Se disparan un 7,25% en el último año y alcanzan su máximo histórico en pleno proceso de regularización. Si ser autónomo ya cuesta, emprender en un país nuevo, es un reto añadido Leer Se disparan un 7,25% en el último año y alcanzan su máximo histórico en pleno proceso de regularización. Si ser autónomo ya cuesta, emprender en un país nuevo, es un reto añadido Leer
El argentino Alejandro Forconesi (46 años) tarda más de dos horas en asar la carne a la leña para su trabajo de catering, Patagonia Grill. Cuando los eventos son multitudinarios, suele llamar a empresas para contratar a camareros españoles y reforzar así su servicio. En otro sector y en una ciudad distinta, lo hace Paloma Colque (36 años), una abogada chilena que, tras abrir Wamad, su propio despacho de asesoramiento legal, ha contratado a profesionales españoles para entregar servicios a extranjeros. Si bien los dos hacen cosas totalmente distintas, son parte de los más de medio millón de autónomos extranjeros que regentan sus propios negocios en España.
Una cifra no menor que durante 16 años de alzas ininterrumpidas, según los últimos datos de la Seguridad Social, marcan un aumento histórico. Al observar la serie para el mes de mayo entre 2008 y 2026, el volumen general de autónomos tiene un leve aumento pasando de 3,41 a 3,46 millones, un repunte del 1,5% tras casi dos décadas. Sin embargo, los trabajadores autónomos foráneos han protagonizado un aumento del 119%, saltando de los 237.063 afiliados en 2008 a romper la barrera de los 519.137 inscritos en la actualidad y un 7,25% entre mayo de 2025 y 2026. Sin embargo, promete no ser el último. El fin del proceso de regularización extraordinaria impulsado por el Gobierno, que culmina precisamente hoy, anticipa que este récord se verá superado en los próximos meses.
Lejos de ser un fenómeno transitorio, esta dinámica consolida al emprendedor extranjero como un pilar capaz de levantar negocios desde cero y, sobre todo, de generar empleo también para los españoles.
Aunque migraron en años diferidos, durante la conversación con EL MUNDO los tres autónomos que accedieron a hablar con este periódico comparten una misma visión: «No venimos a quitar empleo como se piensa, sino todo lo contrario; hemos contratado a españoles e impulsado la economía», sentencia Forconesi, ante un discurso que se sigue manteniendo en algunos sectores. Algo que, hoy por hoy, es la principal barrera que los extranjeros tienen que cruzar para poder instalarse en el mercado laboral.
Al hacer zoom en los datos, de ese medio millón, la mayoría, el 61% (318.107 trabajadores), proviene de países ajenos a la Unión Europea. Este bloque extracomunitario está liderado por China, con 70.300 autónomos, seguida por Marruecos (33.247) y el Reino Unido (26.947). Además, la importante presencia de latinoamericanos impulsado por Colombia (21.345), Venezuela (19.090) y Argentina (11.150). Por su parte, el 39% restante (201.031 trabajadores comunitarios) se sostiene en ciudadanos llegados de Rumanía (54.998) e Italia (44.235).
Desde la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), la lectura de los datos de la vicepresidenta de la organización, Celia Ferrero, es que esta inyección de talento está salvando al país.
«Si no hubiera sido por el crecimiento de los autónomos extranjeros, posiblemente muchas comunidades autónomas, que precisamente son las que más riesgo tienen de despoblación y desertificación en el ámbito rural, hubiesen tenido pérdida de autónomos», explica Ferrero. Para ATA, los migrantes no solo compensan las vacantes laborales, sino también las «vacantes emprendedoras» que los españoles dejan atrás por falta de relevo generacional. «Si son capaces de trasladarse de un país a otro para buscar una mejor vida, es evidente que son emprendedores y por tanto vemos un espíritu que aquí no se tiene», subraya.
Este espíritu es el que tuvo Paloma Colque desde Barcelona, que tras varias semanas vio cómo su negocio era cada vez más factible. Lo que comenzó de manera informal ayudando a conocidos, pronto tomó forma de empresa. «Al principio era como algo más de ‘un amigo necesita ayuda’ y yo me juntaba con ellos para asesorarlos, pero poco a poco me dio la idea de negocio, que es ayudar a los extranjeros que desean estudiar o trabajar en España a facilitarles el proceso legal», lo que la impulsó a dejar su trabajo fijo. Pero dar ese salto no fue un camino sin obstáculos. Colque llegó a España hace 11 años y hoy conoce la realidad en el país: «La complejidad siendo extranjero y como autónomo es que tu residencia legal en el país, depende del éxito de tu negocio», confiesa.
Con todo, Colque ha formado en su empresa un equipo diverso que incluye a una abogada argentina, una colombiana, un profesional chileno en finanzas, pero también ha contratado a una abogada catalana y profesionales españolas.
Emprender siendo extranjero rara vez es un camino fácil, y en muchos casos, ni siquiera es la primera opción. Ese es el caso de Fiama Morales, una joven puertorriqueña de 29 años que aterrizó en Madrid en agosto de 2021. Su sueño no era montar una empresa, sino abrirse paso en la industria audiovisual tras cursar un máster universitario.
Sin embargo para obtener un permiso de trabajo, Extranjería le exigía un contrato indefinido, un problema en su sector donde los proyectos son temporales. Sin opciones de ser contratada legalmente, Morales se vio abocada a darse de alta por cuenta propia para poder ejercer su profesión y organizar rutas turísticas fotográficas por el centro de la capital. «No vine con la idea de emprender aquí. Yo quería trabajar del cine», confiesa.
Una vez dentro del sistema, el verdadero reto para Morales no ha sido conseguir clientes, sino sobrevivir a los impuestos. Tras un primer año con la cuota bonificada, y arrastrando además dos operaciones de rodilla, la realidad se volvió complicada. «Tienes un año que te dan la cuota básica que son 89 euros y ya el segundo año te empiezan a sacar una cuota de 299 euros. 300 euros prácticamente», relata. «Si saco el IVA de 100 euros, ¿estoy viviendo con cuánto? Y eso no me da para pagar el piso, para pagar la luz, el agua, para pagar los 299 que me sacan mensual».
Con todo, Forconesi, el parrillero argentino, es otro de los motores en España. Su camino no comenzó en su actual emprendimiento. Llegó a España en 2006 y fundó una empresa junto a su padre. Sin embargo, la crisis económica lo dejó sin nada: «Me divorcié y justo se me cortó el contrato en ese tiempo, quedé viviendo en una furgoneta», recuerda. Para él, ser extranjero y autónomo en un país ajeno «es empezar de la nada misma, sin alguien que te asesore y hay que rebuscársela desde abajo», reflexiona Forconesi. Lejos de renunciar a todo, impulsó su actual empresa de catering en 2014. «Jamás he tenido que salir, o no he querido salir, a pedir trabajo así a una empresa o ni se me ha pasado por la cabeza, por ejemplo, ser funcionario, vivir de las pagas del Estado», asegura.
Tanto Forconesi como Morales encontraron opciones en ciudades distintas para impulsar sus negocios que hoy les permiten vivir en el país, una realidad que respaldan los datos. Las cifras exponen cómo los trabajadores foráneos no solo residen en las grandes ciudades, sino también en la costa. De hecho, la proporción de autónomos extranjeros se concentra particularmente en los polos turísticos: Baleares se posiciona a la cabeza del país, registrando un 27,67% sobre su total de autónomos. Le siguen Canarias, con un 22,6%, y la Comunidad Valenciana, con un 22,14%. Tras ellas se sitúan Cataluña que registra un 19,32% y la Comunidad de Madrid, con un 18,17%. En el extremo opuesto, Extremadura es la que anota la menor presencia, con un 4,24%, seguida por Galicia (5,84%) y Castilla y León (6,55%).
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