Donald Trump se ha convertido en un «pato cojo». Las midterms han hecho que los Republicanos pierdan la mayoría en las dos Cámaras y hayan dejado al presidente sin margen de maniobra. Eso abre una nueva era en las relaciones con el resto del mundo, y por ende con la Unión Europea. En Bruselas sigue habiendo temor por la imprevisibilidad de Trump, pero le prefieren con las manos atadas para los dos años que le quedan de mandato. Los expertos entienden que esa poca capacidad que ahora tendrá, sobre todo a nivel de financiación, dará cierta tranquilidad al resto de líderes mundiales.
Los demócratas han roto el tablero al amasar una impensable, por holgada, mayoría de escaños en la Cámara de Representantes —más de los 218 que necesitaban— y sumar 51 escaños en el Senado, donde habrían logrado el 53% de los votos; para girar una mayoría a su favor en la Cámara Baja necesitaban mantener sus senadores y arrebatar cuatro a los republicanos. Y así lo hicieron. Mantuvieron sus escaños en los habituales ‘estados azules’ de New Hampshire, Virginia, Massachusetts, New Jersey, Rhode Island, New Mexico, Colorado o Illinois… y asaltaro bastiones ‘rojos’ como Kansas, Texas, las dos Carolinas, Maine, Iowa y Ohio.
Trump, a su manera, reconoció la derrota, pero aseguró que si él hubiera estado en las papeletas la victoria republicana «habría sido aplastante». Con todo, en los días anteriores y con las encuestas muy en contra -pero no tanto- ya avisó de que se convertiría en el «señor veto»: es decir, todo lo que saliera del Senado y de la Cámara de Representantes no pasaría el filtro presidencial. Pese a su bravuconería, los analistas coinciden en que Europa puede respirar más tranquila.
Pedro Soriano, analista en Agenda Pública y autor de La batalla por la Casa Blanca, explica a 20minutos que la derrota de Trump ha sido mucho mayor de lo esperado. «La derrota es positiva porque los republicanos que quedarán se van a empezar a apartar de él. Por una cuestión de mera supervivencia personal», comenta, y por tanto «le van a atar en corto» sobre todo en el tema de Ucrania, algo muy positivo desde el punto de vista de la UE. «Hay mayorías suficientes para decirle que se le ha acabado ese ‘colegueo’ con Vladimir Putin», sostiene Soriano. La idea, dice, es que EEUU vuelva a las bases de su política exterior, que es ir al choque constante con Rusia.
Y por otro lado está la guerra en Irán, que ha sido «la causante de semejante derrota» republicana en las midterms, añade el analista. «Muchos republicanos van a intentar por todos los medios acabar con la guerra, y acabar con la guerra quitándole la financiación», expone. «Los valores de los estadounidenses no han cambiado, pero sí han visto cómo están de caras la comida o la gasolina». Un final, aunque sea forzado, de la guerra en Irán dará estabilidad, sobre todo en cuanto al comercio y a los precios de la energía: otro paso en favor de los intereses europeos.
La ola azul no debería inducir a la UE a la autocomplacencia
De momento, Mujtaba Rahman, director para Europa de Eurasia Group, ya ha lanzado un aviso en sus redes sociales. «La ola azul no debería inducir a la UE a la autocomplacencia. Trump puede estar políticamente debilitado, pero las fuerzas que impulsan el repliegue de Estados Unidos de sus alianzas tradicionales son estructurales, no solo personales», ha alertado. Y pide una cosa a Bruselas: «Europa debería seguir persiguiendo la autonomía estratégica, independientemente de quién lidere el Congreso o la Casa Blanca».
En esa misma línea reaccionó Alexander Clarkson, profesor de Historia y Política Europea en el King’s College en Londres. «Una América azul -por la victoria demócrata- no disminuye la presión sobre Europa para lograr la autosuficiencia estratégica Los demócratas están siendo elegidos para solucionar los problemas internos de EEUU», comentó. Eso sí, incluye un matiz. Ese vuelco, dice, «hace más probable que, en lugar de colapsar, la alianza entre Europa y América pueda ser renegociada de manera amistosa«, resumió.
Más pesimista fue el excomisario europeo Thierry Breton, quien cree que el resultado «no va a cambiar nada» para los europeos. «Estamos solos. Y, a partir de ahora, ese es nuestro destino. Solos frente a los imperios», añadió. Solos frente a Estados Unidos, que no es únicamente la América de Trump. No nos equivoquemos. Por supuesto, son nuestros aliados. Por supuesto, queremos a Estados Unidos. Pero, a partir de ahora, estamos solos. Estamos solos frente, evidentemente, a Rusia, que tiene una naturaleza imperial. Y solos frente a China, que tiene una naturaleza depredadora», sentenció. Breton cree que la respuesta europea tiene que ser «más unidad que nunca» y la meta ha de ser «vernos a nosotros mismos como una Europa potencia, para hablar de igual a igual con quienes nos rodean».
¿Se volverá Trump más imprevisible en sus relaciones con Europa? Puede ser, y Soriano lo ve como una posibilidad. «Por otra cosa que está muy feo decirla, pero es el declive cognitivo de Trump. Tiene años y se nota cada uno de ellos. Ya siempre ha sido una personalidad errática. Y los dos próximos años van a hacer que los de Biden parezcan la edad de oro de Pericles en Atenas«, ironiza. Pero la clave está en lo que se llama «el poder de la bolsa»: sin fondos, no hay políticas.
¿Es entonces ahora Trump «un pato cojo» como líder global? La respuesta, sentencia Soriano, es que sí. «Sí, porque además tú piensas que los demás líderes mundiales les van a hacer el mismo reajuste mental que en estos momentos están haciendo, por ejemplo, los republicanos en el Senado: a Trump le quedan dos años«. El objetivo ahora es que esos dos años, simplemente, pasen. Y ya está.
Los expertos consultados por 20minutos asumen que el presidente se queda sin margen de maniobra a nivel de financiación, y eso dará cierta calma al resto de líderes mundiales.
Donald Trump se ha convertido en un «pato cojo». Las midterms han hecho que los Republicanos pierdan la mayoría en las dos Cámaras y hayan dejado al presidente sin margen de maniobra. Eso abre una nueva era en las relaciones con el resto del mundo, y por ende con la Unión Europea. En Bruselas sigue habiendo temor por la imprevisibilidad de Trump, pero le prefieren con las manos atadas para los dos años que le quedan de mandato. Los expertos entienden que esa poca capacidad que ahora tendrá, sobre todo a nivel de financiación, dará cierta tranquilidad al resto de líderes mundiales.
Los demócratas han roto el tablero al amasar una impensable, por holgada, mayoría de escaños en la Cámara de Representantes —más de los 218 que necesitaban— y sumar 51 escaños en el Senado, donde habrían logrado el 53% de los votos; para girar una mayoría a su favor en la Cámara Baja necesitaban mantener sus senadores y arrebatar cuatro a los republicanos. Y así lo hicieron. Mantuvieron sus escaños en los habituales ‘estados azules’ de New Hampshire, Virginia, Massachusetts, New Jersey, Rhode Island, New Mexico, Colorado o Illinois… y asaltaro bastiones ‘rojos’ como Kansas, Texas, las dos Carolinas, Maine, Iowa y Ohio.
Trump, a su manera, reconoció la derrota, pero aseguró que si él hubiera estado en las papeletas la victoria republicana «habría sido aplastante». Con todo, en los días anteriores y con las encuestas muy en contra -pero no tanto- ya avisó de que se convertiría en el «señor veto»: es decir, todo lo que saliera del Senado y de la Cámara de Representantes no pasaría el filtro presidencial. Pese a su bravuconería, los analistas coinciden en que Europa puede respirar más tranquila.
Pedro Soriano, analista en Agenda Pública y autor de La batalla por la Casa Blanca, explica a 20minutos que la derrota de Trump ha sido mucho mayor de lo esperado. «La derrota es positiva porque los republicanos que quedarán se van a empezar a apartar de él. Por una cuestión de mera supervivencia personal», comenta, y por tanto «le van a atar en corto» sobre todo en el tema de Ucrania, algo muy positivo desde el punto de vista de la UE. «Hay mayorías suficientes para decirle que se le ha acabado ese ‘colegueo’ con Vladimir Putin», sostiene Soriano. La idea, dice, es que EEUU vuelva a las bases de su política exterior, que es ir al choque constante con Rusia.
Y por otro lado está la guerra en Irán, que ha sido «la causante de semejante derrota» republicana en las midterms, añade el analista. «Muchos republicanos van a intentar por todos los medios acabar con la guerra, y acabar con la guerra quitándole la financiación», expone. «Los valores de los estadounidenses no han cambiado, pero sí han visto cómo están de caras la comida o la gasolina». Un final, aunque sea forzado, de la guerra en Irán dará estabilidad, sobre todo en cuanto al comercio y a los precios de la energía: otro paso en favor de los intereses europeos.
La ola azul no debería inducir a la UE a la autocomplacencia
De momento, Mujtaba Rahman, director para Europa de Eurasia Group, ya ha lanzado un aviso en sus redes sociales. «La ola azul no debería inducir a la UE a la autocomplacencia. Trump puede estar políticamente debilitado, pero las fuerzas que impulsan el repliegue de Estados Unidos de sus alianzas tradicionales son estructurales, no solo personales», ha alertado. Y pide una cosa a Bruselas: «Europa debería seguir persiguiendo la autonomía estratégica, independientemente de quién lidere el Congreso o la Casa Blanca».
En esa misma línea reaccionó Alexander Clarkson, profesor de Historia y Política Europea en el King’s College en Londres. «Una América azul -por la victoria demócrata- no disminuye la presión sobre Europa para lograr la autosuficiencia estratégica Los demócratas están siendo elegidos para solucionar los problemas internos de EEUU», comentó. Eso sí, incluye un matiz. Ese vuelco, dice, «hace más probable que, en lugar de colapsar, la alianza entre Europa y América pueda ser renegociada de manera amistosa«, resumió.
Más pesimista fue el excomisario europeo Thierry Breton, quien cree que el resultado «no va a cambiar nada» para los europeos. «Estamos solos. Y, a partir de ahora, ese es nuestro destino. Solos frente a los imperios», añadió. Solos frente a Estados Unidos, que no es únicamente la América de Trump. No nos equivoquemos. Por supuesto, son nuestros aliados. Por supuesto, queremos a Estados Unidos. Pero, a partir de ahora, estamos solos. Estamos solos frente, evidentemente, a Rusia, que tiene una naturaleza imperial. Y solos frente a China, que tiene una naturaleza depredadora», sentenció. Breton cree que la respuesta europea tiene que ser «más unidad que nunca» y la meta ha de ser «vernos a nosotros mismos como una Europa potencia, para hablar de igual a igual con quienes nos rodean».
¿Se volverá Trump más imprevisible en sus relaciones con Europa? Puede ser, y Soriano lo ve como una posibilidad. «Por otra cosa que está muy feo decirla, pero es el declive cognitivo de Trump. Tiene años y se nota cada uno de ellos. Ya siempre ha sido una personalidad errática. Y los dos próximos años van a hacer que los de Biden parezcan la edad de oro de Pericles en Atenas«, ironiza. Pero la clave está en lo que se llama «el poder de la bolsa»: sin fondos, no hay políticas.
¿Es entonces ahora Trump «un pato cojo» como líder global? La respuesta, sentencia Soriano, es que sí. «Sí, porque además tú piensas que los demás líderes mundiales les van a hacer el mismo reajuste mental que en estos momentos están haciendo, por ejemplo, los republicanos en el Senado: a Trump le quedan dos años«. El objetivo ahora es que esos dos años, simplemente, pasen. Y ya está.
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