El término «otoño» proviene del latín autumnus, nombre con el que los romanos designaban la estación situada entre la época de calor (verano o estío) y la del frío (invierno). Durante mucho tiempo su origen se relacionó con auctus (aumento), y annus (año), como una referencia a la época en que culminaban las cosechas, aunque esta explicación no cuenta con suficiente respaldo etimológico. Algunos especialistas han planteado que podría tratarse de un préstamo del etrusco, quizá relacionado con avil (año), pero tampoco existe una prueba concluyente, por lo que el origen de la palabra sigue considerándose como incierto.
Al pasar del latín al castellano, autumnus fue transformándose hasta llegar a otoño. En esa evolución, el diptongo latino au pasó a o, un cambio habitual en muchas palabras castellanas, mientras que el grupo consonántico mn acabó dando el sonido representado por ñ. La propia RAE ya citaba en el siglo XVIII Autumnus y Otoño como ejemplo de esta transformación.
Aunque actualmente llamamos otoño a la estación que sigue al verano y precede al invierno, la palabra también adquirió usos figurados, encontrando expresiones como «estar el otoño de la vida», para referirse a la madurez, y «otoño caliente», aplicada a una época de especial agitación social o política.
Descubre el origen y la etimología de la palabra «otoño», su evolución desde el latín autumnus y cómo adquirió su significado actual en español.
El término «otoño» proviene del latín autumnus, nombre con el que los romanos designaban la estación situada entre la época de calor (verano o estío) y la del frío (invierno). Durante mucho tiempo su origen se relacionó con auctus (aumento), y annus (año), como una referencia a la época en que culminaban las cosechas, aunque esta explicación no cuenta con suficiente respaldo etimológico. Algunos especialistas han planteado que podría tratarse de un préstamo del etrusco, quizá relacionado con avil (año), pero tampoco existe una prueba concluyente, por lo que el origen de la palabra sigue considerándose como incierto.
Al pasar del latín al castellano, autumnus fue transformándose hasta llegar a otoño. En esa evolución, el diptongo latino au pasó a o, un cambio habitual en muchas palabras castellanas, mientras que el grupo consonántico mn acabó dando el sonido representado por ñ. La propia RAE ya citaba en el siglo XVIII Autumnus y Otoño como ejemplo de esta transformación.
Aunque actualmente llamamos otoño a la estación que sigue al verano y precede al invierno, la palabra también adquirió usos figurados, encontrando expresiones como «estar el otoño de la vida», para referirse a la madurez, y «otoño caliente», aplicada a una época de especial agitación social o política.
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