La coma del vocativo parece poca cosa, pero puede cambiar por completo una frase. El vocativo es la palabra o grupo de palabras con que llamamos o nos dirigimos a alguien. En Hola, Marta, Gracias, profesor o No te enfades, cariño, los nombres no forman parte de la acción, sino que señalan a quién va dirigido el mensaje. Por eso se separan con coma.
El ejemplo más repetido es Vamos a comer, niños, que invita a los niños a sentarse a la mesa, frente a Vamos a comer niños, que suena a menú de cuento terrorífico. La diferencia no está en el verbo ni en las palabras elegidas, sino en una pausa mínima que evita el desastre. Lo mismo ocurre con Perdón, señor y Perdón señor, o con Felicidades, Ana y Felicidades Ana, donde la segunda opción se ve mucho en mensajes rápidos, pero resulta menos cuidada.
La coma aparece tanto si el vocativo está al principio como si queda en medio o al final. Escribimos Carlos, ven aquí, Ven aquí, Carlos y Ven aquí, Carlos, un momento. Si el vocativo se coloca dentro de la oración, se encierra entre dos comas, porque interrumpe el hilo principal de la frase. En cambio, no se pone coma cuando el nombre forma parte del sujeto, como en Carlos viene aquí, porque ahí ya no llamamos a Carlos, sino que decimos algo sobre él.
En conversaciones informales podemos entendernos aunque falte esa coma, pero en textos escritos conviene no confiarlo todo al lector. Una coma bien puesta puede evitar frases ambiguas, mensajes bruscos o saludos que parecen descuidados.
La coma del vocativo parece poca cosa, pero puede cambiar por completo una frase. El vocativo es la palabra o grupo de palabras con que llamamos o nos dirigimos a alguien.
La coma del vocativo parece poca cosa, pero puede cambiar por completo una frase. El vocativo es la palabra o grupo de palabras con que llamamos o nos dirigimos a alguien. En Hola, Marta, Gracias, profesor o No te enfades, cariño, los nombres no forman parte de la acción, sino que señalan a quién va dirigido el mensaje. Por eso se separan con coma.
El ejemplo más repetido es Vamos a comer, niños, que invita a los niños a sentarse a la mesa, frente a Vamos a comer niños, que suena a menú de cuento terrorífico. La diferencia no está en el verbo ni en las palabras elegidas, sino en una pausa mínima que evita el desastre. Lo mismo ocurre con Perdón, señor y Perdón señor, o con Felicidades, Ana y Felicidades Ana, donde la segunda opción se ve mucho en mensajes rápidos, pero resulta menos cuidada.
La coma aparece tanto si el vocativo está al principio como si queda en medio o al final. Escribimos Carlos, ven aquí, Ven aquí, Carlos y Ven aquí, Carlos, un momento. Si el vocativo se coloca dentro de la oración, se encierra entre dos comas, porque interrumpe el hilo principal de la frase. En cambio, no se pone coma cuando el nombre forma parte del sujeto, como en Carlos viene aquí, porque ahí ya no llamamos a Carlos, sino que decimos algo sobre él.
En conversaciones informales podemos entendernos aunque falte esa coma, pero en textos escritos conviene no confiarlo todo al lector. Una coma bien puesta puede evitar frases ambiguas, mensajes bruscos o saludos que parecen descuidados.
20MINUTOS.ES – Cultura
