La vida de Ali Jamenei ha llegado a su fin. Los ataques coordinados de Israel y EE UU del pasado sábado sobre diversos puntos del país acabaron de cuajo con la cúpula de la República Islámica y con la vida de su líder Supremo, que sin embargo dejó atado el futuro del país pocos días antes de morir: su sucesor tras su muerte debería ser Ali Larijani, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán.
Larijani ha expresado este domingo su rabia contra los ataques. «Ayer, Irán disparó misiles contra Estados Unidos e Israel y causaron daño. Hoy los golpearemos con una fuerza que nunca antes han experimentado», dijo en un mensaje difundido en X, en el que ha amenazado con represalias y ha recordado que el pueblo persa ha enfrentado sucesos peores a lo largo de la historia y ha prevalecido sobre invasores.
«Han quemado el corazón del pueblo iraní. Nosotros, en respuesta, quemaremos sus corazones. Estos mártires fortalecen la resistencia del pueblo. Nuestra nación posee una conciencia innata y, Dios mediante, superará esta etapa con orgullo», ha dicho un Larijani que el pasado 30 de enero, hace apenas un mes, visitó por sorpresa en Moscú a Vladímir Putin, sin que los resultados de esa reunión se hicieran públicos.
Larijani ha intentado hasta tres veces ser presidente de Irán. No lo logró con los votos, pero podría pasar ahora por decisión expresa del fallecido Líder Supremo iraní, Ali Jamenei. Un informe divulgado en círculos diplomáticos y de inteligencia sostiene que el propio Jamenei habría diseñado un plan de contingencia ante la posibilidad de un intento de asesinato, que daría mucho poder a Larijani.
El supuesto plan establecería una estructura colegiada transitoria hasta que la Asamblea de Expertos decidiera el nombre del sucesor del Líder Supremo. Considerado un conservador pragmático, Larijani aparece en el informe como pieza central para estabilizar la situación de Irán.
Sus conexiones institucionales y con los distintos sectores del poder podrían facilitar una transición ordenada. Además, la experiencia de Larijani en el Parlamento y en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional lo sitúa como una figura capaz de articular consensos. Sus críticos, en cambio, no olvidan que ha tenido un papel protagonista en el diseño de la represión de manifestantes que dejaron en enero miles de muertos.
El hijo de un ayatolá
Conocido por sus posturas diplomáticas, es Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional desde 2025. Hijo de un gran ayatolá, cumplirá 68 años el próximo 3 de junio. Doctor en Filosofía, fue miembro de los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de la República Islámica. Larijani ha sido una figura central en la política iraní de las últimas tres décadas y hasta hoy era asesor de Jamenei.
Tras la filosofía, se licenció también en informática y matemáticas. Con esa formación y su «linaje» (procede de una influyente familia chiita vinculada al Gobierno), en 1992 ya era ministro de Cultura y Orientación Islámica (con Rafsanjani de presidente). Entre 1994 y 2004, dirigió la IRIB, la Radiodifusión de la República Islámica de Irán, por nombramiento del Líder Supremo.
En 2005 decidió aspirar a mucho más. Fue candidato presidencial en las elecciones, quedando en sexto lugar, con el 5,83% de los votos. Fuera de la carrera presidencial, ese mismo año sucedió a Hassan Rouhani como Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Tras renunciar en 2007, en mayo de 2008, fue elegido presidente de la Asamblea Consultiva Islámica de Irán.
Su labor como asesor especial del Líder Supremo se inició en 2020. Un año después lo volvió a intentar: presentó su candidatura a las presidenciales. Era uno de los favoritos, junto con el intransigente Ebrahim Raisi. Sin embargo, Larijani resultó descalificado por el Consejo de Guardianes. Fue algo que no imaginaban ni sus más acérrimos detractores porque Larijani formaba parte de las altas esferas del poder desde la revolución de 1979. El caso es que fue excluido de los comicios en favor de Raisi, que sí contaba con el apoyo del ahora fallecido Jamenei.
En octubre de 2022, Larijani alcanzó nueva popularidad entre los conservadores moderados y los reformistas por criticar públicamente la represión del régimen. Pedía, por ejemplo, repensar la ley del hiyab obligatorio. «El hiyab tiene una solución cultural. No necesita decretos ni referéndums… Agradezco los servicios del cuerpo policial y el Basij, pero no se les debe asignar esta carga de fomentar el hiyab», dijo en una entrevista publicada por el diario reformista Ettelaat.
Allí señaló que «una respuesta rígida» no era «la cura». Y sobre los iraníes que en aquellos días de 2022 salían a la calle, dijo: «Son nuestros propios hijos. En una familia, si un chico comete un delito, tratan de guiarlo por el camino correcto. La sociedad necesita más tolerancia«.
En 2024, Larijani lo volvió a intentar. En mayo de ese año, presentó su solicitud de candidatura para las elecciones presidenciales de 2024. Los comicios se habían adelantado al 28 de junio por la muerte de Raisi en un accidente de helicóptero. Pero volvió a suceder: la candidatura de Larijani no fue aceptada por el Consejo de Guardianes. Finalmente, aquellas elecciones las ganó, en segunda vuelta, Masoud Pezeshkian. En agosto de 2025, el presidente le nombró, por segunda vez, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
El futuro de Larijani al frente del país se decidirá en pocas horas, en cuanto el Consejo de Transición de reúna y decida quién guiará el destino de los persas tras el fallecido Jamenei.
Considerado un conservador pragmático, Larijani lleva tres décadas en el poder de Irán y podría articular el consenso necesario.
La vida de Ali Jamenei ha llegado a su fin. Los ataques coordinados de Israel y EE UU del pasado sábado sobre diversos puntos del país acabaron de cuajo con la cúpula de la República Islámica y con la vida de su líder Supremo, que sin embargo dejó atado el futuro del país pocos días antes de morir: su sucesor tras su muerte debería ser Ali Larijani, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán.
Larijani ha expresado este domingo su rabia contra los ataques. «Ayer, Irán disparó misiles contra Estados Unidos e Israel y causaron daño. Hoy los golpearemos con una fuerza que nunca antes han experimentado», dijo en un mensaje difundido en X, en el que ha amenazado con represalias y ha recordado que el pueblo persa ha enfrentado sucesos peores a lo largo de la historia y ha prevalecido sobre invasores.
«Han quemado el corazón del pueblo iraní. Nosotros, en respuesta, quemaremos sus corazones. Estos mártires fortalecen la resistencia del pueblo. Nuestra nación posee una conciencia innata y, Dios mediante, superará esta etapa con orgullo», ha dicho un Larijani que el pasado 30 de enero, hace apenas un mes, visitó por sorpresa en Moscú a Vladímir Putin, sin que los resultados de esa reunión se hicieran públicos.
Larijani ha intentado hasta tres veces ser presidente de Irán. No lo logró con los votos, pero podría pasar ahora por decisión expresa del fallecido Líder Supremo iraní, Ali Jamenei. Un informe divulgado en círculos diplomáticos y de inteligencia sostiene que el propio Jamenei habría diseñado un plan de contingencia ante la posibilidad de un intento de asesinato, que daría mucho poder a Larijani.
El supuesto plan establecería una estructura colegiada transitoria hasta que la Asamblea de Expertos decidiera el nombre del sucesor del Líder Supremo. Considerado un conservador pragmático, Larijani aparece en el informe como pieza central para estabilizar la situación de Irán.
Sus conexiones institucionales y con los distintos sectores del poder podrían facilitar una transición ordenada. Además, la experiencia de Larijani en el Parlamento y en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional lo sitúa como una figura capaz de articular consensos. Sus críticos, en cambio, no olvidan que ha tenido un papel protagonista en el diseño de la represión de manifestantes que dejaron en enero miles de muertos.
Conocido por sus posturas diplomáticas, es Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional desde 2025. Hijo de un gran ayatolá, cumplirá 68 años el próximo 3 de junio. Doctor en Filosofía, fue miembro de los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de la República Islámica. Larijani ha sido una figura central en la política iraní de las últimas tres décadas y hasta hoy era asesor de Jamenei.
Tras la filosofía, se licenció también en informática y matemáticas. Con esa formación y su «linaje» (procede de una influyente familia chiita vinculada al Gobierno), en 1992 ya era ministro de Cultura y Orientación Islámica (con Rafsanjani de presidente). Entre 1994 y 2004, dirigió la IRIB, la Radiodifusión de la República Islámica de Irán, por nombramiento del Líder Supremo.

En 2005 decidió aspirar a mucho más. Fue candidato presidencial en las elecciones, quedando en sexto lugar, con el 5,83% de los votos. Fuera de la carrera presidencial, ese mismo año sucedió a Hassan Rouhani como Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Tras renunciar en 2007, en mayo de 2008, fue elegido presidente de la Asamblea Consultiva Islámica de Irán.
Su labor como asesor especial del Líder Supremo se inició en 2020. Un año después lo volvió a intentar: presentó su candidatura a las presidenciales. Era uno de los favoritos, junto con el intransigente Ebrahim Raisi. Sin embargo, Larijani resultó descalificado por el Consejo de Guardianes. Fue algo que no imaginaban ni sus más acérrimos detractores porque Larijani formaba parte de las altas esferas del poder desde la revolución de 1979. El caso es que fue excluido de los comicios en favor de Raisi, que sí contaba con el apoyo del ahora fallecido Jamenei.
En octubre de 2022, Larijani alcanzó nueva popularidad entre los conservadores moderados y los reformistas por criticar públicamente la represión del régimen. Pedía, por ejemplo, repensar la ley del hiyab obligatorio. «El hiyab tiene una solución cultural. No necesita decretos ni referéndums… Agradezco los servicios del cuerpo policial y el Basij, pero no se les debe asignar esta carga de fomentar el hiyab», dijo en una entrevista publicada por el diario reformista Ettelaat.
Allí señaló que «una respuesta rígida» no era «la cura». Y sobre los iraníes que en aquellos días de 2022 salían a la calle, dijo: «Son nuestros propios hijos. En una familia, si un chico comete un delito, tratan de guiarlo por el camino correcto. La sociedad necesita más tolerancia«.
En 2024, Larijani lo volvió a intentar. En mayo de ese año, presentó su solicitud de candidatura para las elecciones presidenciales de 2024. Los comicios se habían adelantado al 28 de junio por la muerte de Raisi en un accidente de helicóptero. Pero volvió a suceder: la candidatura de Larijani no fue aceptada por el Consejo de Guardianes. Finalmente, aquellas elecciones las ganó, en segunda vuelta, Masoud Pezeshkian. En agosto de 2025, el presidente le nombró, por segunda vez, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
El futuro de Larijani al frente del país se decidirá en pocas horas, en cuanto el Consejo de Transición de reúna y decida quién guiará el destino de los persas tras el fallecido Jamenei.
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