La «germanía» fue la jerga utilizada por ladrones, rufianes y otros miembros del hampa, especialmente durante los siglos XVI y XVII. Su nombre procede del latín germānus, «hermano», y remite a la idea de hermandad o asociación entre quienes formaban parte de un mismo grupo. De hecho, la palabra también se empleó antiguamente en el reino de Valencia con el significado de «hermandad o gremio».
Quienes vivían al margen de la ley desarrollaron un vocabulario propio que les permitía comunicarse entre ellos y, al mismo tiempo, dificultaba que los demás entendieran lo que decían. Muchas palabras corrientes adquirían significados diferentes y se incorporaban voces procedentes de distintas lenguas y ambientes marginales. Así, por ejemplo, en germanía martillar significaba «caminar», trena «cárcel» o chorar «robar» (entre cientos de términos utilizados).
Esta forma de hablar quedó ampliamente reflejada en la literatura del Siglo de Oro y llegó incluso a recopilarse en vocabularios específicos. Uno de los más conocidos fue el Vocabulario de germanía, publicado en 1609 por Juan Hidalgo, que reunía numerosas palabras utilizadas entre delincuentes y tahúres.
La literatura criminal posterior ha seguido recurriendo a jergas delictivas para caracterizar a personajes y ambientes del hampa, aunque el vocabulario haya cambiado mucho desde aquellos rufianes del Siglo de Oro.
Descubre qué era la germanía, de dónde procede su nombre y cómo esta antigua jerga de delincuentes quedó reflejada en la literatura.
La «germanía» fue la jerga utilizada por ladrones, rufianes y otros miembros del hampa, especialmente durante los siglos XVI y XVII. Su nombre procede del latín germānus, «hermano», y remite a la idea de hermandad o asociación entre quienes formaban parte de un mismo grupo. De hecho, la palabra también se empleó antiguamente en el reino de Valencia con el significado de «hermandad o gremio».
Quienes vivían al margen de la ley desarrollaron un vocabulario propio que les permitía comunicarse entre ellos y, al mismo tiempo, dificultaba que los demás entendieran lo que decían. Muchas palabras corrientes adquirían significados diferentes y se incorporaban voces procedentes de distintas lenguas y ambientes marginales. Así, por ejemplo, en germanía martillar significaba «caminar», trena «cárcel» o chorar «robar» (entre cientos de términos utilizados).
Esta forma de hablar quedó ampliamente reflejada en la literatura del Siglo de Oro y llegó incluso a recopilarse en vocabularios específicos. Uno de los más conocidos fue el Vocabulario de germanía, publicado en 1609 por Juan Hidalgo, que reunía numerosas palabras utilizadas entre delincuentes y tahúres.
La literatura criminal posterior ha seguido recurriendo a jergas delictivas para caracterizar a personajes y ambientes del hampa, aunque el vocabulario haya cambiado mucho desde aquellos rufianes del Siglo de Oro.
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