Los norteamericanos han dado la espalda a Donald Trump en las midterm elections y han dejado al presidente republicano aislado en la Casa Blanca, con la Cámara de Representantes y el Senado en manos del partido demócrata. A partir de ahora, su agenda legislativa se va a encontrar con un muro muy difícil de sortear en el Congreso y su posición dentro de las filas republicanas se ha debilitado considerablemente. «Estas elecciones han sido un auténtico varapalo para Trump porque significan que Estados Unidos le ha dado la espalda al trumpismo y ha quedado patente el descontento de la sociedad con sus políticas a lo largo de los últimos dos años», afirma José Antonio Gurpegui, director del Instituto de Estudios Norteamericanos Benjamin Franklin, de la Universidad de Alcalá de Henares.
Incide en que el resultado tampoco ha sido una sorpresa porque las encuestas ya apuntaban a una victoria demócrata e, incluso, en el partido republicano «se temía» el castigo en las urnas: «No es de extrañar, porque, al fin de cuentas, Trump no ha cumplido prácticamente ninguna de sus promesas electorales. Prometió contener la inflación, pero está 3 o 4 décimas más alta que cuando Joe Biden abandonó el poder. Prometió bajar la gasolina por debajo de los dos dólares el galón y ahora está a 4,3 dólares, más del doble. La deuda externa también ha crecido muchísimo».
Además, subraya que su confusa política exterior también le ha pasado factura: «Prometió no meter a EEUU en ninguna guerra, pero lo ha metido en una contra Irán, que la mayoría de los norteamericanos considera innecesaria. Ha sido una guerra totalmente ‘gratuita’ que los ciudadanos no acaban de comprender».
«La única promesa que ha cumplido ha sido la relativa al control de la inmigración, pero la forma en la que lo ha hecho, con arrestos del ICE en los que ha habido víctimas mortales, también ha acabado siendo perjudicial para sus intereses porque los votos de la minoría hispana que tenía prestados, han vuelto de nuevo al partido demócrata», explica el profesor. Ese trasvase de voto se ha notado, por ejemplo, en Texas, un estado con cerca del 40% de población de origen hispano que tradicionalmente había sido bastión republicano, pero que en estas elecciones de mitad de mandato se ha teñido de azul y tendrá su primer senador demócrata (James Talarico) desde 1988.
Y Texas no ha sido el único feudo republicano que ha caído en manos demócratas, también lo han hecho estados muy conservadores como Kansas o Carolina del Sur: «Kansas llevaba desde 1933 sin votar a un senador demócrata, casi cien años, y ahora lo ha hecho. Estoy convencido de que el precio del gasoil ha pesado muchísimo porque los granjeros de Kansas han visto cómo los costes de explotación se les han duplicado y también han visto que la política arancelaria de Trump ha lastrado sus ventas. Lo mismo ha pesado en otros estados agrarios como Iowa».
Obama, Clinton, Bush o Reagan también han gobernado con las cámaras en contra
Perder el control sobre el poder legislativo complica los dos años de mandato que le quedan por delante a Trump, pero el profesor Gurpegui señala que tampoco es algo excepcional en la política norteamericana: «Trump ya dijo que no sería el primer presidente que gobierne sin el apoyo de las cámaras y tiene razón porque desde Obama hasta Clinton, pasando por Bush o llegando incluso hasta Reagan, es algo que ya hemos visto en el pasado. Reagan nunca tuvo el apoyo de las dos cámaras y al final su mandato tuvo a las dos en contra, pero gobernó el país y actualmente es el presidente de EEUU con mayor popularidad».
José María Peredo, catedrático de Política Internacional en la Universidad Europea, también subraya que perder las cámaras es relativamente frecuente en Estados Unidos, un fenómeno que incluso se conoce como midterm penalty (penalización de mitad de mandato): «Este equilibrio que parece que buscan los electores americanos entre que haya un presidente de una orientación política y un Congreso, o por lo menos parcialmente, de otra orientación, es muy habitual. Lo verdaderamente anómalo en la historia política de Estados Unidos es el poder que ha ostentado Trump, que hasta ahora ha tenido en sus manos la presidencia, la Cámara de Representantes, el Senado y el control de la Corte Suprema».
«El problema para Trump es que ya no va a poder revertir esta situación porque no podrá presentarse a un tercer mandato en 2028. Obama, en cambio, sí la tuvo en 2010 cuando perdió 60 escaños en el Congreso y, sin embargo, en 2012, le volvieron a elegir presidente. Ese es un ejemplo muy claro de que las elecciones son distintas en términos legislativos o presidenciales», dice Peredo.
«Estados Unidos es un sistema presidencialista y se puede gobernar, digamos, a golpe de decreto, que es lo que ha estado haciendo Trump hasta ahora. El problema es que esas iniciativas deben ratificarse luego en el Congreso y eso ahora va a ser muy complicado», dice Gurpegui, que prevé un bloqueo legislativo, ya que el presidente también tiene la potestad de rechazar las iniciativas que emanen del parlamento: «Trump ya dijo que si perdía las cámaras se convertiría en ‘míster Veto’ porque vetaría toda la legislación del Congreso durante dos meses, antes de empezar a negociar. Al final, si no hay acuerdos entre demócratas y republicanos, el país puede ser ingobernable, pero con Trump es difícil que lleguen a acuerdos».
En ese sentido, el profesor Armando Jiménez, de la Universidad Francisco de Vitoria, no descarta «una versión 3.0 de Trump» mucho más beligerante: «Con estos resultados va a estar muy incómodo y, en vez de moderar sus acciones, creo que las va a polarizar aún más y se va a mostrar muy férreo en algunos asuntos en los que cree. Después de haber perdido el voto latinoamericano, creo que las políticas del ICE van a continuar o, incluso, se van a endurecer. En política exterior también intentará demostrar fuerza y su estrategia diplomacy to strength se va a incrementar. En general, vamos a ver un ambiente político tenso, dividido y polarizado en los dos próximos años».
Peredo cree, sin embargo, que Trump «suavizará» sus postulados y acabará «buscando acuerdos» con los demócratas, no en vano el republicano ha sido siempre un negociador nato como empresario de éxito: «Trump apostó por el frentismo en su primer mandato, pero ahora ya no tiene posibilidad de volver a ser elegido en 2028 y creo que eso, además de su edad, puede hacer que aparezca su perfil más conciliador. Le queda año y medio de mandato en el que debe tomar decisiones importantes y creo que vamos a ver a un Trump más consciente de que, efectivamente, necesita gobernar con el Congreso. Habrá que tener en cuenta también cuál es la postura de los congresistas demócratas, si optan por el veto o por la negociación».
En caso de que no haya acuerdos, Gurpegui subraya que Trump va a tener muchos problemas para gobernar porque los congresistas pueden apretarle las tuercas, sobre todo en materia presupuestaria: «Quien aprueba el presupuesto es, a fin de cuentas, el Congreso, así que Trump puede pretender hacer muchas cosas, pero necesitará a las cámaras para obtener el dinero necesario para llevarlas a cabo».
«Aunque no es infrecuente gobernar sin el apoyo de las cámaras, está claro que la posición de Trump va a ser mucho más débil a partir de ahora. Perder el Senado va a limitar su capacidad de acción en política exterior o a la hora de nombrar altos cargos. En el caso de la Cámara de Representantes, le afectará en cuestiones presupuestarias, techo de endeudamiento, etc.», señala el catedrático.
¿Un tercer impeachment contra Trump?
Y otro aspecto que puede hacer sufrir a Trump son las comisiones de investigación que podría poner en marcha el Congreso para fiscalizar su gestión desde la Casa Blanca. «Hasta ahora ha logrado saltarse más o menos algunas decisiones judiciales, por ejemplo, en temas de migración, pero ahora lo va a tener mucho más difícil», señala Gurpegui, que, en todo caso, no ve probable un tercer impeachment contra Trump: «Ya ha sido sometido a dos y no creo que a los demócratas les interese un tercero porque Trump podría usarlo para relanzar de nuevo su imagen como víctima del sistema. Además, para que saliera adelante, necesitarían el apoyo de senadores republicanos».
«No sé cómo interpretaría la sociedad americana un nuevo impeachment que vuelva a poner contra las cuerdas a un presidente porque si algo ha demostrado la sociedad en estas elecciones es que está hasta las narices de la polarización. De hecho, el gran derrotado ha sido el símbolo de esa polarización», dice Peredo, que también aplaude que la campaña de estas midterm elections ha sido más «sosegada» por parte de ambos bandos: «Para empezar, Trump ha reaccionado reconociendo los resultados, mientras que el Trump de 2018 quizás habría hablado de fraude. Por otra parte, también hemos visto perfiles demócratas más moderados y alejados del ultraprogresismo».
Jiménez, por el contrario, sí apuesta por un tercer impeachment aprovechando la debilidad de Trump: «No sé si saldrá adelante, pero estoy seguro de que los demócratas lo van a intentar. Ya tienen mayoría en las dos cámaras, más amplia aún de lo que preveían las encuestas, y la presión va a ser evidente. Es algo que va a generar mucho debate público y que va a estar presente en los medios de comunicación lo que queda de legislatura».
Los analistas afirman que Trump tendrá muchos problemas para gobernar sin acuerdos, aunque subrayan que en EEUU no es infrecuente perder el apoyo de las cámaras en unas elecciones de mitad de mandato.
Los norteamericanos han dado la espalda a Donald Trump en las midterm elections y han dejado al presidente republicano aislado en la Casa Blanca, con la Cámara de Representantes y el Senado en manos del partido demócrata. A partir de ahora, su agenda legislativa se va a encontrar con un muro muy difícil de sortear en el Congreso y su posición dentro de las filas republicanas se ha debilitado considerablemente. «Estas elecciones han sido un auténtico varapalo para Trump porque significan que Estados Unidos le ha dado la espalda al trumpismo y ha quedado patente el descontento de la sociedad con sus políticas a lo largo de los últimos dos años», afirma José Antonio Gurpegui, director del Instituto de Estudios Norteamericanos Benjamin Franklin, de la Universidad de Alcalá de Henares.
Incide en que el resultado tampoco ha sido una sorpresa porque las encuestas ya apuntaban a una victoria demócrata e, incluso, en el partido republicano «se temía» el castigo en las urnas: «No es de extrañar, porque, al fin de cuentas, Trump no ha cumplido prácticamente ninguna de sus promesas electorales. Prometió contener la inflación, pero está 3 o 4 décimas más alta que cuando Joe Biden abandonó el poder. Prometió bajar la gasolina por debajo de los dos dólares el galón y ahora está a 4,3 dólares, más del doble. La deuda externa también ha crecido muchísimo».
Además, subraya que su confusa política exterior también le ha pasado factura: «Prometió no meter a EEUU en ninguna guerra, pero lo ha metido en una contra Irán, que la mayoría de los norteamericanos considera innecesaria. Ha sido una guerra totalmente ‘gratuita’ que los ciudadanos no acaban de comprender».
«La única promesa que ha cumplido ha sido la relativa al control de la inmigración, pero la forma en la que lo ha hecho, con arrestos del ICE en los que ha habido víctimas mortales, también ha acabado siendo perjudicial para sus intereses porque los votos de la minoría hispana que tenía prestados, han vuelto de nuevo al partido demócrata», explica el profesor. Ese trasvase de voto se ha notado, por ejemplo, en Texas, un estado con cerca del 40% de población de origen hispano que tradicionalmente había sido bastión republicano, pero que en estas elecciones de mitad de mandato se ha teñido de azul y tendrá su primer senador demócrata (James Talarico) desde 1988.
Y Texas no ha sido el único feudo republicano que ha caído en manos demócratas, también lo han hecho estados muy conservadores como Kansas o Carolina del Sur: «Kansas llevaba desde 1933 sin votar a un senador demócrata, casi cien años, y ahora lo ha hecho. Estoy convencido de que el precio del gasoil ha pesado muchísimo porque los granjeros de Kansas han visto cómo los costes de explotación se les han duplicado y también han visto que la política arancelaria de Trump ha lastrado sus ventas. Lo mismo ha pesado en otros estados agrarios como Iowa».
Obama, Clinton, Bush o Reagan también han gobernado con las cámaras en contra
Perder el control sobre el poder legislativo complica los dos años de mandato que le quedan por delante a Trump, pero el profesor Gurpegui señala que tampoco es algo excepcional en la política norteamericana: «Trump ya dijo que no sería el primer presidente que gobierne sin el apoyo de las cámaras y tiene razón porque desde Obama hasta Clinton, pasando por Bush o llegando incluso hasta Reagan, es algo que ya hemos visto en el pasado. Reagan nunca tuvo el apoyo de las dos cámaras y al final su mandato tuvo a las dos en contra, pero gobernó el país y actualmente es el presidente de EEUU con mayor popularidad».
José María Peredo, catedrático de Política Internacional en la Universidad Europea, también subraya que perder las cámaras es relativamente frecuente en Estados Unidos, un fenómeno que incluso se conoce como midterm penalty (penalización de mitad de mandato): «Este equilibrio que parece que buscan los electores americanos entre que haya un presidente de una orientación política y un Congreso, o por lo menos parcialmente, de otra orientación, es muy habitual. Lo verdaderamente anómalo en la historia política de Estados Unidos es el poder que ha ostentado Trump, que hasta ahora ha tenido en sus manos la presidencia, la Cámara de Representantes, el Senado y el control de la Corte Suprema».
«El problema para Trump es que ya no va a poder revertir esta situación porque no podrá presentarse a un tercer mandato en 2028. Obama, en cambio, sí la tuvo en 2010 cuando perdió 60 escaños en el Congreso y, sin embargo, en 2012, le volvieron a elegir presidente. Ese es un ejemplo muy claro de que las elecciones son distintas en términos legislativos o presidenciales», dice Peredo.
«Estados Unidos es un sistema presidencialista y se puede gobernar, digamos, a golpe de decreto, que es lo que ha estado haciendo Trump hasta ahora. El problema es que esas iniciativas deben ratificarse luego en el Congreso y eso ahora va a ser muy complicado», dice Gurpegui, que prevé un bloqueo legislativo, ya que el presidente también tiene la potestad de rechazar las iniciativas que emanen del parlamento: «Trump ya dijo que si perdía las cámaras se convertiría en ‘míster Veto’ porque vetaría toda la legislación del Congreso durante dos meses, antes de empezar a negociar. Al final, si no hay acuerdos entre demócratas y republicanos, el país puede ser ingobernable, pero con Trump es difícil que lleguen a acuerdos».
En ese sentido, el profesor Armando Jiménez, de la Universidad Francisco de Vitoria, no descarta «una versión 3.0 de Trump» mucho más beligerante: «Con estos resultados va a estar muy incómodo y, en vez de moderar sus acciones, creo que las va a polarizar aún más y se va a mostrar muy férreo en algunos asuntos en los que cree. Después de haber perdido el voto latinoamericano, creo que las políticas del ICE van a continuar o, incluso, se van a endurecer. En política exterior también intentará demostrar fuerza y su estrategia diplomacy to strength se va a incrementar. En general, vamos a ver un ambiente político tenso, dividido y polarizado en los dos próximos años».
Peredo cree, sin embargo, que Trump «suavizará» sus postulados y acabará «buscando acuerdos» con los demócratas, no en vano el republicano ha sido siempre un negociador nato como empresario de éxito: «Trump apostó por el frentismo en su primer mandato, pero ahora ya no tiene posibilidad de volver a ser elegido en 2028 y creo que eso, además de su edad, puede hacer que aparezca su perfil más conciliador. Le queda año y medio de mandato en el que debe tomar decisiones importantes y creo que vamos a ver a un Trump más consciente de que, efectivamente, necesita gobernar con el Congreso. Habrá que tener en cuenta también cuál es la postura de los congresistas demócratas, si optan por el veto o por la negociación».
En caso de que no haya acuerdos, Gurpegui subraya que Trump va a tener muchos problemas para gobernar porque los congresistas pueden apretarle las tuercas, sobre todo en materia presupuestaria: «Quien aprueba el presupuesto es, a fin de cuentas, el Congreso, así que Trump puede pretender hacer muchas cosas, pero necesitará a las cámaras para obtener el dinero necesario para llevarlas a cabo».
«Aunque no es infrecuente gobernar sin el apoyo de las cámaras, está claro que la posición de Trump va a ser mucho más débil a partir de ahora. Perder el Senado va a limitar su capacidad de acción en política exterior o a la hora de nombrar altos cargos. En el caso de la Cámara de Representantes, le afectará en cuestiones presupuestarias, techo de endeudamiento, etc.», señala el catedrático.
¿Un tercer impeachment contra Trump?
Y otro aspecto que puede hacer sufrir a Trump son las comisiones de investigación que podría poner en marcha el Congreso para fiscalizar su gestión desde la Casa Blanca. «Hasta ahora ha logrado saltarse más o menos algunas decisiones judiciales, por ejemplo, en temas de migración, pero ahora lo va a tener mucho más difícil», señala Gurpegui, que, en todo caso, no ve probable un tercer impeachment contra Trump: «Ya ha sido sometido a dos y no creo que a los demócratas les interese un tercero porque Trump podría usarlo para relanzar de nuevo su imagen como víctima del sistema. Además, para que saliera adelante, necesitarían el apoyo de senadores republicanos».
«No sé cómo interpretaría la sociedad americana un nuevo impeachment que vuelva a poner contra las cuerdas a un presidente porque si algo ha demostrado la sociedad en estas elecciones es que está hasta las narices de la polarización. De hecho, el gran derrotado ha sido el símbolo de esa polarización», dice Peredo, que también aplaude que la campaña de estas midterm elections ha sido más «sosegada» por parte de ambos bandos: «Para empezar, Trump ha reaccionado reconociendo los resultados, mientras que el Trump de 2018 quizás habría hablado de fraude. Por otra parte, también hemos visto perfiles demócratas más moderados y alejados del ultraprogresismo».
Jiménez, por el contrario, sí apuesta por un tercer impeachment aprovechando la debilidad de Trump: «No sé si saldrá adelante, pero estoy seguro de que los demócratas lo van a intentar. Ya tienen mayoría en las dos cámaras, más amplia aún de lo que preveían las encuestas, y la presión va a ser evidente. Es algo que va a generar mucho debate público y que va a estar presente en los medios de comunicación lo que queda de legislatura».
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