Frente a la experiencia de las cápsulas, muy contaminantes y de escasa calidad, la empresa española apuesta por máquinas automáticas sensorizadas, precios razonables y granos de alta gama. Suma más de 40.000 clientes particulares y facturó 15 millones en 2025. Leer Frente a la experiencia de las cápsulas, muy contaminantes y de escasa calidad, la empresa española apuesta por máquinas automáticas sensorizadas, precios razonables y granos de alta gama. Suma más de 40.000 clientes particulares y facturó 15 millones en 2025. Leer
Hace no tanto tiempo, lo habitual en España era acudir al bar de la esquina, pedir un café y armarse de valor para ingerir la bebida, cuyo uso era utilitarista (mantenerse despierto) mucho antes que hedonista. La costumbre, aún vigente pero en declive, se sirve de la variedad robusta, cultivada a escasa altitud, de menor calidad y con sabor más amargo. Para matarle esos vicios, se recurre a una vieja táctica: quemarlo. Lo que viene después es imprevisible: unos se espabilan, sí, pero otros sufren taquicardias o quedan en vela durante toda la noche.
Esta escena de venta de carretera, años ochenta, coches contaminantes y papá preparado para continuar el viaje de ocho horas hacia la playa, cede el testigo a un paisaje en general urbano, dominado por las tiendas gourmet, el sello de los baristas y un precio muy superior a los 80 céntimos que José Luis Rodríguez Zapatero estimó en 2007 que valía un café en la calle. Al catalán Francesc Font, CEO de Incapto, esta pomposidad cool alrededor del brebaje negro le parece una simple moda que oculta una práctica dudosa: pagar entre 10 y 20 euros por un sobre de 250 gramos es un abuso.
Durante la entrevista, marcada por el accidente de un tren de Rodalies que descoyunta el flujo de trabajadores (115 en plantilla) en la oficina, surge varias veces el nombre de Nespresso, la marca creada por Nestlé en 1986. Esta división de la multinacional suiza facturó 6.800 millones de euros en 2024 (+2,2%) gracias a sus famosas cápsulas, asociadas hábilmente a la figura siempre magnética del actor George Clooney, cuyos anuncios forman parte ya de la memoria televisiva. Pues bien, Font no se anda por las ramas: «Competimos contra ellos. Nuestro modelo está mucho más digitalizado, recurrimos al café en grano y no a las cápsulas (muy contaminantes) y la diferencia de calidad es palpable. A ellos les costó una década ser rentables. Nosotros lo somos ya».
Incapto se funda una semana antes del estallido de la pandemia, en ese infame 2020 que tantas cosas cambió. Desde el primer minuto, la visión pasaba por desbancar al gigante. Todavía queda un buen trecho, a tenor de los números, pero la evolución es buena y el modelo de negocio mejor. La compañía facturó en 2025 casi 15 millones de euros y acumula 40.100 clientes en la pata B2C y otros 4.900 entre oficinas (el 80% de esta parte), hoteles y restauración, la pata B2B. Durante el primer semestre, Font y su equipo anunciarán una ronda de inversión de ocho dígitos que permitirá acelerar la expansión internacional y «adquirir a algún player europeo». La marca opera ahora en España, Francia, Italia y Portugal y estudia añadir una planta de tostado en Ámsterdam para abastecer a Centroeuropa. Ya cuenta con otra en Ripollet (Barcelona). «Empezamos tostando 25 kilos cada media hora y actualmente tostamos 300 en diez minutos. La cosa ha cambiado mucho».
Toda la estrategia de Incapto se apoya en tres pilares: la «experiencia de la taza» (si el café no está bueno, apaga y vámonos), la tecnología incorporada y un precio seductor (28 céntimos por café). El eje tecnológico se parte en dos: por un lado, para el cliente casero (B2C), la empresa pone a su disposición el botón del pánico, una manera sencilla de avisar por WhatsApp de que las reservas se han agotado y se requiere un nuevo cargamento en 24 horas. Por otra parte, para las empresas, cada máquina de café es un dispositivo IoT que permite a Incapto leer el consumo en tiempo real y ajustar la oferta a la demanda. Se trata de lo que Font denomina un coffee as a service donde se ceden las cafeteras en régimen de alquiler y se cobra por cada taza servida. «Acercamos al público el café de especialidad, con una puntuación promedio de entre 82 y 84, con un mensaje nada esnob y un coste muy por debajo de esos sobrecitos que te llevas a casa y te duran un suspiro».
En latín, incapto significa no encapsulado. La tesis planteada allá en 2020 por el CEO y sus dos socios, Joaquim Mach y Beatriz Mesas, es que más del 50% de la población recurría entonces a las cápsulas de Nespresso y sus émulos en el domicilio y la oficina en lo que constituye una experiencia «cara, insana e insostenible». «Nos informamos y la gente fue clara: querían un botón y un café en 20 segundos, pero eso sólo lo hacían las máquinas automáticas, que eran grandes, feas y muy costosas. Así que buscamos un fabricante capaz de hacer un aparato de 18 centímetros, el más compacto de este estilo con diferencia, con una interfaz muy sencilla y un depósito de 150 gramos para moler el café». Importante: el mecanismo es muy parecido al del zumo de naranja, que conviene beber recién exprimido. Si el café se muele y consume en el momento, la ganancia sensorial es enorme.
No fue fácil dar con un fabricante. Se intentó en el País Vasco y Cataluña, donde no hubo ingeniero capaz de poner sobre la repisa una máquina funcional y contenida, y al final funcionó, como suele ocurrir, el comodín chino. Incapto trabaja con cuatro fabricantes diferentes, en función de si las cafeteras están destinadas a particulares o a alguno de los verticales del B2B, pero siempre diseña los modelos en España. Entre la ideación y el lanzamiento suele transcurrir un año. En breve habrá algún estreno adicional.
Si una bolsita de 250 gramos se cobra a 10,90 euros, eso significa que el kilo cuesta 43,60. Incapto se mueve entre los 25 y 35 euros por kilo y es Beatriz Mesas, catadora profesional, quien se ocupa de negociar con medianas y pequeñas fincas de todo el mundo las variedades que se comercializan después bajo un modelo de compra puntual o suscripción. Los hay de Etiopía, Kenia, Ruanda, Burundi, Brasil, México, Guatemala, Colombia, Perú e Indonesia, casi siempre de la variedad arábica, aunque también se preparan mezclas para empresas y ediciones especiales.
Font cierra la conversación rescatando una enseñanza: «Mi primer trabajo fue cuidar vacas en la granja de mi abuelo. Hay dos tipos de vacas: las que dan leche y las que dan carne. Todo no se puede hacer a la vez. Lo que queremos hacer nosotros es ser el nuevo Nespresso a nivel mundial». Ambición no falta.
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