Los inversores compran a manos llenas todo lo que suene a inteligencia artificial, a pesar de las señales de aviso con reminiscencias de ‘burbuja’ tecnológica. La gente tiene miedo, sí, pero no quiere perderse el rally de la tecnología y los semiconductores Leer Los inversores compran a manos llenas todo lo que suene a inteligencia artificial, a pesar de las señales de aviso con reminiscencias de ‘burbuja’ tecnológica. La gente tiene miedo, sí, pero no quiere perderse el rally de la tecnología y los semiconductores Leer
¿Recuerdan el mundo de la pandemia? Cuando los brókeres no daban abasto en abrir cuentas a inversores novatos; ¿o el mundo de la invasión de Ucrania en 2022, o, incluso, el de la crisis arancelaria provocada por Donald Trump en 2025? Pues bien, como sucediera con el escenario de aquella pizarra sostenida por el presidente de EEUU el año pasado en el Jardín de las Rosas, creado por Jaqueline Kennedy, nada de todo aquello existe ya. Hoy el inversor mira a un mundo dividido en dos: las bolsas desarrolladas, donde la IA tiene un peso determinante, y todo lo demás… y ese ‘demás’ ha dejado de estar en el radar. Ha desaparecido.
«No existe el posicionamiento geográfico. El mundo se ha dividido en dos mitades. Países desarrollados y al otro lado, tres quintos de la población mundial. Los BRICS ya no son lo que eran: Brasil con un gobierno no pronegocio, está Rusia, India tiene ahora un posicionamiento ambiguo desde un punto de vista geoestratégico, y China lidera el imperio emergente que está desafiando al mundo americano. Los emergentes han desaparecido. ¿Cómo voy a recomendar a mis clientes que inviertan ahí?», reflexionaba Ramón Forcada, director de Análisis de Bankinter, durante la presentación de sus estimaciones para los mercados de cara a los meses de verano.
Es tal la concentración a la que se ha llegado debido a todo lo que rodea a las empresas vinculadas a la inteligencia artificial que un susto en la bolsa de Corea del Sur, donde Samsung y SK Hynix representan cerca del 75% de la ponderación del Kospi (con 77 cotizadas), genera una ola de pánico inversor a nivel planetario. Pero no se confundan. Al inversor le puede el FOMO. Esa necesidad de no perderse la gran ola de ganancias de la inteligencia artificial. Solo hubo una semana, la última del mes de junio cuando se vivieron las mayores salidas del mercado de semiconductores por parte del pequeño comprador de bolsa en 14 meses, según datos de JP Morgan… que fue la misma semana en la que el volumen de compras netas en tecnología se disparó a máximos de un año. Burbuja o no, nadie quiere perderse el rally de la IA que todo lo inunda y todo lo ensombrece.
Si usted hoy se decide por comprar un ETF vinculado al MSCI World Index, la referencia de inversión en bolsa a nivel mundial, debe saber que lo que está comprando es básicamente EEUU (en un 72%) y tecnología (con un tercio del total). Una cuarta parte del índice está formado por las grandes de semiconductores y las denominadas FAANG, esto es: Nvidia, Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet, Broadcom, Micron, Meta y Tesla. SpaceX, que entró a formar parte del Nasdaq 100 el pasado 7 de julio, también se incorporó por la vía rápida al MSCI World y se espera que su peso vaya aumentando según crezca el free float de la compañía en bolsa, ahora mismo muy limitado.
Si quiere ir un paso más allá y adquirir un ETF indexado al MSCI Emerging Markets debe saber que va a sobreponderar en su cartera más de lo mismo: tecnología. Representa casi la mitad de la composición de un índice con casi 1.200 empresas y en el que China ha caído a la tercera posición, en favor de los mercados de Taiwán y Corea del Sur, con el 50% del peso, gracias a la predominancia de firmas de semiconductores. Europa, de hecho, es el único mercado que ofrece algo de diversificación. Aquí la tecnología de la información es el cuarto sector más relevante, con el 10% de ponderación por detrás de financieras, de industriales y del sector sanitario (Roche, entre otras). Eso sí el primer valor del índice europeo es ASML, el representante continental del sector de semiconductores, con cerca de 630.000 millones de euros de capitalización y una subida en el último año del 130%. «Marcha muy por detrás de los gigantes estadounidenses, pero muy por delante del resto de la bolsa europea. ¿A qué se debe este prodigio? Principalmente, al hecho de que su posición es única en el mundo», afirman desde La Financière de l’Échiquier. «Fabrica las máquinas de litografía que se utilizan para producir chips electrónicos con una tecnología puntera, Extreme Ultraviolet (EUV). Generar este tipo de radiación es toda una hazaña: unas microgotas de estaño son golpeadas por un láser para crear un plasma que alcanza brevemente una temperatura superior a la de la superficie del Sol», explican. ASML es la mayor cotizada europea, por delante de la británica Arm Holdings, también de semiconductores, de Roche, a quien duplica en tamaño, HSBC, LVMH o Novartis.
Con datos de BlackRock, la mayor casa de ETFs del mundo, las entradas en sus fondos de tecnología global vivieron en junio el mayor récord de compras de todos los tiempos, con 31.300 millones de dólares. De hecho, no es que fuera el mes de mayores entradas, es que en los meses de mayo y junio prácticamente parece que no ha existido más en el escaparate. Los datos más actualizados, de Bank of America, reflejan cómo en la semana del 6 al 10 de julio los fondos a nivel global que entraron en tecnología registraron el mayor de todos los récords con 183.000 millones de dólares, coincidiendo también con la cuarta mayor entrada de dinero en renta variable de todo el año. La gente tiene miedo, sí, pero no quiere perderse el rally y prefiere arriesgarse a costa de perturbar su umbral de sueño.
Donald Trump, el gran originador de volatilidad en las bolsas en los dos años que lleva de segundo mandato tras la crisis comercial y en plena guerra en Irán, va camino de convertirse en el cuarto presidente de toda la historia de EEUU que presencie cuatro años consecutivos de ganancias en Wall Street. Y esto es muy relevante para él a cuatro meses de las elecciones de medio mandato, donde teme salir debilitado mientras el precio de llenar el depósito sigue disparado.
Se mira al VIX, el índice que mide la volatilidad sobre el S&P 500 (el miedo de los inversores, en definitiva), y cotiza a niveles de 16 puntos, que es la mitad del pico que alcanzó con la guerra de Irán. El Vstoxx europeo está incluso más abajo. Y, sin embargo, y debido a su alta concentración, la bolsa de Corea del Sur lleva semanas en las que sus caídas se acercan peligrosamente al 10% en el intradía. Y esto es más que la media a la que tenía acostumbrados a sus inversores en un mercado donde, por cierto, el gobierno se empeñó en integrar al inversor retail con distintas medidas y donde es muy habitual utilizar ETFs apalancados, incluso, sobre una sola acción -como Samsung o SK Hynix- aumentando la volatilidad.
Kieron Poon, director de inversiones de renta variable asiática de Aberdeen Investments, habla de una situación «manejable». «El saldo en préstamos lombardos sigue siendo modesto en relación con la capitalización bursátil total del Kospi, situándose en torno al 0,5%, lo que supone un nivel bajo en términos históricos». Poon reconoce que los ETFs apalancados «requieren reequilibrios constantes» lo que aumenta la presión a la baja del mercado en momentos de «debilidad». Y eso que el regulador surcoreano tiene limitadas las caídas: por encima del 8% se suspende la sesión 20 minutos; por encima del 15% otros 20 y si cae más del 20% se cierra la bolsa hasta el día siguiente para dar tiempo a reflexionar.
¿Estamos ante un momento de ‘exhuberancia irracional’?, plantea Beltrán de la Lastra, fundador de Panza Capital, parafraseando al recién fallecido Alan Greenspan. «Parece difícil negarlo. Nvidia tiene hoy una capitalización que supera al PIB individual de todos los países del mundo con las excepciones de EEUU y China (…) La fascinación por la revolución tecnológica solo es comparable a la indiferencia —o pesimismo— respecto a los sectores al margen de la atención de los inversores. Similar al 2000″, tiempos de la burbuja puntocom.
Y eso que los resultados acompañan. Se espera que las compañías estadounidenses mejoren un 23% sus beneficios en 2026, mientras que las firmas de semiconductores lo harán hasta un 85%, según Bankinter. Para José Ramón Iturriaga, gestor de Abante, «debajo de esta aparente calma en la bolsa mundial, podemos apreciar un cierto corrimiento de tierras. El buen comportamiento se ha concentrado en un puñado de nombres, tocados por la varita de la IA, que se están tomando un respiro. Teniendo en cuenta la enorme concentración que existe en EEUU esto no será inocuo de cara al futuro de los mercados».
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