Más presión sobre Putin. La Unión Europea y Reino Unido han impuesto este lunes sanciones coordinadas contra una veintena de personas y entidades señaladas por ejecutar ciberataques desde Moscú sobre diversos lugares de Europa, pero además también por injerencias en procesos electorales y otras maniobras cibernéticas. Mediante un paquete de medidas restrictivas, se ha puesto en la diana a 24 individuos y organizaciones acusados de socavar la estabilidad democrática y de orquestar operaciones de espionaje y sabotaje que han afectado a naciones como Francia, Alemania y Finlandia. Esta respuesta coordinada busca frenar una estrategia de desestabilización sistemática que las autoridades europeas rastrean desde hace más de una década, explican en el comunicado conjunto.
«Esta es nuestra mayor ronda de designaciones individuales desde la invasión a gran escala de Moscú en 2022, e incluye también el mayor paquete de sanciones cibernéticas de la UE hasta la fecha. El núcleo financiero de la máquina bélica de Rusia es el principal objetivo. Cada medida debilita la capacidad de Moscú para hacer la guerra», expuso la Alta Representante de la Unión, Kaja Kallas, ante los periodistas desde Bruselas.
Uno de los episodios más alarmantes citados en esta acción conjunta fue el intento de colapsar el suministro eléctrico en Polonia durante los meses de invierno, una acción atribuida directamente a células operativas del Servicio Federal de Seguridad (FSB) ruso que puso en riesgo a medio millón de civiles. Según los informes del Consejo de la UE, estas maniobras no son incidentes aislados, sino parte de un patrón de infiltración en infraestructuras críticas y redes gubernamentales de diversos estados miembros.
La respuesta institucional apunta directamente a la cúpula de la inteligencia militar rusa, señalando a altos mandos del GRU como Viacheslav Stafeyev e Iván Senin por su papel directo en la dirección de amenazas híbridas. Sin embargo, el alcance de las sanciones es más amplio, afectando también a una red de intermediarios, «hacktivistas» y compañías privadas que actúan como piezas clave en el engranaje de desestabilización diseñado por el Kremlin para fracturar la cohesión europea.
En el plano técnico, se ha denunciado el uso de herramientas de malware sofisticadas, como Lumma Stealer, un programa empleado para la extracción masiva de datos confidenciales y credenciales en todo el mundo. Como consecuencia de estas actividades, los implicados se enfrentan ahora a un aislamiento económico total: sus activos en territorio europeo y británico han sido inmovilizados y se les ha prohibido el ingreso a estas regiones, cortando además cualquier flujo de recursos financieros hacia sus operaciones.
Bruselas y Londres han reaccionado con celeridad y la OTAN también se ha implicado en el proceso. «Condenamos enérgicamente las persistentes actividades cibernéticas maliciosas de Rusia, que aprovecha su ecosistema cibernético para atacar a los Aliados y socios de la OTAN. Estas actividades constituyen una amenaza para la seguridad de los Aliados», ha recogido la Alianza Atlántica en un comunicado, al tiempo que ha vuelto a acusar al Kremlin de elemento «desestabilizador», en un mensaje compartido también por la propia Kallas. «Estamos preparados para emplear toda la gama de capacidades con el fin de disuadir, defendernos y contrarrestar el espectro completo de amenazas cibernéticas. Estamos dispuestos a responder a ellas en el momento y de la manera que elijamos, de conformidad con el derecho internacional», concluyó la OTAN.
La OTAN también condenan las maniobras y anuncia que pondrá más medios a disposición de los aliados.
Más presión sobre Putin. La Unión Europea y Reino Unido han impuesto este lunes sanciones coordinadas contra una veintena de personas y entidades señaladas por ejecutar ciberataques desde Moscú sobre diversos lugares de Europa, pero además también por injerencias en procesos electorales y otras maniobras cibernéticas. Mediante un paquete de medidas restrictivas, se ha puesto en la diana a 24 individuos y organizaciones acusados de socavar la estabilidad democrática y de orquestar operaciones de espionaje y sabotaje que han afectado a naciones como Francia, Alemania y Finlandia. Esta respuesta coordinada busca frenar una estrategia de desestabilización sistemática que las autoridades europeas rastrean desde hace más de una década, explican en el comunicado conjunto.
«Esta es nuestra mayor ronda de designaciones individuales desde la invasión a gran escala de Moscú en 2022, e incluye también el mayor paquete de sanciones cibernéticas de la UE hasta la fecha. El núcleo financiero de la máquina bélica de Rusia es el principal objetivo. Cada medida debilita la capacidad de Moscú para hacer la guerra», expuso la Alta Representante de la Unión, Kaja Kallas, ante los periodistas desde Bruselas.
Uno de los episodios más alarmantes citados en esta acción conjunta fue el intento de colapsar el suministro eléctrico en Polonia durante los meses de invierno, una acción atribuida directamente a células operativas del Servicio Federal de Seguridad (FSB) ruso que puso en riesgo a medio millón de civiles. Según los informes del Consejo de la UE, estas maniobras no son incidentes aislados, sino parte de un patrón de infiltración en infraestructuras críticas y redes gubernamentales de diversos estados miembros.
La respuesta institucional apunta directamente a la cúpula de la inteligencia militar rusa, señalando a altos mandos del GRU como Viacheslav Stafeyev e Iván Senin por su papel directo en la dirección de amenazas híbridas. Sin embargo, el alcance de las sanciones es más amplio, afectando también a una red de intermediarios, «hacktivistas» y compañías privadas que actúan como piezas clave en el engranaje de desestabilización diseñado por el Kremlin para fracturar la cohesión europea.
En el plano técnico, se ha denunciado el uso de herramientas de malware sofisticadas, como Lumma Stealer, un programa empleado para la extracción masiva de datos confidenciales y credenciales en todo el mundo. Como consecuencia de estas actividades, los implicados se enfrentan ahora a un aislamiento económico total: sus activos en territorio europeo y británico han sido inmovilizados y se les ha prohibido el ingreso a estas regiones, cortando además cualquier flujo de recursos financieros hacia sus operaciones.
Bruselas y Londres han reaccionado con celeridad y la OTAN también se ha implicado en el proceso. «Condenamos enérgicamente las persistentes actividades cibernéticas maliciosas de Rusia, que aprovecha su ecosistema cibernético para atacar a los Aliados y socios de la OTAN. Estas actividades constituyen una amenaza para la seguridad de los Aliados», ha recogido la Alianza Atlántica en un comunicado, al tiempo que ha vuelto a acusar al Kremlin de elemento «desestabilizador», en un mensaje compartido también por la propia Kallas. «Estamos preparados para emplear toda la gama de capacidades con el fin de disuadir, defendernos y contrarrestar el espectro completo de amenazas cibernéticas. Estamos dispuestos a responder a ellas en el momento y de la manera que elijamos, de conformidad con el derecho internacional», concluyó la OTAN.
20MINUTOS.ES – Internacional
