Europa se encuentra en un momento decisivo por el reto de reforzar su integración y soberanía tecnológica Leer Europa se encuentra en un momento decisivo por el reto de reforzar su integración y soberanía tecnológica Leer
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Recientemente he terminado de leer la genial biografía de Stefan Zweig sobre Erasmo de Rotterdam. Un libro que recomiendo por su actualidad y que describe su tragedia personal en el momento en que, por primera vez, emergía en Europa el ideal supranacional. Una aspiración que enterraron los estallidos de pasión nacional religiosa más violentos que ha conocido la historia. Erasmo se comunica -en la lengua franca, el latín- con los reyes de los países que apoyaban vehementemente al Papa o a Lutero, pero no consigue guiarlos hacia un reino unificado y humanista.
Desde entonces, el interés político nacional ha fragmentado al continente. Pero paralelamente han ido surgiendo organizaciones y ciudadanos que han abrazado el ideario erasmista de paz e independencia de criterio, que darán paso a la razón, la ciencia y el progreso.
Tras la Ilustración, la senda europeísta se retomó tras las grandes guerras del siglo XX. Como preconizó Jean Monnet: «Europa se hará en las crisis y será la suma de las soluciones adoptadas para esas crisis». Así, ha ido creciendo el entramado burocrático y político de la que hoy es la Unión Europea (UE). Cada crisis ha tenido como respuesta nuevos impulsos en las instituciones y la normativa armonizadora. Una regulación que ha admitido singularidades nacionales y sectoriales, generando una creciente complejidad que podría estar hoy lastrando la innovación y velocidad de decisión en el tejido empresarial europeo.
El Viejo Continente se encuentra en un momento decisivo. No sólo porque la contienda bélica se haya asomado a su puerta, sino por el reto de reforzar su integración y soberanía tecnológica. En un entorno geopolítico segmentado en bloques, se pone de manifiesto la pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y China. Este diagnóstico identifica una brecha estructural en transformación y escala empresarial. En este contexto, en el pasado mes de agosto se ha constituido el Scaleup Europe Fund (SEF), una respuesta para contribuir a revertir esta tendencia.
La iniciativa está enmarcada en una estrategia paneuropea: la Startup and Scaleup Strategy. China y Estados Unidos llevan años desarrollando sus propias estrategias, que han demostrado eficacia en la financiación de la innovación. EEUU sobre la base de una gran desregulación que ha atraído un ingente flujo inversor (incluso con origen en Europa). Por su parte, China invirtiendo desde el propio Estado en ciencia y tecnología, sectores que considera críticos en su planificación.
La UE comienza a recorrer su propio camino dentro del citado marco estratégico, consciente de que es esencial preservar la autonomía de la voluntad empresarial en la asignación de recursos.
Disponemos de una sólida base científica, talento emprendedor y un ecosistema sólido en las fases empresariales más tempranas. Sin embargo, adolecemos de financiación en etapas de crecimiento. En las rondas superiores a 100 millones de euros, los volúmenes de inversión en compañías no cotizadas siguen siendo muy inferiores a los de Estados Unidos, y una parte muy relevante de ese capital procede, además, de inversores no europeos. Esta brecha limita la capacidad de la UE para promover líderes tecnológicos globales y, con demasiada frecuencia, provoca que propiedad intelectual y creación de valor terminen desplazándose fuera.
El SEF tendrá como objetivo empresas escalables que desarrollen proyectos en: sistemas digitales e inteligentes (inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, semiconductores y robótica); sistemas físicos e industriales (energía limpia y segura, tecnología espacial y movilidad) y ciencias de la salud (biotecnología y terapias avanzadas). Las compañías que trabajan en todos estos verticales requieren horizontes de inversión largos y un acompañamiento estratégico sólido, elementos que no siempre se encuentran hoy en el mercado financiero continental. El nuevo fondo aportará capital a estas sociedades en fases de crecimiento, generando mayores rentabilidades, consiguiendo así reforzar la competitividad y la soberanía europea.
La ambición compartida por los fundadores del SEF es que alcance un tamaño inicial de 5.000 millones de euros, pero con capacidad de ampliarse progresivamente, en función de la demanda inversora. La gestión del fondo ha sido asignada a una firma privada con acreditada experiencia (EQT). El proceso selectivo de la sociedad gestora ha sido riguroso y competitivo, sin interferencias políticas desde los Estados que pudiesen generar una potencial territorialización de inversiones en función de las viejas fronteras políticas del continente. Las tesis de inversión del gestor deben sustentarse en la selección de empresas con alto potencial y sobre la base de criterios profesionales de rentabilidad y riesgo.
Entre los inversores que se han interesado por el SEF destacan Novo Nordisk Foundation (Dinamarca), The Wallenberg Foundations (Suecia), Fondazione Compagnia di San Paolo y Fondazione Cariplo (Italia) o Fundación Bancaria «la Caixa» (España). Todas estas fundaciones canalizan su participación a través de sociedades de inversión, en nuestro caso CriteriaCaixa. Su naturaleza fundacional garantiza el retorno del beneficio a la sociedad (característico del marco moral erasmista). Esta estructura de propiedad les permite, además, movilizar un capital paciente y comprometido con el largo plazo. La presencia de estos promotores, junto con otros inversores profesionales e institucionales, favorece el acompañamiento más allá de los ciclos económicos y políticos, aportando estabilidad y visión. Por eso nos comprometemos en un vehículo de inversión de una vida mínima de 10 años.
Lamentablemente la marca Erasmus no puede aplicarse al SEF. Fue ya elegida por las instituciones europeas para designar su programa transfronterizo de estudiantes por la vida itinerante, entre universidades y ciudades europeas, de este insigne humanista del siglo XV. Pero 500 años después, y de nuevo en un contexto belicista, su huida de la discordia política nacional y la búsqueda del discernimiento propio, son hoy una fuente de inspiración para invertir desde el SEF: un instrumento financiero para retomar el liderazgo europeo en tecnología e innovación.
José María Méndezes Consejero Delegado de CriteriaCaixa.
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