
El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas enviarán a Ceuta 45.000 vacunas para prevenir que se propaguen enfermedades infecciosas entre los inmigrantes que llegaron a finales de julio, así como para proteger a la población local. La Comisión de Salud Pública, que se ha reunido este lunes, ha acordado activar el mecanismo de solidaridad para facilitar hasta 15.000 dosis de triple vírica, 10.000 de difteria-tétanos, y otras tantas de varicela y polio.
El mecanismo de solidaridad de las comunidades y el Ministerio de Sanidad aportará dosis de triple vírica, difteria, tétanos, varicela y polio
El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas enviarán a Ceuta 25.000 vacunas para prevenir que se propaguen enfermedades infecciosas entre los inmigrantes que llegaron a finales de julio, así como para proteger a la población local. La Comisión de Salud Pública, que se ha reunido este lunes, ha acordado activar el mecanismo de solidaridad para facilitar hasta 15.000 dosis de triple vírica y 10.000 de difteria-tétanos, varicela y polio.
“Aunque la situación no es una emergencia de salud pública, hay que trabajar en prevención, destacando que la medida más urgente es garantizar unas condiciones dignas para las personas migrantes”, ha asegurado Sanidad, que afirma que Ceuta contará “con las vacunas necesarias para responder a las necesidades extraordinarias de prevención de potenciales enfermedades mediante vacunación, tanto para personas ceutíes no vacunadas como en personas migrantes”.
La vacunación, aunque es una medida aconsejable, no es, sin embargo, la prioridad para la salud pública en Ceuta, según coinciden todos los expertos consultados. Resolver las condiciones de higiene, hacinamiento y hacer una evaluación del estado de salud de las personas que han llegado sería el primer paso, en opinión de especialistas en prevención y enfermedades infecciosas.
María del Mar Tomás, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) y microbióloga del Hospital de A Coruña, considera prioritario garantizar un acceso rápido a la asistencia sanitaria, con diagnóstico precoz, tratamiento, control de contactos y aislamiento cuando sea necesario.
“Son medidas especialmente importantes frente a las infecciones que pueden propagarse con más facilidad en situaciones de hacinamiento, como la sarna, las gastroenteritis o la varicela, y para detectar de forma temprana posibles casos de tuberculosis. Eso evitaría un brote importante”, señala Tomás.
Respecto a la vacunación, la especialista cree que habría que garantizar la protección frente a triple vírica (sarampión, rubéola y parotiditis), varicela, polio, tétanos y difteria, que son precisamente las que se van a enviar a Ceuta. Pero antes, considera necesario valorar la edad, el estado de salud y la situación epidemiológica de cada grupo antes de decidir las pautas.
En una situación como la de Ceuta, es complicado saber exactamente si las personas han sido vacunadas antes. En el caso de Marruecos, por ejemplo, sí cuenta con un calendario vacunal básico, pero en países del África subsahariana es menos probable que los inmigrantes hayan recibido alguna inyección. “En caso de duda, se vacuna”, resume Tomás, aunque advierte de que la inmunización tarda una o dos semanas en hacer efecto y que algunas vacunas requieren varias dosis.
Lo que los expertos descartan tajantemente es un confinamiento generalizado de los inmigrantes, como ha sugerido este fin de semana el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. El epidemiólogo Adrián H. Aginagalde argumenta que las medidas de salud pública deben adaptarse al mecanismo concreto de transmisión de cada enfermedad, y “no aplicar por defecto soluciones utilizadas frente a otros patógenos”.
En el caso de la sarna, que requiere fundamentalmente contacto directo y prolongado piel con piel —y en ocasiones con ropa o ropa de cama contaminada—, encerrar juntas a varias personas “parece la peor idea”, opina Aginagalde. Algo similar ocurre con la tuberculosis: el riesgo aumenta con la exposición prolongada a una persona contagiosa, especialmente en lugares cerrados y mal ventilados, por lo que el confinamiento conjunto podría incluso favorecer la transmisión.
Aginagalde explica que reducir drásticamente los contactos sí puede tener sentido ante enfermedades de transmisión muy rápida y difícil de evitar, sobre todo cuando existe contagio antes de la aparición de síntomas, pero no simplemente porque exista cualquier enfermedad transmisible. Además, cuestiona la propia viabilidad de la medida: “¿Cómo se confina en su domicilio a una población que no tiene domicilio?“.
Similares argumentos usan varios expertos de los que se hace eco la agencia Science Media Center. Antoni Trilla, consultor sénior del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, resume la actuación básica en tres pasos: “detectar, aislar y tratar” los casos e identificar después a sus posibles contactos, con medidas diferentes según la forma de transmisión de cada enfermedad.
Joan A. Caylà, presidente de la Fundación de la Unidad de Investigación en Tuberculosis de Barcelona, recomienda revisar sistemáticamente a las personas procedentes de países donde su incidencia es muy superior a la española, aislar y tratar los casos que se detecten y estudiar a sus contactos. También pide una vigilancia especial de los niños ante enfermedades como el sarampión o la varicela.
Los especialistas coinciden además en que el principal riesgo sanitario recae sobre los propios migrantes sometidos a condiciones de hacinamiento e insalubridad, y no sobre la población general de Ceuta. José Miguel Cisneros, director de la Unidad Clínica de Enfermedades Infecciosas del Hospital Virgen del Rocío, señala que los residentes “no tienen mayor riesgo de adquirirlas”, aunque sí deben extremar la protección los profesionales sanitarios y otras personas que atienden directamente a los migrantes.
El epidemiólogo Pedro Arcos añade que el peligro fundamental no es una importación masiva de enfermedades “exóticas”, sino que las condiciones de vida tras la llegada favorezcan infecciones gastrointestinales, sarna, impétigo o tuberculosis. Arcos estima que el riesgo de brotes entre quienes comparten esos espacios es moderado-alto, mientras que para la población general de Ceuta es bajo.
Desde el terreno, Abdelghani El Amrani El Marini, secretario general del Sindicato Médico de Ceuta, relata que la situación sanitaria sigue muy tensionada, con guardias y turnos extra en los que siguen viendo a “cientos” de inmigrantes cada día en el hospital de la ciudad autónoma. Denuncia “cero coordinación” por parte del Ministerio de Sanidad, que tiene las competencias en asistencia sanitaria en Ceuta.
Después de la visita que hizo la ministra, Mónica García, hace una semana, este lunes ha llegado a la ciudad su secretario de Estado, Javier Padilla, que estos días mantendrá reuniones para evaluar cómo está funcionando tanto la Atención Primaria como la hospitalaria.
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