La grancanaria Alba Gil Aceytuno nos ofrece su debut discográfico con un polvorín de tonalidades abstractas donde el saxofón es una guía desmadrada, un camino de recovecos herméticos, una estancia abierta donde rebotan las notas hacia un universo compartido. Saxofonista y compositora que ha formado parte de bandas como Aguayro, Arube, Rupatrupa y Zumurrud, hoy abraza la melodía bastarda en siete cortes, Prólogo: aguayroll, donde el fermento es exigente en lo tribal con el oyente, Ausencia, en la compenetración del réquiem, la melodía nos recuerda los momentos más náuticos de un mito de los metales como es Justo Bagüeste. En arrorró/arinagua que servía como adelanto, encontramos esquizoides desmadres que nos llevan entre la no-wave neoyorquina y las amenazantes encarnaciones del krautrock patrio.
Tangoherreño incluye elementos de percusión folk que se enlazan en voces que se elevan, mezcladas, con el tono de la oración, ‘virgendelpinotepidoestarmejor’ mastica lo ácido con la paleta presta de colores que no se detectan con la vista, «aulagadelpolvorín», en el que colabora a la voz Belén A. Doreste, Lajalada, se asoman a una estructura de canción, con la rítmica pétrea, con voces oceánicas, ambientales, Dead Man on Campus o Liquid Liquid. Sustrato que nos acercan a experimentos de spoken word, bases que sirven para recitados por escribir, en el eco final de un tema como epílogo: hipocresía. Una propuesta de riesgo, que escapa de lo ambiental, que provoca vaivenes, la tierra roja en la boca hambrienta de Laurie Anderson.
La grancanaria Alba Gil Aceytuno es Pleito. Saxofón abstracto en su debut.

La grancanaria Alba Gil Aceytuno es Pleito. Saxofón abstracto en su debut.
La grancanaria Alba Gil Aceytuno nos ofrece su debut discográfico con un polvorín de tonalidades abstractas donde el saxofón es una guía desmadrada, un camino de recovecos herméticos, una estancia abierta donde rebotan las notas hacia un universo compartido. Saxofonista y compositora que ha formado parte de bandas como Aguayro, Arube, Rupatrupa y Zumurrud, hoy abraza la melodía bastarda en siete cortes, Prólogo: aguayroll, donde el fermento es exigente en lo tribal con el oyente, Ausencia, en la compenetración del réquiem, la melodía nos recuerda los momentos más náuticos de un mito de los metales como es Justo Bagüeste. En arrorró/arinagua que servía como adelanto, encontramos esquizoides desmadres que nos llevan entre la no-wave neoyorquina y las amenazantes encarnaciones del krautrock patrio.

Tangoherreño incluye elementos de percusión folk que se enlazan en voces que se elevan, mezcladas, con el tono de la oración, ‘virgendelpinotepidoestarmejor’ mastica lo ácido con la paleta presta de colores que no se detectan con la vista, «aulagadelpolvorín», en el que colabora a la voz Belén A. Doreste, Lajalada, se asoman a una estructura de canción, con la rítmica pétrea, con voces oceánicas, ambientales, Dead Man on Campus o Liquid Liquid. Sustrato que nos acercan a experimentos de spoken word, bases que sirven para recitados por escribir, en el eco final de un tema como epílogo: hipocresía. Una propuesta de riesgo, que escapa de lo ambiental, que provoca vaivenes, la tierra roja en la boca hambrienta de Laurie Anderson.
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