Eso sí, el propio Putin ha avisado de que si bien «resulta difícil predecir con exactitud» cuáles serán, podrían compararse con las secuelas del coronavirus, «con «daños importantes en las cadenas de logística, producción y cooperación» internacionales. Y en cierto modo mandó un mensaje a EEUU e Israel: «Ni siquiera quienes están involucrados en el conflicto pueden predecir nada», aseguró mientras su país se beneficia, para lamento europeo, de la subida de los precios del petróleo.

Oriente Próximo arde por un cúmulo de situaciones: un efecto dominó de lucha contra un régimen autoritario, el papel del petróleo y los recursos naturales, el riesgo del arma nuclear y una Europa que no quiere verse arrastrada por otra crisis y ha tenido cero capacidad diplomática para frenar una guerra de la que no fue informada. Un mes de conflicto que ha ido más allá de lo bélico… y cuyas consecuencias todavía pueden crecer porque el acuerdo hay días que parece cerca y otros no tanto (o en función de a quién se pregunte).

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