En la misma recta de Alpe d’Huez en la que Pogacar, su maillot amarillo manchado de sal a corros, sal de sudor de trabajador, se abraza con su amigo de blanco, Del Toro, y se sonríen, y festejan uno al lado del otro mientras pedalean, hermanos, hasta la meta de la penúltima etapa de un Tour magnífico, hace 40 años Bernard Hinault había protagonizado una escena similar para firmar su capitulación final ante Greg LeMond de amarillo generoso, compañero en La Vie Claire, que ganaba el que habría sido el sexto Tour del bretón. Llegaron juntos y solos, delante de todos, a la última recta, abrazándose y riéndose y, después de pactarlo, Hinault cruzó la rueda media rueda por delante del norteamericano. Es uno de los clips más repetidos en todas las plataformas de la historia del Tour. Un símbolo de compañerismo. “Un símbolo de nada”, decía años después, siempre sincero y hablador, el bretón. “Fue todo un paripé. Solo la circunstancias hicieron que tuviéramos que llegar juntos”.
Pogacar llegará de amarillo mañana a París y se convertirá en el quinto ciclista de la historia en conquistar cinco veces la ‘Grande Boucle’, el más joven de todos ellos en conseguirlo
En la misma recta de Alpe d’Huez en la que Pogacar, su maillot amarillo manchado de sal a corros, sal de sudor de trabajador, se abraza con su amigo de blanco, Del Toro, y se sonríen, y festejan uno al lado del otro mientras pedalean, hermanos, hasta la meta de la penúltima etapa de un Tour magnífico, hace 40 años Bernard Hinault había protagonizado una escena similar para firmar su capitulación final ante Greg LeMond de amarillo generoso, compañero en La Vie Claire, que ganaba el que habría sido el sexto Tour del bretón. Llegaron juntos y solos, delante de todos, a la última recta, abrazándose y riéndose y, después de pactarlo, Hinault cruzó la rueda media rueda por delante del norteamericano. Es uno de los clips más repetidos en todas las plataformas de la historia del Tour. Un símbolo de compañerismo. “Un símbolo de nada”, decía años después, siempre sincero y hablador, el bretón. “Fue todo un paripé. Solo la circunstancias hicieron que tuviéramos que llegar juntos”.
Pogacar y Del Toro ríen y se divierten al final de la etapa más dura. No es un paripé. Son ciclistas para vivir momentos así. Únicos, irrepetibles porque la repetición siempre es falsificación. Hacen con sus índices cuernos de torito en sus cascos cuando cruzan la línea en su retorno al Alpe, pero no celebran la victoria de la etapa reina, que ya había celebrado un minuto antes Richard Carapaz, incrédulo e increíble, sino sencillamente la última encarnación del esloveno, líder todopoderoso, déspota del pelotón, ogro, convertido en gregario modelo para ayudar al mexicano a demoler totalmente la resistencia del niño Paul Seixas en la lucha por el podio final, y a frustrar la ambición de Juan Ayuso.
“¡Toro, toro!”, grita Pogacar en la conferencia de prensa, y parece ebrio, tan contento está, y hace el gesto de los cuernos, y repite, torito, torito, y a los guiris les explica que Del Toro sería Of the Bull en su inglés. Y está más contento hablando de eso, de cómo ayudó a su amigo, que hablando de su quinto Tour, que le aburre. Hay campeones que contratan a gregarios como jornaleros, y así los explotan, y sus victorias, las de Hinault, las de Merckx, las de Anquetil, dan sentido a la vida de sus trabajadores. Hay equipos que crean campeones, como el Sky de Froome, el Banesto de Indurain; y luego está Pogacar, que crea un equipo de amigos a su alrededor. Se olvidan de su ambición y hacen felices a sus chicos haciéndoles triunfar, sin celos. Primero y tercero en los Campos Elíseos han intercambiado tareas después del descenso del Galibier por las largas rectas que a lo largo del Lautaret cortan una línea al borde del paisaje espectacular y triste, el valle inmenso y las cumbres de La Meije, casi 4.000 metros y otras agujas alpinas, apenas sus laderas moteadas de blanco, restos de glaciares milenarios que se derriten aceleradamente por el mismo cambio climático que alimenta el incendio que al Oeste achicharra las Landas amadas.
Entre los mejores ya no queda ningún UAE. Todos están agotados. En fuga, desde la Croix de Fer, cruz de penitencia a cuestas, Juan Ayuso (a 16 minutos del líder en la general, a siete solo del tercer puesto) supone una amenaza para su Del Toro, explica Pogacar, quien recién iniciado el ascenso inédito a Sarenne, pastos desiertos, ni un alma, la serenidad, y el aire, para empalmar con las tres últimas caóticas curvas de la subida clásica a Alpe d’Huez, se remanga el amarillo y sin mirar atrás, gregario modelo, se pone al frente de los mejores. Nunca piensa en defender. Solo sabe atacar. Los Decathlon de Seixas se pican y le quitan unos minutos de la cabeza para acelerar la marcha. Pogacar regresa. Acelera un poco y es el momento elegido por Del Toro para atacar. Le aguantan su amigo y Remco. Seixas, el cuarto del Tour, cede. “Todos escribirán de cómo he ayudado a Del Toro, pero quien ha ayudado de verdad todo el Tour ha sido él”, dice Pogacar, quien, cuando Evenepoel ambicioso y cotilla —en todos los planos del grupo, entre Pogacar y Del Toro siempre se aprecian las orejillas del belga atento a todo lo que se hablan— se lanza a por Carapaz y Kuss fugados lejos, se queda confortando a su Del Toro, aconsejándole y todo. “No te olvides de pedalear, que esto es cuesta arriba”, le recuerda en la última recta al mexicano de Ensenada, 22 años y tercero del Tour, y segundo del Giro hace un año. “Fue un honor correr para Isaac las últimas dos horas o la hora y media de la carrera”, añade el esloveno. “Lo hice con gusto y me di cuenta de lo duro que es trabajar para nadie”.
Cuando al frente del pelotón Ayuso da a luz a la gran fuga, desde la moto de la tele francesa, Thomas Voeckler sentencia: “Ayuso en fuga, hace cuatro años era el Seixas de los españoles, ahora…”. Croix de Fer, Télégraphe, Galibier son más que una etapa un sarcasmo, una burla, el penúltimo día del Tour más duro y rápido, el de calores nunca vistos, organismos febriles, al límite todos los días pese a todas las estrategia enfriadoras, y superado por primera vez el límite de los 43 por hora de media en la general. Los pasos alpinos de más de 2.000 metros que en 1911, cuando se abrieron al Tour, hicieron exclamar augustamente a Émile Georget, el mejor escalador de la época, su primer ganador, “este paisaje quita el hipo, ¿eh?”, convierten al pelotón en una fila india de condenados que, pese a todo, es su sangre, es su vida, son ciclistas, se niegan a renunciar a su orgullo. Más merecedores que nunca de la ironía de forzados de la ruta, ninguno renuncia a combatir. Y menos que nadie Carapaz, astuto, coriáceo, energía inagotable, feliz en las alturas de su casa en los Andes, a más de 2.000 metros, donde respira y se mueve como el niño hiperactivo que fue. Junto a Mads Pedersen, que ataca en montaña y deja atrás a todos para ratificar su maillot verde, Carapaz es el líder moral de todos los locos del Tour. Símbolo de todos los salvajes, ataca ya desde la Croix de Fer para ratificar sus lunares, ya confirmados, y sigue delante todo el día, como la víspera en la primera visita al Alpe, como el jueves hacia Orcières-Merlette, donde ganó. También gana en el segundo Alpe, pese a que a cuatro kilómetros de la meta, su batalla con Kuss —qué bueno hay que ser para ganar en fuga en el Tour, solo al alcance la pelea de un ganador de Giro y uno de Vuelta— parecía perdida. El norteamericano de Durango, que habla español y catalán casi mejor que el inglés, arriesga tanto en un descenso, y calcula tan mal las trayectorias, que dos veces se cae y queda al borde del precipicio. Le supera el ecuatoriano y luego, en la recta de los abrazos, Evenepoel, que no es el rey de la empatía. “No me informa”, dice Kuss, sonriente, pese a todo, alma de gregario para Roglic y Vingegaard también, y sabio. “He arriesgado mucho y me he equivocado. Así es la carrera”.
Clasificación General
Etapas
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18 Voiron – Orcières-Merlette
Richard CarapazEFE
185 Km
-
19 Gap – Alpe d’Huez
Tadej PogacarUAD
127 Km
-
20 Le Bourg d’Oisans – Alpe d’Huez
Richard CarapazEFE
170 Km
-
21 Thoiry – Paris Champs-Élysées
133 Km
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