Sánchez es tercero en el voto joven, ha perdido la hegemonía en el femenino y ni siquiera gusta ya a su propio electorado Leer Sánchez es tercero en el voto joven, ha perdido la hegemonía en el femenino y ni siquiera gusta ya a su propio electorado Leer
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No sé si el Gobierno hubiera declarado la emergencia de interés de nacional por los incendios si no lo hubiera pedido Ayuso, pero puedo suponer lo que habría hecho porque hay precedentes. Se ha pervertido tanto el significado de lo que es nacional que para muchos no está claro que decenas de miles de evacuados y de hectáreas abrasadas sean motivo suficiente.
En la radiografía electoral que ofrecemos hoy a un año del final de legislatura, Sánchez mediante, el PSOE toca fondo desde su última derrota en las urnas, que fue la de 2023. En este declive ha habido tres momentos cruciales de traición hacia los propios votantes y de correspondiente pérdida de apoyos. Uno fue la amnistía, a finales de 2023. Otro fue (es) la corrupción, inagotable fuente de vergüenzas. Y hay un tercero, suficientemente importante para haberse querido enterrar bajo un mar de mazones, pero que los incendios traen inmediatamente a la memoria: la dana.
En los tres meses siguientes a las inundaciones y los 238 fallecidos que provocaron, el PSOE perdió casi dos puntos de estimación de voto y pasó de aspirar al 30% a estar cerca del 25%, donde sigue. Fueron las semanas del «si necesita más recursos que los pida», de la espantada de Paiporta y del asalto a RTVE en plena tragedia.
Allí no se declaró emergencia nacional, como aquí se han apresurado a tirársela a la cabeza a la presidenta madrileña. La agitación permanente para que no se hable del problema de fondo: no se hace nada para afrontar un problema estructural. Los incendios son uno de estos asuntos que requieren planificación a largo plazo, consenso político y colaboración entre las administraciones, que son tres cosas de las que carece este Gobierno por completo. Porque el Ejecutivo no es solo Puente dándole al tuit, que también, sino que es sobre todo Sánchez remarcando en cada sílaba que un pacto de Estado será por la emergencia climática o no será, no se le vaya a ocurrir a alguien ponerse de verdad a ello.
Este esquema es aplicable a los incendios, el agua, la vivienda, las pensiones, los trenes y carreteras, la educación, la sanidad, la natalidad o cualquier otro asunto que requiera reformas ambiciosas. España entró en stand-by en 2023 y sigue esperando a que la situación se desbloquee, en el sentido que sea, pero el dueño del botón tiene en la convocatoria electoral su último ardid y no lo quiere desperdiciar.
La encuesta señala que los partidos del Gobierno, PSOE y Sumar, han perdido en tres años dos millones de votos y 30-36 escaños. Son las cifras propias de quienes van a abandonar el poder. Decía Page la semana pasada en estas páginas que «estamos en el momento de mayor hundimiento electoral del PSOE», lo cual apunta a ser cierto: Sánchez cogió al partido con 110 diputados y lo puede dejar por debajo de 100.
A los socialistas se les están yendo 800.000 votos directamente a la derecha y el resto se pierde en el sumidero de la desmovilización y hacia otros partidos, que ahí está Aliança Catalana irrumpiendo en el Congreso con 4-5 escaños, cuyo origen no es solo Puigdemont, como ya han señalado otras encuestas.
Sánchez es tercero en el voto joven, ha perdido la hegemonía en el femenino y ni siquiera gusta a sus votantes, que le valoran con un triste 6,3, el líder peor valorado por su propia base. Sigue esperando a convocar elecciones porque sigue confiando en un milagro, pero bien puede ocurrir lo contrario. Los dos últimos meses han sido los peores en la encuesta y juega, demasiado, con fuego.
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