El complejo caso de Lindsay Clancy ha trascendido fronteras y ha abierto un intenso debate sobre la salud mental y la responsabilidad de la acusada en el momento en el que ocurrió el crimen. Los hechos son claros. Lindsay Clancy asesinó a sus tres hijos: Cora, de cinco años; Dawson, de 3 y Calan de ocho meses. El 24 de enero de 2023, la mujer aprovechó que su marido había salido y estranguló a los menores con unas bandas elásticas en el sótano de su vivienda, situada en el estado de Massachusetts (Estados Unidos). Después, saltó por la ventana de un segundo piso tras infringirse heridas con un cuchillo en las muñecas y en el cuello.
Su marido y padre de los menores, Patrick Clancy, fue quien se encontró la escena al regresar a su hogar. El hombre aseguró en una llamada realizada al 112 que ella estaba tirada boca arriba, debajo de la ventana, y que le dijo que había tratado de quitarse la vida. Este intento de suicidio ha dejado a Lindsay Clancy en una silla de ruedas el resto de su vida, paralizada de la cintura para abajo.
La mujer no ha negado haber matado a sus tres hijos pero se declaró no culpable el 7 de febrero de 2023 de los cargos de homicidio durante una comparecencia virtual desde una cama de hospital ante el Tribunal de Distrito de Plymouth. Sus abogados han afirmado que, en el momento del suceso, ella padecía psicosis posparto, una afección poco común similar a la depresión posparto que afecta el estado mental de una madre en los meses posteriores a dar a luz.
Las redes sociales se han hecho eco de este juicio, que comenzó a finales de julio, con miles de opiniones enfrentadas. Por un lado, los que defienden que Lindsay Clancy estaba enferma. Por otro, los que aseguran que es responsable de sus acciones y que actuó de forma premeditada.
Este debate ha llevado incluso a poner en marcha una campaña en GoFundMe, bautizada como ‘The Musgrove Family Fund‘ en la, según la descripción aportada en la web, «las contribuciones ayudarán a cubrir los gastos acumulados de viaje, alojamiento, manutención y otros gastos familiares derivados de su continuo apoyo a Lindsay durante su caso». La recaudación concreta que los padres de la acusada, Mike y Paula, «son los beneficiarios designados y receptores directos de la recaudación de fondos» y ya ha conseguido más de un millón de dólares.
Los recovecos del caso
Este caso tiene muchos matices. En los meses posteriores al nacimiento de su tercer hijo, la salud mental de la mujer se deterioró drásticamente. Incapaz de dormir y atormentada por pensamientos de autolesionarse, buscó atención de expertos en trastornos del estado de ánimo posparto, le recetaron varios medicamentos psiquiátricos y, al no obtener resultados, ingresó en un hospital psiquiátrico. Diecinueve días después de recibir el alta, estranguló a sus tres hijos en su casa de Massachusetts.
El abogado de Lindsay Clancy, Kevin Reddington, ha defendido que ella padecía psicosis posparto, una enfermedad mental poco común relacionada con el estrés, la falta de sueño y los cambios hormonales que siguen al parto. El letrado añadió que también sufría trastorno bipolar y que los antidepresivos que le recetaron tras el nacimiento de su tercer hijo empeoraron su estado.
Por el contrario, el fiscal Shanan Buckingham argumentó que Clancy «actuó intencionalmente, racionalmente y con rapidez» y que es totalmente responsable de las muertes. «No se trataba de una mujer sumida en un episodio psicótico», declaró Buckingham. «No es un debate público sobre la salud mental de las mujeres ni sobre cómo el sistema médico las trata. Este caso trata sobre la acusada, Lindsay Clancy».
El padre de los menores declaró ante el juzgado a finales de julio que nadie le dijo que su esposa no debía quedarse sola con los niños: «No sabía lo que era la psicosis hasta que esto sucedió». Clancy y su exmarido acusan a los médicos de no haberla diagnosticado, tratado ni supervisado adecuadamente, según las demandas presentadas a principios de este año.
En esta cuarta semana de juicio ha destacado el testimonio de Paul Zeizel, un psicólogo que ha tratado a Clancy tras la muerte de los niños y que compareció en el estrado a petición de la defensa. «Era incapaz de ajustar su comportamiento a las normas legales y no comprendía la ilicitud de su acto», ha manifestado.
Si la mujer es declarada culpable de asesinato, se enfrenta a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Si es declarada inocente por falta de responsabilidad penal, sería internada en un centro psiquiátrico estatal.
Sus abogados han afirmado que, en el momento del suceso, ella padecía psicosis posparto mientras que el fiscal argumentó que «actuó intencionalmente y racionalmente», responsabilizándola de las muertes.
El complejo caso de Lindsay Clancy ha trascendido fronteras y ha abierto un intenso debate sobre la salud mental y la responsabilidad de la acusada en el momento en el que ocurrió el crimen. Los hechos son claros. Lindsay Clancy asesinó a sus tres hijos: Cora, de cinco años; Dawson, de 3 y Calan de ocho meses. El 24 de enero de 2023, la mujer aprovechó que su marido había salido y estranguló a los menores con unas bandas elásticas en el sótano de su vivienda, situada en el estado de Massachusetts (Estados Unidos). Después, saltó por la ventana de un segundo piso tras infringirse heridas con un cuchillo en las muñecas y en el cuello.
Su marido y padre de los menores, Patrick Clancy, fue quien se encontró la escena al regresar a su hogar. El hombre aseguró en una llamada realizada al 112 que ella estaba tirada boca arriba, debajo de la ventana, y que le dijo que había tratado de quitarse la vida. Este intento de suicidio ha dejado a Lindsay Clancy en una silla de ruedas el resto de su vida, paralizada de la cintura para abajo.
La mujer no ha negado haber matado a sus tres hijos pero se declaró no culpable el 7 de febrero de 2023 de los cargos de homicidio durante una comparecencia virtual desde una cama de hospital ante el Tribunal de Distrito de Plymouth. Sus abogados han afirmado que, en el momento del suceso, ella padecía psicosis posparto, una afección poco común similar a la depresión posparto que afecta el estado mental de una madre en los meses posteriores a dar a luz.
Las redes sociales se han hecho eco de este juicio, que comenzó a finales de julio, con miles de opiniones enfrentadas. Por un lado, los que defienden que Lindsay Clancy estaba enferma. Por otro, los que aseguran que es responsable de sus acciones y que actuó de forma premeditada.
Este debate ha llevado incluso a poner en marcha una campaña en GoFundMe, bautizada como ‘The Musgrove Family Fund‘ en la, según la descripción aportada en la web, «las contribuciones ayudarán a cubrir los gastos acumulados de viaje, alojamiento, manutención y otros gastos familiares derivados de su continuo apoyo a Lindsay durante su caso». La recaudación concreta que los padres de la acusada, Mike y Paula, «son los beneficiarios designados y receptores directos de la recaudación de fondos» y ya ha conseguido más de un millón de dólares.
Este caso tiene muchos matices. En los meses posteriores al nacimiento de su tercer hijo, la salud mental de la mujer se deterioró drásticamente. Incapaz de dormir y atormentada por pensamientos de autolesionarse, buscó atención de expertos en trastornos del estado de ánimo posparto, le recetaron varios medicamentos psiquiátricos y, al no obtener resultados, ingresó en un hospital psiquiátrico. Diecinueve días después de recibir el alta, estranguló a sus tres hijos en su casa de Massachusetts.
El abogado de Lindsay Clancy, Kevin Reddington, ha defendido que ella padecía psicosis posparto, una enfermedad mental poco común relacionada con el estrés, la falta de sueño y los cambios hormonales que siguen al parto. El letrado añadió que también sufría trastorno bipolar y que los antidepresivos que le recetaron tras el nacimiento de su tercer hijo empeoraron su estado.
Por el contrario, el fiscal Shanan Buckingham argumentó que Clancy «actuó intencionalmente, racionalmente y con rapidez» y que es totalmente responsable de las muertes. «No se trataba de una mujer sumida en un episodio psicótico», declaró Buckingham. «No es un debate público sobre la salud mental de las mujeres ni sobre cómo el sistema médico las trata. Este caso trata sobre la acusada, Lindsay Clancy».
El padre de los menores declaró ante el juzgado a finales de julio que nadie le dijo que su esposa no debía quedarse sola con los niños: «No sabía lo que era la psicosis hasta que esto sucedió». Clancy y su exmarido acusan a los médicos de no haberla diagnosticado, tratado ni supervisado adecuadamente, según las demandas presentadas a principios de este año.
En esta cuarta semana de juicio ha destacado el testimonio de Paul Zeizel, un psicólogo que ha tratado a Clancy tras la muerte de los niños y que compareció en el estrado a petición de la defensa. «Era incapaz de ajustar su comportamiento a las normas legales y no comprendía la ilicitud de su acto», ha manifestado.
Si la mujer es declarada culpable de asesinato, se enfrenta a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Si es declarada inocente por falta de responsabilidad penal, sería internada en un centro psiquiátrico estatal.
20MINUTOS.ES – Internacional
