Diana Gómez-Barroso, coordinadora del Sistema MoMo, destaca que las temperaturas altas «han comenzado mucho antes» Diana Gómez-Barroso, coordinadora del Sistema MoMo, destaca que las temperaturas altas «han comenzado mucho antes»
El de 2026 «ha sido el peor junio de los últimos cinco años en cuanto a decesos causados por el calor», explica Diana Gómez-Barroso, … epidemióloga del Instituto Carlos III y coordinadora del Sistema de Monitorización de la Mortalidad (MoMo), que estima el exceso de fallecimientos sobre el número esperado. Con los datos en la mano, los 1.028 muertos de este junio superan con creces los 828 de 2022, pero sobre todo, los 142 de 2023, los 32 de 2024 y los 407 de 2025. «El calor ha empezado mucho antes y las temperaturas han sido más anómalas», subraya Gómez-Barroso, que confirma que las últimas semanas, y especialmente los días entre el 22 y el 25, «han sido de mucha mortalidad».
Un exceso de mortalidad que se concentra casi en su totalidad en los mayores de 65 años y dentro de este grupo, sobre todo, en los mayores de 85. «Los fallecimientos no ocurren por golpes de calor. Se trata de personas vulnerables que sufren enfermedades previas», señala la experta. Las estimaciones del MoMo, que detecta más fallecimientos y cada vez antes (mayo de 2025 ya fue el mayo con más muertos atribuibles al calor de la serie histórica), enfatizan las consecuencias entre la población del cambio climático, «que empeora las olas de calor y las hace más duraderas e intensas», asevera Gómez-Barroso.
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Y sin embargo, España parte de una condición más favorable para afrontar un futuro con calor más intenso gracias al clima tradicional del país si se compara con el centro de Europa, donde la última ola de calor ha hecho estragos todavía mayores. «En España siempre hemos tenido veranos calurosos, como bien saben en Andalucía o Extremadura, y estamos más acostumbrados», resalta Gómez Barroso. «Aquí los edificios o las carreteras están adaptados», añade la investigadora, que valora la mayor concienciación de la ciudadanía ante el calor; «Siempre habrá alguien que haga lo que quiera, pero todos sabemos que no se puede hacer deporte en las horas centrales del día o que hay que beber agua abundante».
En este sentido, la coordinadora del MoMo destaca la importancia de los planes contra el calor, que ya cumplen dos décadas, y que están teniendo un efecto también en las ciudades, que «cada vez están más preparadas». Como ejemplo cita Gómez Barroso los «refugios climáticos, como bibliotecas o museos, que se ha demostrado que funcionan».
El MoMo nació en 2004 como una de las medidas del plan para las altas temperaturas que se puso en marcha tras la larga ola de calor de agosto de 2003. Nacido en un principio para estimar el exceso de mortalidad por esta causa, después ha estudiado también las consecuencias de las olas de frío o de las enfermedades respiratorias. Durante la pandemia, el MoMo fue uno de los principales medidores para calcular el posible número de fallecidos por la covid-19.
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