El festival de Almagro afronta su última semana, pero en él ya hemos tenido momentos que recordaremos y son exponente de esa variedad de aspectos que le otorgan personalidad, que nos interpelan en diferentes planos para proporcionarnos vida y aliento.
Un festival es una combinación de razón y emoción, de orden y espontaneidad, de clasicismo y heterodoxia, de seguridad y sorpresa, hasta conformar una propuesta que consiga atraer a aficionados de cualquier lugar, periodistas de medios dispares, profesionales del sector, turistas y curiosos. Almagro es la cita anual con la fiesta del teatro clásico, multiplicada en diversos escenarios a pesar de tratarse de una pequeña localidad, para mantener y ampliar una comunidad, como indicaba la directora del festival, Irene Pardo, en esta entrevista. Ella sería la equivalente a nuestro Luis de la Fuente, seleccionador nacional de fútbol, que nos ha traído nuestro segundo título mundial, gracias a sumar virtudes como las que hemos citado. Pero vayamos a los hechos.
Pepe Viyuela recibió un merecidísimo Premio Corral de Comedias 2026 en un acto que sirvió de inauguración. La habitual ‘laudatio’ tuvo en esta ocasión un especial significado y mucha gracia, puesto que su familia preparó en secreto una emotiva semblanza en verso, aprovechando que todos son teatreros. Con enredos siempre de vario pelaje se la colaron totalmente, como reconocía el propio Viyuela tras la farsa. Desde su esposa, Elena González, hasta sus hijos Samuel y Camila, sin olvidar a su nieta, que anduvo también correteando por ahí. Todos estaban en el ajo. Fue una entrañable celebración que culminó Pepe Viyuela con un precioso texto en forma de poético cuento, donde evocó la esencia del hecho teatral a lo largo de la historia. «El teatro sigue siendo una actividad revolucionaria, lúcida, que nos lleva no solo a sobrevivir, sino a vivir con dignidad». Su premio reconoce a un hombre bueno e íntegro.
Un festival ha de tener un inicio potente y ser capaz de mantener el nivel a lo largo de su andadura. Un estreno de la Compañía Nacional de Teatro Clásico suele afrontar esa responsabilidad, y en este caso se presentó con un texto fundamental de nuestro acervo: El caballero de Olmedo. Laila Ripoll, ha dotado a este drama de un marcado carácter romántico. Sin duda es el aspecto que más llamó la atención en la noche del estreno. Parecíamos ubicarnos en un salón de principios del siglo XIX, con amplios cortinajes que desvelaban escenas en un ambiente aristocrático, alejado de visiones ligadas al mundo rural. El drama de Lope de Vega es una historia de presentimientos funestos, de malos agüeros, de un fatalismo que cala en el protagonista, don Alonso, hasta impregnar su personalidad de rasgos románticos. Víctor Sáinz, actor procedente de la Joven CNTC, fue el encargado de dotar de rostro –espléndido cartel– y vida al personaje, incidiendo en una humanidad donde la vulnerabilidad ocupa su lugar. Elegante puesta en escena, que esperamos ver en el Teatro de la Comedia, como inicio de la próxima temporada, para constatar sus virtudes.
Los jóvenes han sido artífices de una exposición dedicada a componer la figura de mujeres de otros tiempos, titulada Hacer realidad lo fingido y verdadero lo aparente. Bordadoras, impresoras, escritoras, copistas o científicas de los siglos XVI y XVII, participaron de todos esos oficios sin que su brillo se reconociera en justa medida. Además de un trabajo de documentación muy importante, que puede verse en paneles en el claustro de la Casa Palacio Juan Jedler, se muestran figuras de aquellas mujeres compuestas por los estudiantes, incluyendo detalles que dan a conocer sus vidas. Lola vive en Pozuelo de Calatrava, pero estudia en el IES Clavero Fernández de Córdoba, en Almagro. «Me gusta mucho la poesía y la novela, y me gustaría ser escritora», nos reconocía el día de la inauguración. La también escritora María de Zayas es la personalidad que le sirve de inspiración y que ha tenido oportunidad de conocer más profundamente a través de esta actividad.
Leyre tiene 17 años y ha llegado desde Madrigueras, en Albacete. «Hemos dado visibilidad a estas mujeres y participado en actividades para estimular la creatividad. Por ejemplo, La Baltasara, que hacía funciones de teatro en el Corral del Príncipe, en Madrid, y era el sustento económico de ese espacio», nos explicó. No tiene claro a qué se dedicará profesionalmente, pero la cosa está entre psicología o magisterio. Además, todos los participantes han aportado un objeto relacionado con sus referentes femeninos. «He traído un micrófono porque mi madre es influencer«. ¡Cómo han cambiado los tiempos!
De esta juventud más esperanzadora al poso que otorga la veteranía. Ver a Ana Wagener en el Corral de Comedias, dando extensa vida a Laurencia, el personaje de Fuenteovejuna, es un privilegio para los que ocuparon sus sillas. Alberto Conejero firma un texto en el que, como siempre, aúna la inspiración poética y el aroma del Pueblo, cualidad que otorga a sus creaciones una llana belleza. El monólogo se inicia con un resumen a una voz de la obra de Lope de Vega, hecho con detenimiento e intensidad, una intensidad que ya sentimos el año pasado en Almagro, con la gran apuesta de Rakel Camacho ofreciendo nueva luz sobre el drama. La inspirada guitarra de Antonia Jiménez puso el contrapunto musical a la palabra, siempre con tiento y sabor flamenco. Una velada con enjundia.
Noche y día, en el Corral de Almagro siempre se mantiene la actividad. No ahuyenta al público que se programe una sesión a las doce del mediodía, siempre y cuando lo que allí se represente sea un derroche de vida y entusiasmo. Cristina Marín-Miró dirige a un cuarteto que se completa con Mario Patrón, Perla del Rocío y Daniel Bello. Ellos ponen en pie una aventura que cruza el océano vinculando América y España, en un viaje de ida y vuelta. Cómo el teatro penetró en aquellas tierras gracias a la labor que realizó nuestro país, y más concretamente con personajes como don Diego –extraordinario Mario Patrón– protagonista de esta historia. Un poeta del siglo XVII que se embarca en la aventura de montar compañía en Nueva España. Las pruebas de acceso que él mismo realiza a los candidatos son divertidísimas y el resultado brillante. Música de Raquel Molano y un ritmo trepidante, parecido al de los abanicos en el patio. Calor vivificante, en cualquier caso.
Para paliar el calor, nada mejor que aclimatarse en los salones del Parador de Almagro, sede no oficial del festival pero donde se vive a diario el pulso del mismo. Incluso se puede pasar algo de frío, ojo. Allí han tenido lugar charlas como la que mantuvieron Pedro Moreno, diseñador de vestuario, y la periodista Rosana Torres, sobre la película El perro del hortelano, un hito de nuestra cinematografía, porque no es tan habitual que este medio refleje y se ocupe de nuestro teatro clásico con tanto cuidado. Pilar Miró, directora de la película, tenía algún que otro proyecto planeado para seguir esa senda de lo clásico, pero no pudo llevarlo a cabo porque lo truncó un infarto al año siguiente del estreno. Pedro Moreno fue el responsable del vestuario de aquel film, y contó numerosas anécdotas respecto a la directora. Una mujer exigente y comprometida.
La reflexión filosófica también tuvo cabida en el festival, y ella nos llegó de la mano y la mente de Valerio Rocco, director del Círculo de Bellas Artes y doctor en Filosofía por la UAM, en ese mismo salón del Parador. Lo que en un principio iba a ser una diálogo con María Goiricelaya, acabó siendo una exposición moderada por Roberto Mendès, director del Ateneo de Almagro, debido a un grave contratiempo familiar de la directora -desde aquí le enviamos un abrazo-. Rocco desplegó su conocimiento para arrojar luz sobre el concepto de amor y muerte en nuestro teatro del Siglo de Oro, dictando lo que podría constituir una auténtica clase magistral, aunque siempre con la cercanía que permite su talante.
El riesgo nunca debe faltar en un festival. Finalizamos este recorrido por lo visto hasta ahora en Almagro, precisamente con la directora María Goiricelaya, quien presentó su última creación en el Teatro Municipal. No es mujer que eluda retos de entidad, y aquí tomó por los cuernos la famosa obra de Romeo y Julieta, para ofrecer una versión actualizada, hilvanada en un complejo juego dramatúrgico, que también es un camino de ida y vuelta porque cruza el Océano Atlántico. Las trabas para una historia en el siglo XXI poco se parecen a las del drama de Shakespeare: la diferencia de edad y condición, los niños al cargo, la distancia… Todo ello compone un puzzle que parece estar componiéndose y descomponiéndose a cada paso, pero da buena muestra de la inestabilidad de nuestras relaciones. El trabajo de la compañía La Dramática Errante resulta asombroso, porque los actores han de cambiar de trama y personajes a cada momento, regresando siglos atrás a Shakespeare para enlazar directamente con un local nocturno de la actualidad, un festival de música en Reino Unido o una habitación de hotel. Idas y vueltas del amor y sus imposibilidades, antes y ahora.
Almagro siempre nos procura un reencuentro con nuestro Siglo de Oro y sus aledaños. Estas son sólo algunas pinceladas de lo que hemos podido ver en el campo manchego, bajo el calor seco y las estrellas de la noche; las que brillan allá arriba y las que lucen sobre las tablas. Todavía queda una semana para observarlas.
Crónicas almagreñas de lo más destacado del festival cuando llega a su última semana, al hilo de una victoria histórica de nuestro fútbol
El festival de Almagro afronta su última semana, pero en él ya hemos tenido momentos que recordaremos y son exponente de esa variedad de aspectos que le otorgan personalidad, que nos interpelan en diferentes planos para proporcionarnos vida y aliento.
Un festival es una combinación de razón y emoción, de orden y espontaneidad, de clasicismo y heterodoxia, de seguridad y sorpresa, hasta conformar una propuesta que consiga atraer a aficionados de cualquier lugar, periodistas de medios dispares, profesionales del sector, turistas y curiosos. Almagro es la cita anual con la fiesta del teatro clásico, multiplicada en diversos escenarios a pesar de tratarse de una pequeña localidad, para mantener y ampliar una comunidad, como indicaba la directora del festival, Irene Pardo, en esta entrevista. Ella sería la equivalente a nuestro Luis de la Fuente, seleccionador nacional de fútbol, que nos ha traído nuestro segundo título mundial, gracias a sumar virtudes como las que hemos citado. Pero vayamos a los hechos.

Pepe Viyuela recibió un merecidísimo Premio Corral de Comedias 2026 en un acto que sirvió de inauguración. La habitual ‘laudatio’ tuvo en esta ocasión un especial significado y mucha gracia, puesto que su familia preparó en secreto una emotiva semblanza en verso, aprovechando que todos son teatreros. Con enredos siempre de vario pelaje se la colaron totalmente, como reconocía el propio Viyuela tras la farsa. Desde su esposa, Elena González, hasta sus hijos Samuel y Camila, sin olvidar a su nieta, que anduvo también correteando por ahí. Todos estaban en el ajo. Fue una entrañable celebración que culminó Pepe Viyuela con un precioso texto en forma de poético cuento, donde evocó la esencia del hecho teatral a lo largo de la historia. «El teatro sigue siendo una actividad revolucionaria, lúcida, que nos lleva no solo a sobrevivir, sino a vivir con dignidad». Su premio reconoce a un hombre bueno e íntegro.

Un festival ha de tener un inicio potente y ser capaz de mantener el nivel a lo largo de su andadura. Un estreno de la Compañía Nacional de Teatro Clásico suele afrontar esa responsabilidad, y en este caso se presentó con un texto fundamental de nuestro acervo: El caballero de Olmedo. Laila Ripoll, ha dotado a este drama de un marcado carácter romántico. Sin duda es el aspecto que más llamó la atención en la noche del estreno. Parecíamos ubicarnos en un salón de principios del siglo XIX, con amplios cortinajes que desvelaban escenas en un ambiente aristocrático, alejado de visiones ligadas al mundo rural. El drama de Lope de Vega es una historia de presentimientos funestos, de malos agüeros, de un fatalismo que cala en el protagonista, don Alonso, hasta impregnar su personalidad de rasgos románticos. Víctor Sáinz, actor procedente de la Joven CNTC, fue el encargado de dotar de rostro –espléndido cartel– y vida al personaje, incidiendo en una humanidad donde la vulnerabilidad ocupa su lugar. Elegante puesta en escena, que esperamos ver en el Teatro de la Comedia, como inicio de la próxima temporada, para constatar sus virtudes.

Los jóvenes han sido artífices de una exposición dedicada a componer la figura de mujeres de otros tiempos, titulada Hacer realidad lo fingido y verdadero lo aparente. Bordadoras, impresoras, escritoras, copistas o científicas de los siglos XVI y XVII, participaron de todos esos oficios sin que su brillo se reconociera en justa medida. Además de un trabajo de documentación muy importante, que puede verse en paneles en el claustro de la Casa Palacio Juan Jedler, se muestran figuras de aquellas mujeres compuestas por los estudiantes, incluyendo detalles que dan a conocer sus vidas. Lola vive en Pozuelo de Calatrava, pero estudia en el IES Clavero Fernández de Córdoba, en Almagro. «Me gusta mucho la poesía y la novela, y me gustaría ser escritora», nos reconocía el día de la inauguración. La también escritora María de Zayas es la personalidad que le sirve de inspiración y que ha tenido oportunidad de conocer más profundamente a través de esta actividad.

Leyre tiene 17 años y ha llegado desde Madrigueras, en Albacete. «Hemos dado visibilidad a estas mujeres y participado en actividades para estimular la creatividad. Por ejemplo, La Baltasara, que hacía funciones de teatro en el Corral del Príncipe, en Madrid, y era el sustento económico de ese espacio», nos explicó. No tiene claro a qué se dedicará profesionalmente, pero la cosa está entre psicología o magisterio. Además, todos los participantes han aportado un objeto relacionado con sus referentes femeninos. «He traído un micrófono porque mi madre es influencer«. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

De esta juventud más esperanzadora al poso que otorga la veteranía. Ver a Ana Wagener en el Corral de Comedias, dando extensa vida a Laurencia, el personaje de Fuenteovejuna, es un privilegio para los que ocuparon sus sillas. Alberto Conejero firma un texto en el que, como siempre, aúna la inspiración poética y el aroma del Pueblo, cualidad que otorga a sus creaciones una llana belleza. El monólogo se inicia con un resumen a una voz de la obra de Lope de Vega, hecho con detenimiento e intensidad, una intensidad que ya sentimos el año pasado en Almagro, con la gran apuesta de Rakel Camacho ofreciendo nueva luz sobre el drama. La inspirada guitarra de Antonia Jiménez puso el contrapunto musical a la palabra, siempre con tiento y sabor flamenco. Una velada con enjundia.

Noche y día, en el Corral de Almagro siempre se mantiene la actividad. No ahuyenta al público que se programe una sesión a las doce del mediodía, siempre y cuando lo que allí se represente sea un derroche de vida y entusiasmo. Cristina Marín-Miró dirige a un cuarteto que se completa con Mario Patrón, Perla del Rocío y Daniel Bello. Ellos ponen en pie una aventura que cruza el océano vinculando América y España, en un viaje de ida y vuelta. Cómo el teatro penetró en aquellas tierras gracias a la labor que realizó nuestro país, y más concretamente con personajes como don Diego –extraordinario Mario Patrón– protagonista de esta historia. Un poeta del siglo XVII que se embarca en la aventura de montar compañía en Nueva España. Las pruebas de acceso que él mismo realiza a los candidatos son divertidísimas y el resultado brillante. Música de Raquel Molano y un ritmo trepidante, parecido al de los abanicos en el patio. Calor vivificante, en cualquier caso.

Para paliar el calor, nada mejor que aclimatarse en los salones del Parador de Almagro, sede no oficial del festival pero donde se vive a diario el pulso del mismo. Incluso se puede pasar algo de frío, ojo. Allí han tenido lugar charlas como la que mantuvieron Pedro Moreno, diseñador de vestuario, y la periodista Rosana Torres, sobre la película El perro del hortelano, un hito de nuestra cinematografía, porque no es tan habitual que este medio refleje y se ocupe de nuestro teatro clásico con tanto cuidado. Pilar Miró, directora de la película, tenía algún que otro proyecto planeado para seguir esa senda de lo clásico, pero no pudo llevarlo a cabo porque lo truncó un infarto al año siguiente del estreno. Pedro Moreno fue el responsable del vestuario de aquel film, y contó numerosas anécdotas respecto a la directora. Una mujer exigente y comprometida.

La reflexión filosófica también tuvo cabida en el festival, y ella nos llegó de la mano y la mente de Valerio Rocco, director del Círculo de Bellas Artes y doctor en Filosofía por la UAM, en ese mismo salón del Parador. Lo que en un principio iba a ser una diálogo con María Goiricelaya, acabó siendo una exposición moderada por Roberto Mendès, director del Ateneo de Almagro, debido a un grave contratiempo familiar de la directora -desde aquí le enviamos un abrazo-. Rocco desplegó su conocimiento para arrojar luz sobre el concepto de amor y muerte en nuestro teatro del Siglo de Oro, dictando lo que podría constituir una auténtica clase magistral, aunque siempre con la cercanía que permite su talante.

El riesgo nunca debe faltar en un festival. Finalizamos este recorrido por lo visto hasta ahora en Almagro, precisamente con la directora María Goiricelaya, quien presentó su última creación en el Teatro Municipal. No es mujer que eluda retos de entidad, y aquí tomó por los cuernos la famosa obra de Romeo y Julieta, para ofrecer una versión actualizada, hilvanada en un complejo juego dramatúrgico, que también es un camino de ida y vuelta porque cruza el Océano Atlántico. Las trabas para una historia en el siglo XXI poco se parecen a las del drama de Shakespeare: la diferencia de edad y condición, los niños al cargo, la distancia… Todo ello compone un puzzle que parece estar componiéndose y descomponiéndose a cada paso, pero da buena muestra de la inestabilidad de nuestras relaciones. El trabajo de la compañía La Dramática Errante resulta asombroso, porque los actores han de cambiar de trama y personajes a cada momento, regresando siglos atrás a Shakespeare para enlazar directamente con un local nocturno de la actualidad, un festival de música en Reino Unido o una habitación de hotel. Idas y vueltas del amor y sus imposibilidades, antes y ahora.
Almagro siempre nos procura un reencuentro con nuestro Siglo de Oro y sus aledaños. Estas son sólo algunas pinceladas de lo que hemos podido ver en el campo manchego, bajo el calor seco y las estrellas de la noche; las que brillan allá arriba y las que lucen sobre las tablas. Todavía queda una semana para observarlas.
20MINUTOS.ES – Cultura
