La vorágine, durante la mayor parte de la jornada del lunes, siguió centrada en el rifirrafe político entre la Administración central y los gobiernos autonómico y local Leer La vorágine, durante la mayor parte de la jornada del lunes, siguió centrada en el rifirrafe político entre la Administración central y los gobiernos autonómico y local Leer
Ayer a las 7:21 de la mañana (hora insular) se cumplían las 24 horas toleradas por las autoridades canarias al Gobierno español para realizar la operación de desembarco del MV Hondius en Tenerife. Tanto Fernando Clavijo como Rosa Dávila (presidenta del Cabildo de Tenerife) habían pedido, en balde, al Ejecutivo de Pedro Sánchez que ya que aceptaban, a regañadientes, el fondeo se cumplieran los plazos exigidos por ellos mismos para proteger a su población. A media tarde del lunes, la meteorología obligaba al amarre en puerto del buque «durante el menor tiempo posible». Entretanto, como si el archipiélago viviera atrapado en una reiteración casi mecánica de crisis superpuestas y mientras se trasladaba a los últimos pasajeros del crucero, una patera con 150 migrantes llegaba a El Hierro, el mismo número de personas que viajaba en el Hondius.
«Tratan a Canarias como un territorio al que mandan sus crisis», decía Rosa Dávila a EL MUNDO, «primero, la migratoria y ahora esto». Y es que tienen la sensación que desde Madrid las sienten suficientemente españolas para obedecer y suficientemente lejanas para soportar aquello que en otros lugares provocaría un escándalo menos administrable.
A diferencia del frenético domingo, el lunes amaneció con un ritmo más cansino en el puerto de Granadilla. El Hondius permanecía anclado en mitad de esa U de hormigón y mar que forma el espigón, mientras el operativo se dedicaba a labores de repostajes y avituallamiento. Entre medias las ya rutinarias comparecencias del tridente ministerial de la crisis (Mónica García, Grande-Marlaska y Víctor Torres) para informar de la situación, serpentear las preguntas de la refriega política y, en el caso de Marlaska, lamentar el fallecimiento el día anterior de un agente de la Guardia Civil de 63 años debido a un infarto fulminante allí mismo. Ya, a última hora de la tarde, se procedió al último desembarco.
La vorágine, durante la mayor parte de la jornada del lunes, siguió centrada en el rifirrafe político entre la Administración central y los gobiernos autonómico y local. El puerto, por si había dudas, era y es escenario político, frontera y escaparate. Y es que ya el domingo casi todo -lo político y sanitario- quedó constatado. A las 6:50 de la mañana de anteayer, cuando la noche aún estaba agarrada al Puerto de Granadilla, las luces de navegación del MV Hondius dejaron claro que el «ultimátum» de Clavijo a Sánchez había naufragado.
También el retraso del último traslado, previsto inicialmente para las siete de la tarde del lunes, evidenciaba la subordinación con la que los ministros competentes trataban a las instituciones insulares. «Ya se harán las evaluaciones políticas pertinentes en su momento», dijo en una de sus primeras comparecencias Mónica García. A lo que ayer añadía: «No vamos a entrar polémicas, el mundo nos está mirando y agradeciendo nuestra labor». La ministra de Sanidad reiteró un «dejen trabajar», como si el «ruido» de Clavijo pudiera paralizar un operativo con 358 efectivos, 325 guardias civiles y 28 policías bajo mandato ministerial.
Pero ya la primera toma de tierra de pasajeros -a las 10:44 del domingo- deslizó llamativos detalles de cómo serían los otros 7 traslados que se producirían ese día y los dos del lunes. La imagen de esos seis españoles (los primeros en descender) era la estampa de solidaridad del Gobierno, su «ventana diplomática e internacional» -como criticaba Dávila- para tener una buena imagen exterior. En cambio, para Canarias suponía sentirse de nuevo algo así como una colonia interior. Primero, por la materialización de la «imposición», decían; segundo, por la falta de seguridad y riesgo que les transmitía.
Además, la escenografía sanitaria está alimentando aún más las dudas. El primer grupo, como los siguientes, estaba enfundado en unos Equipos de Protección Personal (EPP, gorro, calzas y bata fina de amarre trasero), llamativos para quien desconoce el protocolo -Sanidad jamás hizo público detalles-, por su aspecto liviano, casi teatral, en comparación con un EPI. Este atuendo blanco de alta protección, sin embargo, se lo pusieron tras las escaleras de embarque de uno de los A310 T.22 del Ejército del Aire y del Espacio que los llevó rumbo a Madrid.
No fue lo único llamativo para quienes observaban el protocolo de protección en el muelle. Las diferencias entre agentes de diferentes cuerpos también era notable. Algunos estaban dotados de EPI; otros, en el entorno de las carpas de la Guardia Civil (una bastante próxima a los autobuses), carecían, a simple vista, de protección, incluso mascarilla.
Durante el sábado, en la primera jornada de protocolo activo, fueron trasladadas 94 personas. «Asintomáticas», aseguró en un primer momento la ministra de Sanidad, pero los hechos posteriores le corrigieron. Los estudios epidemiológicos eran sombras chinescas para que asegurase, a los pies del muelle, que todo estaba bajo control. Pasadas las horas, Francia y Estados Unidos comunicaron que dos ciudadanos repatriados de sus países estaban desarrollando síntomas. También un español.
Ayer desembarcaron las últimas 22 personas pasadas las 7 de la tarde. 13 horas robadas de la confianza de Clavijo. Del buque ya atracado en el puerto, por las inclemencias meteorológicas, salieron seis pasajeros (4 australianos, un británico residente en Australia y un ciudadano de Nueva Zelanda), 20 tripulantes -de los 56 trabajadores que iban en el interior del barco- y los dos médicos de la OMS que embarcaron en Cabo Verde para poner rumbo a Países Bajos. A las 20.06 horas, casi 37 después de su llegada, mientras Mónica García iniciaba su última comparecencia, el buque salía de puerto -con sus 38 tripulantes filipinos restantes y el médico de la OMS- y Canarias aún con una sensación difícil de medir.
El hecho de que haya países que hayan decidido llevar en sus vuelos ciudadanos de otras nacionalidades y que España -sabiendo los tiempos de llegada de los vuelos- no haya decidido trasladar con los españoles a aquellas nacionalidades cuyo transporte no podía llegar hasta el lunes, también provocó que las autoridades autonómicas criticaran la falta de agilidad del operativo para reducir las horas de fondeo del buque. «¿Dónde está el documento de la OMS que explique por qué no se podía repatriar a los ciudadanos extranjeros que aún quedan en el barco en el avión español donde había 210 plazas y solo volaron 14 personas?», decían, «en aviones fletados por otros países viajaron varias nacionalidades».
Durante estos dos días, en el tira y afloja de la verborrea política, hay dos interrogantes bastante claros que se han planteado en contra de abanderar, como la ministra, «el multilateralismo y el concepto de salud global» sin escuchar al territorio al que, según la oposición, se pone en riesgo.
El primero, ¿por qué tanta insistencia del Gobierno en traer el barco a aguas Canarias?. El segundo -que reconcome la cabeza de Dávila, representante de todos los tinerfeños, ¿por qué no se realizaron PCR o test de antígenos en Cabo Verde aprovechando que el crucero de expedición estuvo allí varios días, tiempo suficiente para conocer los resultados y saber de manera fiel la realidad de infectados?
En Tenerife las únicas personas que han subido al barco son los expertos de Sanidad exterior y el médico de la OMS, que acompañará a la tripulación restante en su travesía hasta Rotterdam. Son ellos los únicos que han conocido de primera mano la situación dentro del barco y han sido el primer contacto directo de los pasajeros en España. La noticia de los dos ya pasajeros repatriados sintomáticos, más el español asintomático, también ha puesto en duda las encuestas epidemeológicas -un cuestionario con una serie de preguntas a realizar al ‘paciente’ para percibir un posible cuadro médico- y la exploración médica de los pasajeros.
España // elmundo
