Sandra Martinez Roe, una madre de Los Ángeles, espera que su hijo nunca utilice la inteligencia artificial en el colegio. “No voy a permitir que mis niños sean unos conejillos de Indias”, afirma por teléfono. La junta escolar de la ciudad le concedió su deseo, al menos temporalmente, hace dos semanas. El Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD, por sus siglas en inglés) ha expulsado a la IA de las aulas públicas este curso.
La ministra de Educación del país báltico, Kristina Kallas, propone “rediseñar el proceso de aprendizaje sabiendo que los alumnos ya utilizan la IA en casa”
Sandra Martinez Roe, una madre de Los Ángeles, espera que su hijo nunca utilice la inteligencia artificial en el colegio. “No voy a permitir que mis niños sean unos conejillos de Indias”, afirma por teléfono. La junta escolar de la ciudad le concedió su deseo, al menos temporalmente, hace dos semanas. El Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD, por sus siglas en inglés) ha expulsado a la IA de las aulas públicas este curso.
Martinez Roe, miembro del colectivo de padres Schools Beyond Screens (Escuelas Más Allá de las Pantallas) —que lucha contra la tecnología en los colegios—, asistió a la reunión con la junta en la que se tomó la decisión. “Entramos a la reunión preparados con nuestras reivindicaciones, algunas investigaciones y una lista de expertos”, explica. “Cuando terminó, habían apagado todas las herramientas de IA en todos los grados y edades [los más mayores tienen 18 años]. Fue una sorpresa y una gran victoria para nosotros”, cuenta.
Del mismo modo, una de las medidas más llamativas puestas en marcha en los últimos días por el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha sido la de “proteger la enseñanza humana con la moratoria más amplia del país sobre la IA en las escuelas”, según explica el Ayuntamiento. “La industria tecnológica quiere convencernos de que la educación temprana con inteligencia artificial no solo es inevitable, sino necesaria. Nosotros no lo vemos así”, dijo Mamdani.
Frente a ese apagón de la IA en Nueva York y Los Ángeles, Estonia, el primer país europeo y el tercero del mundo en las pruebas educativas de PISA, la enciende. Ya lleva un año facilitando a los estudiantes de 16 años una versión adaptada de ChatGPT, el chatbot de OpenAI, que guía al alumno en vez de resolverle su consulta. La ministra de Educación estonia, Kristina Kallas, subraya por videollamada: “No creo que prohibir la IA impida a los jóvenes usarla. El uso de la IA será más clandestino y más escondido de la vista de un adulto, pero aun así intentarán usarla”.
El país báltico despliega el modelo especializado, desarrollado en colaboración con OpenAI, al considerar que “la IA de uso general no está hecha para aprender”, alerta la ministra. Describe la herramienta del ministerio como un GPT (siglas de transformador generativo preentrenado, en inglés) “socrático” que ayuda a los alumnos a “desarrollar su pensamiento crítico y su crecimiento cognitivo”.
A su despacho no le ha llegado ni una queja de una familia estonia por implementar el modelo adaptado, destaca Kallas. La única ha sido de su propio hijo, y por otro motivo. La ministra cuenta: “Mi niño entró en undécimo curso [equivalente del 1º de Bachillerato] cuando se introdujo la herramienta el año pasado. Le pregunté: ‘¿Cómo va?’ Y me dijo: ‘Me molesta mucho porque no me da respuestas’”.

Kallas asegura que solo es el primer paso. “Hay que rediseñar el proceso de aprendizaje sabiendo que los alumnos ya utilizan la IA en casa cuando hacen los deberes”, señala. “Conocen la tecnología mucho mejor que los profesores”. El Gobierno no contempla dejar suelta a la IA entre alumnos menores de 16 años, una política que comparte de una u otra forma con Nueva York (que veta el uso de la tecnología hasta los 14 años), Noruega y China, pero a esas edades sí forma a los profesores. “Son las edades en las que hay que desarrollar aprendices autoguiados. Pero los docentes saben que un chaval de 12 años utiliza la IA para los deberes, entonces hay que diseñar la tarea de tal forma que los alumnos estén obligados a pensar y aprender”, relata Kallas.
La ministra cree que es “el mayor reto de la humanidad”. Y continúa: “Es una tecnología que no nos obliga a pensar y hace que dependamos de las máquinas. Todo pasa muy rápido en un sistema educativo y, si no actuamos, todo el pensamiento y la memoria se externalizan”. Suena apocalíptico, pero Kallas afirma que trabaja para prevenir un colapso educativo. “Una norma prohibitiva es una opción, pero prohibir las herramientas no hace que desaparezcan. El riesgo es mayor: que el aprendizaje en la escuela vuelva obsoleto”, señala.
Su propio razonamiento analítico no está tan lejos del de Los Ángeles. La ciudad revisará la prohibición, que engloba a 380.000 alumnos, a finales del curso, según un portavoz del distrito escolar angelino. “Nuestra política es restringir el acceso del estudiante a las plataformas de IA generativa mientras el distrito revisa el uso instructivo y salvaguardias”, matiza en un comunicado remitido a EL PAÍS.
Aunque la ciudad sea pionera estadounidense en emitir una prohibición total a la IA en las aulas, no es el primer giro de guion en este tema. Nueva York prohibió en enero de 2023 el acceso del alumnado y del profesorado a ChatGPT, poco después del estreno del chatbot que encendió las alarmas del mundo educativo por la facilidad de copiar en exámenes. Pero revirtió la medida en octubre del mismo año para “aprovechar su potencial”, escribió el entonces canciller de Educación de Nueva York, David Banks, en un artículo de opinión.
En una escala entre Nueva York y Los Ángeles hasta Estonia, la mayoría de los sistemas educativos del mundo se encuentran hoy en el medio, sin políticas tan específicas, según explica Mark West, investigador de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés). Una excepción a la regla son los Emiratos Árabes Unidos, que designan la IA como una asignatura obligatoria desde Infantil. A partir de los 4 años, los alumnos emiratíes aprenden a comparar las máquinas con los humanos y dan sus primeros pasos con aplicaciones de IA, mientras los que tienen entre 10 y 14 años diseñan sistemas de inteligencia artificial.
“A primera vista, parece que son los dos polos opuestos, pero no es así”, subraya West. “Si miras más allá, los Emiratos y Estonia enseñan a los alumnos sobre la IA. Nosotros creemos que eso es importante y urgente. Pero depender de la IA para aprender es otra cosa”.
España ya depende de ella. Junto con los de Malta, los estudiantes españoles son los que más usan la IA para estudiar del mundo desarrollado, según el Informe PISA publicado el pasado 8 de septiembre. Pero los cinco países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en los que los alumnos menos la utilizan para las tareas escolares sacan mejores notas en las pruebas.
El Ministerio de Educación español establece unas reglas generales para el uso de la IA en los colegios, pero recalca en una respuesta a EL PAÍS que “las competencias educativas las tienen las comunidades autónomas”. Una guía publicada el 8 de septiembre por el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado señala que “la alfabetización en IA constituye hoy una dimensión necesaria de la formación integral del alumnado”. De momento, Cataluña es la única autonomía que recomienda prohibir el uso no supervisado de la IA en las aulas, en este caso a los menores de 14 años.
Todas las escuelas del mundo afrontan esta tecnología sin saber adónde llevará a sus alumnos, en un momento en el que dos protagonistas del auge de la IA, Dario Amodei y Sam Altman, proponen reducir el ritmo de desarrollo de los modelos. Se nota en que la UNESCO, una autoridad mundial en educación, plantea a la vez acelerar y salvaguardar el despliegue de la IA: “Hay que hacer que estas herramientas ayuden a la educación y a los niños, y asegurar que son seguras”, enfatiza West.
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