La herramienta se integra en cualquier LLM y permite pasar de un prompt a un curso en cuestión de una hora y a coste cero. A comienzos de octubre, la startup fue premiada en la HR Innovation Summit celebrada en La Nave (Madrid). Leer La herramienta se integra en cualquier LLM y permite pasar de un prompt a un curso en cuestión de una hora y a coste cero. A comienzos de octubre, la startup fue premiada en la HR Innovation Summit celebrada en La Nave (Madrid). Leer
En el momento de la entrevista, Guillermo García, CEO de Alumne Flex, transita los espacios de Startup Olé, la feria del sector que se celebra en Salamanca desde 2014. Se nota trajín de fondo, pero García se las apaña para ponerse una vez más la capa del orador que sabe que tiene entre manos un proyecto nuevo nacido de una vieja experiencia. En realidad, no tan vetusta: Alumne (a secas) se lanzó al mercado en diciembre de 2014. También empeñaba todos sus esfuerzos en mejorar el panorama de la formación y lo hacía envuelta en la bufanda del sempiterno SaaS (software as a service). En la cresta de su propia ola, contó con 21 trabajadores, gestionó desde la nube los cursos de más de 100.000 profesionales y enfiló el pasillo (según algunos, glorioso) que conduce al exit.
Ocurre que una vez iniciados estos procesos de fusiones y adquisiciones lo normal es firmar cláusulas de confidencialidad. Nunca trascendió la identidad de la organización interesada en adquirir Alumne, pero sí la torcedura final de una operación que provocó, de modo colateral e inesperado, el nacimiento de una suerte de iteración: Alumne Flex. «Queríamos aprovechar la experiencia previa para hacer algo similar y diferente, aprovechando para crear una compañía nativa de IA. Actualmente somos tres en plantilla e ingresamos lo mismo que cuando éramos 21». El lanzamiento de la nueva marca se produjo en septiembre y, ya a comienzos de octubre, el trío que lidera García se hizo con un premio en la categoría de tendencias del futuro en la HR Innovation Summit celebrada en La Nave (Madrid).
Cada vez se observan más demostraciones del valor inherente a la IA en forma de productividad supersónica. Aquí se cumple escrupulosamente la norma. En apenas una hora, tras volcar los contenidos necesarios, la batidora algorítmica de Alumne Flex proporciona a empresas, universidades y escuelas de FP cursos estructurados en toda suerte de formatos, desde el audiolibro hasta el vídeo, pasando por el texto interactivo. La magia está en la facilidad de uso, pues la solución se integra en cualquier LLM, empezado por ChatGPT y Claude, «para que los clientes escriban sus prompts e ideen sus contenidos con su agente favorito. Le das las instrucciones al chatbot, vuelcas la documentación, explicas lo que quieres que dure el curso, te vas a tomar un café, vuelves, revisas todo y lo publicas. Esta metodología transforma por completo la forma de trabajar en los equipos de formación. En sitios con pocos recursos pasan de no tener nada a contar con un material educativo al nivel de las mejores instituciones del mundo», opina el emprendedor español.
Se mencionaba el SaaS, aupado en los últimos tiempos al podio de los acrónimos de origen anglosajón. García lo utiliza por oposición a su modelo de negocio, que regresa, como los viejos clásicos, a la licencia de software tan popular en los años 90. Se paga una vez (de media un proyecto tipo cuesta unos 6.000 euros) y la empresa decide si se abona al servicio de mantenimiento (equivalente a un 20% del precio de la licencia al año). Esta es la referencia para organizaciones de aproximadamente 500 empleados; en la gran corporación sube la tarifa. Sirve la comparativa con Alumne, que sí era un SaaS, y donde el cliente permanecía por lo común entre cinco y siete años. «Con la licencia actual, el ahorro es del 70% para esos plazos. La herramienta puede instalarse casi en cualquier servidor y ese servidor cuesta dinero, pero está súper optimizado y ese pellizco no supera el 5% del coste de la licencia a cinco años. A cambio, en los contenidos que generas te ahorras en esencia el 100%». El esquema del SaaS, alega el CEO, «está corrompido y no se alinea con el usuario. Si, por ejemplo, te gusta la fotografía y recurres a Adobe para editar tus imágenes con Lightroom y Photoshop, estar 18 años con ellos equivale a pagar 18 veces por una licencia donde antes el desembolso era único. Alumne Flex crea un producto al que puedes recurrir como si fuese tuyo, con la única excepción de la venta del mismo a terceros». Una sospecha asoma el hocico en este horizonte digital: quizás la startup haya leído bien la temperatura de una sociedad cosida a suscripciones (Prime, Netflix, la nube de Apple, los servicios prémium de Garmin, el gimnasio, el móvil) e incapaz de asumirlas todas.
En el salto con tirabuzón de Alumne a Alumne Flex, se pasa de un SaaS para compañías grandotas con ganas de montar un campus virtual a darlo todo mascado. Desmenuza así la transición el entrevistado: «Alumne arreglaba una pequeña parte del problema, porque concurren varios elementos. Hay una faceta de administración del alumnado que es muy tediosa. Luego hace falta un plan de formación. Y unos contenidos en formato digital. Y la tecnología que te permite entregar dichos contenidos. A Telefónica le preparamos toda la formación para su escuela de ciberseguridad y costó una pasta. En conjunto, orquestar y coordinar cada pieza era complejo y caro». La IA se zampa esa brecha.
«Ahora nos hemos posicionado en otra era», continúa. «Tal y como hoy funciona, el código ya no representa un valor diferencial; es un commodity. En vez de alquilarte la plataforma, te la vendemos y te damos soporte. Esto va contra las tendencias predominantes, pero nosotros te decimos: compra, accede al código fuente y marca la evolución que más te convenga», incide García.
Para saber lo que se obtiene con un poco de maña, Alumne Flex permite, previa invitación, observar algunos de los cursos que propicia su maquinaria en su academia digital. Uno de los más exitosos se llama Dentro de la IA: descubre cómo funciona un LLM. Dura diez horas, consta de cinco módulos e incluye un test final para averiguar cuán espabilado es el estudiante. Si esta criatura se concibió en una hora, merece la pena pensárselo.
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