Las mujeres lesbianas, trans, intersex o bisexuales (LTBI+) sufren una violencia propia. Es específica, cualitativamente diferente a la que se ejerce sobre el resto de mujeres, y el principal ámbito en el que se expresa es el íntimo, el de la familia y las relaciones sexoafectivas. “Estas agresiones operan como un mecanismo de control de lo que se espera de una mujer, de la imposición de la normatividad y de la perpetuación de los roles de género”, resume la investigación Cartografía de las violencias contra las mujeres LTBI+ en España, un estudio pionero, publicado este jueves, elaborado por la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+), en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid (con el grupo de investigación DiViSAR de la UCM). “A nivel psicológico, es devastador que los espacios y las personas que deberían garantizar el cuidado y la seguridad sean quienes ejercen la violencia”, detalla la presidenta de la Felgtbi+, Paula Iglesias.
Una investigación de la Felgtbi+ y la Universidad Complutense vincula el mayor riesgo de agresión con “la intersección entre machismo, sexismo y lgtbifobia”
Las mujeres lesbianas, trans, intersex o bisexuales (LTBI+) sufren una violencia propia. Es específica, cualitativamente diferente a la que se ejerce sobre el resto de mujeres, y el principal ámbito en el que se expresa es el íntimo, el de la familia y las relaciones sexoafectivas. “Estas agresiones operan como un mecanismo de control de lo que se espera de una mujer, de la imposición de la normatividad y de la perpetuación de los roles de género”, resume la investigación Cartografía de las violencias contra las mujeres LTBI+ en España, un estudio pionero, publicado este jueves, elaborado por la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+), en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid (con el grupo de investigación DiViSAR de la UCM). “A nivel psicológico, es devastador que los espacios y las personas que deberían garantizar el cuidado y la seguridad sean quienes ejercen la violencia”, detalla la presidenta de la Felgtbi+, Paula Iglesias.
En comparación con el total de la población femenina, las mujeres LTBI+ tienen más probabilidades de ser agredidas, pues se enfrentan a una “intersección del machismo estructural, el sexismo y la lgtbifobia”, destaca el informe. Según datos publicados el año pasado por el Instituto de las mujeres, más del 80% de las mujeres lesbianas y bisexuales que viven en España han sufrido violencia en su vida cotidiana por su orientación sexual.
Esas agresiones se expresan, entre otras, en forma de maltrato, abusos, o matrimonios forzados o coaccionados. “Es un castigo por rechazar las convenciones sociales cisheterosexuales”, incide el trabajo. Además, concluye que las mujeres LTBI+ están expuestas a los ataques en cualquier etapa vital, en todo tipo de entornos y a manos de todo tipo de actores. “El patriarcado nos castiga por nuestro género y por desafiar la normatividad, pilares que sostienen el sistema de dominación machista”, apunta Cristina Álvarez, vocal de feminismos de la Federación.
El ámbito familiar se posiciona como la “zona cero” de la violencia contra las mujeres LTBI+, que en ocasiones se inicia desde la infancia: “Destacan el hogar y las relaciones afectivas, seguidos de la escuela y el entorno laboral como los espacios con mayor violencia, que puede ser física (golpes, palizas con finalidad aleccionante), sexual, psicológica (con obligación de ocultamiento, o discursos de rechazo, vergonzantes, de negación) o económica”.
Esta conclusión difiere de la realidad sufrida por las personas LGTBIQ+ en general, pues la calle es el principal espacio en el que sufren violencia y odio, según el informe Estado de odio 2026, seguido de los espacios de ocio y los centros laborales, y después por el ámbito familiar.
De hecho, la Cartografía de las violencias contra las mujeres LTBI+ en España remarca que, a diferencia del espacio público, donde las agresiones suelen ser episódicas, la violencia familiar es continua. “Además, privan a las víctimas de refugio, de un hogar seguro al que recurrir”, apunta la presidenta de la Felgtbi+, como “en caso de necesidad habitacional, de sufrir una enfermedad u otras situaciones complicadas”.
Si la familia representa “el primer núcleo de imposición de la normatividad” para las mujeres del colectivo, las relaciones sexoafectivas ocupan también un lugar preeminente, aunque su impacto está muy silenciado. Algo que han constatado desde el Ministerio de Igualdad. En el teléfono Arcoíris ―el 028, gestionado por este organismo y que atiende a víctimas de lgtbifobia―, la violencia intragénero (la que ocurre en el seno de parejas homosexuales) se posicionó como el segundo motivo de llamada en 2025.
Otras investigaciones, como una elaborada por la organización gallega Nós mesmas, apuntan que dentro de una relacion lésbica, 4 de cada 10 mujeres han experimentado alguna conducta de control, manipulación o abuso. El maltrato dentro de una relación homosexual es considerado por la ley como violencia familiar, según los artículos 153.2 y 173.2 del Código Penal.
“Los estereotipos de género también impactan en las parejas homosexuales”, matiza la abogada Ángeles Blanco, que ha llevado en su bufete “numerosos” casos de violencia en parejas de lesbianas. “Aunque el objetivo final de una persona violenta siempre es controlar, los gais replican en mayor medida una masculinidad tóxica aprendida, que al extremo se expresa como agresiones físicas. En el caso de las mujeres, predominan mecanismos más psicológicos o emocionales”.
Después de la esfera más íntima, la investigación apunta a los entornos educativo y laboral como los de mayor riesgo de exposición para las mujeres LTBI+ (son los que conforman la denominada zona roja). En el segundo rango (el amarillo) aparecen el ámbito sanitario, las relaciones con grupos de iguales (amistades y conocidos), los lugares de ocio y los medios de comunicación. El último grupo está formado por el espacio público y digital, los entornos religiosos y algunos espacios activistas (concretamente los transexcluyentes, que cuestionan la identidad de las personas).
“Entornos que para otras mujeres pueden ser seguros, como la familia de origen o el sistema médico, son también perpetradores de la violencia en el caso de las mujeres LTBI+”, recalca Paula Iglesias. Argumenta que reconocer esta violencia invisibilizada es imprescindible para prevenirla y garantizar una atención adecuada a las víctimas. También reclama una perspectiva interseccional a la hora de abordarla: “Habitualmente, las investigaciones sobre violencia contra la mujer tienden a homogeneizar la categoría de mujer. Necesitamos protocolos adaptados y respuestas institucionales adecuadas para unas mujeres que en demasiadas ocasiones no encuentran protección”.
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