Las terrazas de piedra de la Serra de Tramuntana —90 kilómetros repartidos entre 20 municipios al noroeste de Mallorca— ofrecen unas vistas privilegiadas al mar Mediterráneo. Sus ocho vías sinuosas serpentean hasta miradores donde, cada tarde, el sol se hunde lentamente en el mar. Es Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco y, según coinciden autoridades y astrónomos, uno de los mejores balcones naturales de España para ver el eclipse solar del próximo 12 de agosto. Pero, ese día, desde las 3 de la tarde y hasta las 9 de la noche, después de que la luna haya cubierto por completo al sol en el fenómeno astronómico, este sendero montañoso estará blindado para visitantes.
En las islas temen que el posible efecto llamada del fenómeno astronómico del 12 de agosto colapse sus servicios ya saturados por millones de visitantes cada verano
Las terrazas de piedra de la Serra de Tramuntana —90 kilómetros repartidos entre 20 municipios al noroeste de Mallorca— ofrecen unas vistas privilegiadas al mar Mediterráneo. Sus ocho vías sinuosas serpentean hasta miradores donde, cada tarde, el sol se hunde lentamente en el mar. Es Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco y, según coinciden autoridades y astrónomos, uno de los mejores balcones naturales de España para ver el eclipse solar del próximo 12 de agosto. Pero, ese día, desde las 3 de la tarde y hasta las 9 de la noche, después de que la luna haya cubierto por completo al sol en el fenómeno astronómico, este sendero montañoso estará blindado para visitantes.
La decisión de cerrarlo al público llegó semanas después de que, a mediados de junio, el diputado del parlamento balear Lluís Apesteguía, coordinador general del partido ecosoberanista Més per Mallorca, solicitara al Govern de Marga Prohens el cierre preventivo de la sierra. Su petición se sumó al reclamo de la plataforma Menys Turisme, Més Vida (Menos Turismo, Más Vida) que advertía de la saturación de caminos que traería el eclipse sobre un territorio que las propias autoridades reconocen como zona vulnerable ante una potencial afluencia masiva que, de no estar bien gestionada, podría conducir a una tragedia.
Ese cierre, que fue anunciado esta semana, fue una de las primeras respuestas oficiales a una pregunta que lleva meses flotando sobre Mallorca: cómo gestionar un fenómeno astronómico histórico que puede atraer todavía a más visitantes a una isla que, al contrario de la España vaciada —donde han usado el eclipse para promocionarse—, no necesita más publicidad.
Las islas Baleares se han consolidado como un paraíso mediterráneo que cada año rompe récords de ocupación hotelera: solo en agosto pasado llegaron al archipiélago más de tres millones de visitantes, el 65% concentrados en Mallorca. Este verano no será la excepción. La Federación Hotelera espera un lleno total, impulsado, en parte, por el eclipse solar que ofrecerá en las islas una vista “casi milagrosa”.
A las 20.32, la luna cubrirá al sol a solo dos grados sobre el horizonte del mar y ofrecerá 96 segundos de total oscuridad, media hora antes del verdadero anochecer. Es el primer eclipse total visible desde España en casi 70 años. Baleares será la última parada de la franja de totalidad de este fenómeno que, con suerte, alguien ve una vez en la vida. Según las plataformas de gestión hotelera, las reservas durante la semana del eclipse son un 19,1% superiores con respecto al año anterior. Y el principal foco es Mallorca. Pero lo que más preocupa es el movimiento que esas personas vayan a tener para ver el evento astronómico y los riesgos asociados a él, como incendios forestales o accidentes.

La vicepresidenta del Govern balear, Antònia Maria Estarellas, reconoce que el eclipse coincide con una temporada de máxima presión turística en la isla, con una estimación de dos millones de visitantes concentrados en el archipiélago en el que residen algo más de 1,2 millones habitualmente.
En Palma, julio transcurre con su ritmo de siempre: miles de turistas hacen cada día, cámara en mano, su particular ritual entre la playa, las terrazas y las tiendas de souvenirs. Con un calor húmedo de los 35 grados de la tarde, el tema más habitual de conversación sigue siendo—por ahora—el calor, y no el Sol. Pero las paradas de autobús recuerdan, entre anuncio y anuncio, las medidas de prevención para proteger la vista al observar el eclipse.
La plataforma Menys Turisme, Més Vida (Menos turismo, más vida) lleva tiempo advirtiendo de los peligros que puede suponer una mala gestión de las concentraciones que se pueden formar el día del eclipse. Dani Comas, portavoz del movimiento que agrupa hasta 80 colectivos y asociaciones de las islas, afirma que este expondrá la saturación que viven los residentes, pero concentrada en un día: “Con todos los límites superados, con la isla [de Mallorca] hecha un parque temático para el turista, vamos a ver el colapso de nuestros servicios puestos al servicio de los visitantes”. El 26 de julio, la plataforma ha convocado una manifestación bajo el lema “Mallorca, al límite” para alertar a la ciudadanía sobre la saturación extrema que se puede vivir el 12 de agosto.

Según Comas, que los locales tomen conciencia de los derechos que pierden al dejarlos al servicio de los visitantes es la semilla para impulsar un cambio en políticas públicas. Apesteguía, el diputado cuya petición precedió al cierre de la Tramuntana, concuerda con él en el diagnóstico de fondo.
A diferencia de otras comunidades autónomas, que comenzaron a informar de los operativos y los puntos oficiales de observación del eclipse hace meses, Baleares lo ha hecho esta semana, a menos de cuatro semanas del fenómeno astronómico. La tardanza fue criticada por la oposición y las plataformas en favor del decrecimiento turístico. La respuesta del Govern fue que dar a conocer las zonas de avistamiento con tiempo de antelación podría generar un efecto llamada que, a estas alturas, sería insostenible.

El presidente del Observatorio Astronómico de Mallorca, Amado Carbonell Santos, comenzó a inicios del año pasado un recorrido por esa isla para identificar las mejores zonas de observación y entregárselas a las autoridades. De los 35 sitios que encontró, solo nueve fueron finalmente emitidos como puntos oficiales. En total, se informó de 26 lugares con capacidad para concentrar hasta 300.000 personas en cuatro islas: Mallorca, Menorca, Formentera e Ibiza.
Estarellas no cree que haya habido retraso en la gestión, y defiende que es responsabilidad de todos los involucrados. “Hay quien opina sin conocer la letra pequeña. Llevamos meses trabajando para que no haya colapso”, asegura la vicepresidenta en declaraciones a EL PAÍS. “La recomendación es evitar desplazamientos. Cada quien es libre de moverse, pero habrá restricciones para garantizar la seguridad”, advierte. Según la vicepresidenta, desde diciembre del año pasado, las instituciones que integran la comisión de gestión del eclipse están generando las condiciones óptimas para que no haya incidencias. Además, recuerda que los equipos de seguridad y prevención en el archipiélago están acostumbrados a trabajar con índices de presión humana altísimos durante el verano.
Sin embargo, el director general de Emergencias e Interior de Baleares, Pablo Gárriz, reconoció durante una rueda de prensa este jueves la incertidumbre sobre las posibles concentraciones de personas para ver el eclipse: “No somos capaces de dimensionar un operativo conjunto teniendo en cuenta el elemento de la población, porque no sabemos dónde se va a mover”, aseguró. No obstante, dijo garantizar la respuesta tanto en los puntos de observación como en el resto del territorio, “teniendo en cuenta estimaciones máximas”.
El Observatorio de Carbonell conoce, con precisión de segundos, la hora exacta en que la sombra de la luna tocará cada rincón de Mallorca. Nadie puede saber, con la misma certeza, dónde estarán los espectadores cuando eso ocurra. El 12 de agosto será un día que probablemente las Islas Baleares no olvidarán. Ya sea porque presenció un fenómeno histórico o porque comprobó, en un día clave, cuánto pueden soportar los servicios del archipiélago.
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