La subida de la gasolina, un 11% en el último mes sin desestacionalizar, desatado desde la guerra de Irán, eleva las presiones en la semana en la que acaba mandato Jerome Powell Leer La subida de la gasolina, un 11% en el último mes sin desestacionalizar, desatado desde la guerra de Irán, eleva las presiones en la semana en la que acaba mandato Jerome Powell Leer
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La inflación vuelve a estar en el centro del debate político y económico en Estados Unidos. El índice de precios al consumo se disparó hasta el 3,8% interanual en abril, según los datos publicados este martes por el Departamento de Trabajo, apuntalando una tendencia que amenaza tanto la estrategia de la Reserva Federal como la campaña de Donald Trump de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
El dato, el peor en tres años, llega en la misma semana en la que Trump inicia su visita oficial a China y en la que acaba el mandato del presidente de la Fed, Jerome Powell. Y es consecuencia directa de la guerra en Irán, el cierre del Estrecho de Ormuz y el estrangulamiento en el mercado de petróleo. Representa medio punto más que el mes anterior y casi un punto y medio respecto a antes del inicio de los bombardeos. Incluso la inflación subyacente, que excluye el coste más volátil de los alimentos y energía, sube hasta el 2,8%, también más que en marzo y por encima de lo esperado por el consenso de las previsiones.
Los precios de la energía representaron más del 40% del aumento mensual. En tasa interanual, la energía en general se ha disparado un 18%, la gasolina un 28% y los billetes de avión, otro 20%. Los servicios, excluyendo los energéticos, aumentaron un 3,3% interanual; dentro de estos, la vivienda subió un 3,3% y el transporte un 4,3%. Sólo en el último mes, la gasolina ha subido de media un 5,4%, pero ajustado estacionalmente. Sin ese ajuste, que tiene en cuenta que en primavera siempre hay alzas, el dato sería superior al 11% en 30 días. Por eso la Casa Blanca baraja seriamente ahora suspender temporalmente los impuestos sobre la gasolina.
Estos niveles alejan todavía más la posibilidad de que la Fed pueda plantearse recortes de tipos de interés en el corto plazo. En la última reunión, en la que se acordó mantenerlos, hubo cuatro votos discrepantes. Uno, el de uno de los asesores económicos del presidente, porque quería recortes. Y los otros tres porque querían un comunicado mucho más duro en el que no sólo se dijese, como acabó ocurriendo, que futuras decisiones estaban en el aire, sino que se especificara que esas futuras decisiones podían ser perfectamente subidas y no bajadas de tipos.
El repunte llega además en un momento especialmente delicado para la Casa Blanca. La escalada de tensión con Irán, la inestabilidad en el estrecho de Ormuz y las nuevas disputas comerciales con China y la Unión Europea (con amenazas de más aranceles y una pausa hasta julio anunciada poco después) han elevado la incertidumbre sobre los precios energéticos y las cadenas de suministro. El petróleo ha vuelto a enloquecer en todas direcciones en las últimas semanas y muchas empresas advierten ya de aumentos en costes logísticos y de importación. Todo mientras la Casa Blanca cambia su marco sobre Irán cada pocas horas y deja en el aire una solución. El mismo lunes, Trump dijo que el alto el fuego estaba en «situación crítica».
Pese a ello, el presidente repite cada día que la economía estadounidense sigue siendo «la más fuerte de la historia» y responsabiliza a la Reserva Federal de actuar con excesiva lentitud. El presidente lleva meses presionando públicamente a Jerome Powell para que rebaje los tipos de interés y facilite un mayor crecimiento económico antes de las elecciones. Y en cuanto la persona escogida por él para sucederlo, Kevin Warsh, recoja el testigo, la presión se redoblará sobre él
Con este dato del 3,8% es imposible un recorte inmediato. La situación, a pesar de números de empleo positivos el lunes, reduce enormemente el margen de maniobra del banco central. Los mercados descuentan una política monetaria restrictiva durante más tiempo, justo cuando la economía empezaba a mostrar señales de desaceleración.
Los analistas ahora empiezan a asumir un escenario central con la inflación en torno al 4% en la segunda mitad del año, camino de las legislativas de noviembre. Un escenario complicado para las decenas de millones de hogares que viven cheque a cheque y a duras penas llegan a final de mes. Hace unos días, Kevin Hassett, el principal asesor económico ahora en la Casa Blanca, celebrara que los niveles de consumo y de uso de tarjetas de crédito estaban muy altos, una señal sin embargo de que las familias están apurando sus márgenes de crédito para pagar no sólo la gasolina, sino la cesta de la compra.
Según las tablas publicadas hoy, el precio de los alimentos ha repuntado un 2,9 % desde abril del año pasado, impulsados principalmente por el precio de la ternera, que afectada también por la disminución de los rebaños. Los tomates, por ejemplo, han subido casi un 40%, por culpa de los aranceles sobre México o el precio del combustible. No son sólo los productos frescos: los aranceles al acero, sin ir mas lejos, empujan también el coste de los alimentos enlatados, muy populares en el país.
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