Manuel Fernández, expulsado de la Alcaldía por sus antiguos compañeros tras su pase el PSOE, defiende que su fichaje era «lo mejor» para su pueblo, pero allí pocos entienden su maniobra Leer Manuel Fernández, expulsado de la Alcaldía por sus antiguos compañeros tras su pase el PSOE, defiende que su fichaje era «lo mejor» para su pueblo, pero allí pocos entienden su maniobra Leer
A Manuel Fernández, Manolín para casi todos, es difícil encontrarle una mañana cualquiera por las calles de La Campana. Mucho menos en el Ayuntamiento, su oficina durante los últimos doce años.El antiguo alcalde de esta pequeña localidad del valle del Guadalquivir (poco más de 5.000 habitantes) perdió la vara de mando tras una moción de censura de quienes fueron, durante más de una década, sus compañeros y ha cambiado el despacho oficial por un concesionario del Aljarafe donde se gana la vida vendiendo coches.
Hasta hace solo unos meses, Fernández Oviedo era omnipresente en La Campana. En sus calles y en las redes sociales, donde se prodigaba continuamente en su faceta de alcalde. Era, dicen en el pueblo, «muy querido» (y aùn lo es para muchos). Tanto que casi siete de cada diez de sus vecinos le votaron en las últimas elecciones municipales, las de 2023, y gobernaba con una mayoría más absolutísima que la de Juanma Moreno, con diez concejales de trece.
Pero… todo cambió a finales del año pasado.
«Buenas tardes, La Campana. Quiero compartir con vosotros una decisión mediatada, una decisión importante: me he adherido, como militante, al Partido Socialista». El 29 de diciembre pasado, Manuel Fernández Oviedo, más conocido como Manolín, alcalde de La Camapana (un pequeño municipio de Sevilla) sorprendía a sus vecinos con un vídeo, publicado en sus redes sociales, en el que anunciaba su fichaje por el PSOE porque, decía, «es lo mejor que le puede pasar a este pueblo». Se iba al partido que dirige María Jesús Montero en Andalucía tras más de tres lustros liderando Juntos por La Campana, una agrupación electoral que heredó los restos del Partido Andalucista en esa localidad y bajo cuya marca había conseguido tres mayorías absolutas. «No me voy a ir a ningún sitio», afirmaba también en aquel vídeo grabado en la sede del PSOE de Sevilla y donde firmaba su incorporación a sus filas ante un sonriente Javier Fernández, presidente de la Diputación provincial y secretario general en la provincia.
Seis meses (y algunos días) después, hay muchos de esos vecinos a los que se dirigía en su vídeo que aseguran que aún no han encajado la sorpresa y que, sobre todo, siguen sin entender el porqué de aquel salto, aparentemente sin red, del alcalde más popular de La Campana.
En el Bar Calerito, en el centro del pueblo, Mercedes sirve desayunos a los parroquianos mientras menea la cabeza para expresar, con gestos además de con palabras, la decepción que le produjo la incorporación de su antiguo alcalde, al que ella había votado elección tras elección, a las filas socialistas. «Fue una locura», dice casi sin pensarlo. «Ha hecho muchas cosas buenas por el pueblo, pero aquello no tenía sentido», afirma esta vecina.
No se refiere Mercedes solamente al salto político al PSOE. Ella se refiere, además, a dejar atrás a los que habían sido sus compañeros en la agrupación electoral Juntos por La Campana y, sobre todo, a que «hablase mal de ellos». «No le voy a volver a votar», sentencia.,
La camarera del Calerito expresa lo que muchos en el municipio piensan, la incomprensión por aquella decisión pese a las explicaciones que, reiteradamente, ha venido dando el ex alcalde. Pocos se creen que, como dijo Fernández Oviedo en aquel primer vídeo (y como repetiría y repite después), su única motivación fuese un mayor progreso de su pueblo.
Este argumento lo rechaza, de plano, la flamante alcaldesa, Dolores Veragua, una de los siete concejales que se revolvieron contra su antiguo líder, se negaron a ponerse a las órdenes del PSOE y armaron la moción de censura que terminó echando a Manolín de su despacho y enviándole al concesionario de coches del Aljarafe.
Veragua afirma, sin titubeos, que detrás del salto al PSOE solo había una cosa, «interés personal» y, más concretamente, «un puesto de trabajo en la Diputación» de Sevilla. «Vamos a estar de por vida si nos vamos al PSOE», asegura que le dijo Fernández Oviedo.
Según la sustituta de Manolín al frente de la Alcaldía de La Campana, al ex alcalde solo le movía la ambición política y personal y, explica, la operación para pasar al PSOE venía de mucho más atrás. «Lo tenía todo cerrado», pero se encontró con el rechazo de siete de sus concejales porque «no lo veíamos coherente». «Le dije que él sabía que estaba mal y le pregunté por qué seguía adelante», añade Veragua, que denuncia el comportamiento que el ex alcalde tuvo con ellos, sus antiguos compañeros.
«Ansias de poder», resume la regidora para explicar la decsión de su ex jefe y ex amigo, porque la relación, destaca, era mucho más que profesional y política. «Él nos dice que nosotros le traicionamos, pero el traidor es él», apostilla.
Las acusaciones de traición han sido mutuas y cruzadas en los últimos meses. El ex alcalde, en entrevistas y declaraciones, deslizó que sus ex compañeros se habían «acomodado», que él había planteado la necesidad de recambios en el equipo de gobierno y que eso fue lo que hizo estallar el grupo. Ha señalado el «interés personal» de los concejales que hoy gobiernan por «no perder el puesto» como el origen de la moción de censura, ha hablado de «traiciones desde dentro».
En el pueblo hay quien sigue apoyando a Manolín. Incluso hay concejales que han seguido a su lado y que, a preguntas de este periódico, no se identifican como tales y aseguran que el respaldo es masivo. Aunque los interrogantes siguen siendo mayoría.
Más claro está el interés del PSOE sevillano por sumar votos en una provincia, la de Sevilla, que fue feudo histórico y en la que el ascenso del PP a punto de estuvo de costarle el control de la Diputación, la joya de la corona institucional no solo del socialismo sevillano, sino del socialismo en toda Andalucía. Perderla sería un golpe del que difícilmente se podría recuperar el partido.
Los dos bandos se verán las caras en las urnas el próximo año. Fernández Oviedo como candidato del PSOE -«no me arrepiento de nada», dice a EL MUNDO- y Veragua y su equipo por Juntos por La Campana. Las urnas decidirán y se sabrá entonces si la conversión al socialismo del ex alcalde fue o no una operación suicida.
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