Sebastián Gallego se define, medio en broma medio en serio, como un «jornalero del entretenimiento». Desde sus inicios como community manager a su trabajo como responsable de prensa, representante o monologuista, el comunicador ha sabido convertir su pasión por la televisión y la cultura pop en su modo de vida.
Ahora da un paso más con Operación Viejoven, el espectáculo que estrena el 9 de mayo en el Teatro Sofía de Madrid, una propuesta que mezcla memoria televisiva, autobiografía y humor generacional y que más tarde pasará por Barcelona (17 de mayo), para regresar a Madrid y poder verse después en Sevilla, Córdoba, Valencia o Málaga.
«Es como un agradecimiento a la tele», explica a 20minutos. «Son los últimos 25 años de televisión condensados en una hora y veinte… está lleno de referencias a memes o recuerdos de momentazos televisivos». Esa televisión, lejos de ser un simple recurso narrativo, es el eje emocional del espectáculo, donde el público comparte esa especie de archivo sentimental de quienes crecieron entre galas, realities y sobremesas frente al televisor.
Para Gallego, la relación con la televisión no fue circunstancial. Fue, directamente, fundacional. «Yo me lo veía todo lo que podía», recuerda de cuando era niño. Desde Sorpresa, sorpresa hasta Operación Triunfo, pasando por los magacines y formatos de tarde que marcaron una época. Aquella fascinación tenía algo más profundo que el simple entretenimiento: «Era como soñar con otros mundos», revela.
«Me acuerdo de que mi padre me obligaba a acostarme temprano y yo me grababa las galas de OT1, con nueve años y me despertaba los martes y lo veía para poder hablar en el autobús del colegio de Operación Triunfo, porque si no, no tenía tema de conversación», cuenta como anécdota.
Ese imaginario televisivo también cumplió una función clave en su desarrollo personal. Criado entre Sevilla y Córdoba, reconoce que no tenía referentes homosexuales cercanos: «Yo es que no conocía a nadie gay, o sea, a nadie«. Por eso, figuras televisivas como Jesús Vázquez o Jorge Javier Vázquez se convirtieron en espejos posibles: «Era como ‘vale, no me pasa nada malo… esta gente es como yo, le va bien y pueden trabajar de lo que le gusta’», pensó entonces.
Ese cruce entre identidad personal y cultura pop atraviesa Operación Viejoven, donde el escenario se convierte en un espacio intermedio entre generaciones: entre «las películas de Cine de barrio y el top 10 de Netflix«, entre lo analógico y lo digital.
Aunque Gallego lleva años comunicando en televisión, como presentador o en pódcasts como La Vida y Tal (Premio Ondas 2023) o el pódcast Toma extra, enfrentarse a un espectáculo en solitario ha supuesto un reto distinto. «Yo nunca me había enfrentado a un monólogo«, admite.
«A mí me llaman de MPC, que es una productora teatral que lleva a Andreu, Berto, a Eva Soriano… Yo flipo con la propuesta, me lo pienso, y digo que sí, porque yo siempre pienso que si hay alguien que se dedica a esto y que es más listo que yo, que cree que lo puedo hacer, pues yo para adelante».
El proceso ha sido, según cuenta, más complejo de lo esperado, aunque contó con ayuda de un guionista: «Es mucho trabajo de soledad, de tú repetirte el texto mil veces… pensando: ¿será gracioso?». Incluso revela que llegó a ensayar frente a muñecos de porcelana, simulando al público. «Se lo repito a un muñeco aquí, a otro muñeco allí, como mirando a las dos gradas del teatro», confiesa divertido.
Ese vértigo inicial tuvo nombre propio: «Me dio síndrome del impostor«. La presión no era menor: «La gente paga solo por verme a mí y se tiene que ir contenta». Sin embargo, la prueba de texto disipó dudas: «La gente se ha reído… tengo ganas del estreno, vamos con todo», se motiva.
El espectáculo combina estructura y espontaneidad: «Son 80 minutos, 60 de texto y 20 de improvisación, con interacción con el público, dividido en tres bloques». Una fórmula que conecta con su esencia más natural: «Creo que una de mis bazas es que soy espontáneo», hace ver.
De hecho, una de las que intuye que serán más celebradas incluye una anécdota personal. «No quiero contarlo, porque creo que es de lo mejor del monólogo, pero hay una experiencia un día de Reyes que en las pruebas de texto ha hecho reír mucho«.
En Operación Viejoven la nostalgia no es solo estética, sino casi terapéutica. «El mundo se está yendo un poco a la mierda… entonces revisitar momentos del pasado en los que tú asocias que eras feliz hace que en el presente seas feliz», reflexiona.
Pero el espectáculo no se queda en la idealización del pasado. También dialoga con el presente digital y sus contradicciones. Gallego, que reconoce vivir «entre dos mundos», observa con cierta distancia la exposición actual: «Yo decidí hace un montón de tiempo que en mis redes no iba a poner ‘he tenido un día de mierda’… con lo que subo quiero dar un ratito para que quien lo vea se lo pasen bien».
Esa decisión conecta con su forma de entender el entretenimiento: como un espacio de evasión compartida, más que de exhibición emocional.
Gallego es uno de esos casos en los que la llamada de la vocación se cruzó en sus planes, pues en un principio estudió Derecho porque era «la carrera que no tenía matemáticas ni química», convencido de que lo de la televisión era solo un sueño lejano y llegó a verse «con toga y defendiendo a los buenos de los malhechores». Pero montó una revista digital donde comenzó a escribir sobre televisión y eso lo cambió todo: le abrió la puerta a una beca en el conglomerado Atresmedia y, desde entonces, no ha parado.
«Voy como cumpliendo cosas que yo nunca había soñado», reconoce. Entre ellas, subirse ahora a un escenario con un espectáculo propio. Y aunque es nostálgico para la tele, no lo es para su propia vida y las cosas del pasado. «Me parece un aburrimiento. Yo lo que quiero es el futuro. O sea, si después del monólogo viene la gira, pues venga. Y después de la gira, viene otra cosa. Estoy más pensando en lo que quiero hacer en el futuro que en lo que hice en el pasado, que me lo pasé muy bien y lo disfruté un montón».
En medio, ha sido también profesor de Universidad. Si tuviera que dar una lección, sería esta: «Que la vida da vueltas de llorar, pero que llegará su momento. Yo mismo tengo impaciencia porque todo llegue. Así que les diría que no todo va a llegar en el primer año, van a ir poquito a poco». Por eso, dice, agradece que este boom «me haya llegado a mis 30 en vez de a mis 18».
BIO
En 2026 presenta la segunda temporada del programa Toma extra, en el que entrevista a actores y directores de series y películas de distintas plataformas OTT. Además, durante más de tres años copresentó el podcast La Vida y Tal, galardonado con el Premio Ondas 2023 al Podcast Revelación, tanto en su versión de estudio como en las giras en directo que recorrieron varias ciudades de España.
También ha participado como invitado especial en el concurso El Cazador Stars. Presentó junto a Oriana Marzoli El loco amor, un programa de citas en Mediaset Infinity España.
Sebastián Gallego, sobre ‘Operación Viejoven’: «La gente paga por verme y se tiene que ir contenta»
Sebastián Gallego se define, medio en broma medio en serio, como un «jornalero del entretenimiento». Desde sus inicios como community manager a su trabajo como responsable de prensa, representante o monologuista, el comunicador ha sabido convertir su pasión por la televisión y la cultura pop en su modo de vida.
Ahora da un paso más con Operación Viejoven, el espectáculo que estrena el 9 de mayo en el Teatro Sofía de Madrid, una propuesta que mezcla memoria televisiva, autobiografía y humor generacional y que más tarde pasará por Barcelona (17 de mayo), para regresar a Madrid y poder verse después en Sevilla, Córdoba, Valencia o Málaga.
«Es como un agradecimiento a la tele», explica a 20minutos. «Son los últimos 25 años de televisión condensados en una hora y veinte… está lleno de referencias a memes o recuerdos de momentazos televisivos». Esa televisión, lejos de ser un simple recurso narrativo, es el eje emocional del espectáculo, donde el público comparte esa especie de archivo sentimental de quienes crecieron entre galas, realities y sobremesas frente al televisor.
Para Gallego, la relación con la televisión no fue circunstancial. Fue, directamente, fundacional. «Yo me lo veía todo lo que podía», recuerda de cuando era niño. Desde Sorpresa, sorpresa hasta Operación Triunfo, pasando por los magacines y formatos de tarde que marcaron una época. Aquella fascinación tenía algo más profundo que el simple entretenimiento: «Era como soñar con otros mundos», revela.
«Me acuerdo de que mi padre me obligaba a acostarme temprano y yo me grababa las galas de OT1, con nueve años y me despertaba los martes y lo veía para poder hablar en el autobús del colegio de Operación Triunfo, porque si no, no tenía tema de conversación», cuenta como anécdota.
Ese imaginario televisivo también cumplió una función clave en su desarrollo personal. Criado entre Sevilla y Córdoba, reconoce que no tenía referentes homosexuales cercanos: «Yo es que no conocía a nadie gay, o sea, a nadie«. Por eso, figuras televisivas como Jesús Vázquez o Jorge Javier Vázquez se convirtieron en espejos posibles: «Era como ‘vale, no me pasa nada malo… esta gente es como yo, le va bien y pueden trabajar de lo que le gusta’», pensó entonces.
Ese cruce entre identidad personal y cultura pop atraviesa Operación Viejoven, donde el escenario se convierte en un espacio intermedio entre generaciones: entre «las películas de Cine de barrio y el top 10 de Netflix«, entre lo analógico y lo digital.

Aunque Gallego lleva años comunicando en televisión, como presentador o en pódcasts como La Vida y Tal (Premio Ondas 2023) o el pódcast Toma extra, enfrentarse a un espectáculo en solitario ha supuesto un reto distinto. «Yo nunca me había enfrentado a un monólogo«, admite.
«A mí me llaman de MPC, que es una productora teatral que lleva a Andreu, Berto, a Eva Soriano… Yo flipo con la propuesta, me lo pienso, y digo que sí, porque yo siempre pienso que si hay alguien que se dedica a esto y que es más listo que yo, que cree que lo puedo hacer, pues yo para adelante».
El proceso ha sido, según cuenta, más complejo de lo esperado, aunque contó con ayuda de un guionista: «Es mucho trabajo de soledad, de tú repetirte el texto mil veces… pensando: ¿será gracioso?». Incluso revela que llegó a ensayar frente a muñecos de porcelana, simulando al público. «Se lo repito a un muñeco aquí, a otro muñeco allí, como mirando a las dos gradas del teatro», confiesa divertido.
Ese vértigo inicial tuvo nombre propio: «Me dio síndrome del impostor«. La presión no era menor: «La gente paga solo por verme a mí y se tiene que ir contenta». Sin embargo, la prueba de texto disipó dudas: «La gente se ha reído… tengo ganas del estreno, vamos con todo», se motiva.
El espectáculo combina estructura y espontaneidad: «Son 80 minutos, 60 de texto y 20 de improvisación, con interacción con el público, dividido en tres bloques». Una fórmula que conecta con su esencia más natural: «Creo que una de mis bazas es que soy espontáneo», hace ver.
De hecho, una de las que intuye que serán más celebradas incluye una anécdota personal. «No quiero contarlo, porque creo que es de lo mejor del monólogo, pero hay una experiencia un día de Reyes que en las pruebas de texto ha hecho reír mucho«.
En Operación Viejoven la nostalgia no es solo estética, sino casi terapéutica. «El mundo se está yendo un poco a la mierda… entonces revisitar momentos del pasado en los que tú asocias que eras feliz hace que en el presente seas feliz», reflexiona.
Pero el espectáculo no se queda en la idealización del pasado. También dialoga con el presente digital y sus contradicciones. Gallego, que reconoce vivir «entre dos mundos», observa con cierta distancia la exposición actual: «Yo decidí hace un montón de tiempo que en mis redes no iba a poner ‘he tenido un día de mierda’… con lo que subo quiero dar un ratito para que quien lo vea se lo pasen bien».
Esa decisión conecta con su forma de entender el entretenimiento: como un espacio de evasión compartida, más que de exhibición emocional.
Gallego es uno de esos casos en los que la llamada de la vocación se cruzó en sus planes, pues en un principio estudió Derecho porque era «la carrera que no tenía matemáticas ni química», convencido de que lo de la televisión era solo un sueño lejano y llegó a verse «con toga y defendiendo a los buenos de los malhechores». Pero montó una revista digital donde comenzó a escribir sobre televisión y eso lo cambió todo: le abrió la puerta a una beca en el conglomerado Atresmedia y, desde entonces, no ha parado.
«Voy como cumpliendo cosas que yo nunca había soñado», reconoce. Entre ellas, subirse ahora a un escenario con un espectáculo propio. Y aunque es nostálgico para la tele, no lo es para su propia vida y las cosas del pasado. «Me parece un aburrimiento. Yo lo que quiero es el futuro. O sea, si después del monólogo viene la gira, pues venga. Y después de la gira, viene otra cosa. Estoy más pensando en lo que quiero hacer en el futuro que en lo que hice en el pasado, que me lo pasé muy bien y lo disfruté un montón».
En medio, ha sido también profesor de Universidad. Si tuviera que dar una lección, sería esta: «Que la vida da vueltas de llorar, pero que llegará su momento. Yo mismo tengo impaciencia porque todo llegue. Así que les diría que no todo va a llegar en el primer año, van a ir poquito a poco». Por eso, dice, agradece que este boom «me haya llegado a mis 30 en vez de a mis 18».
En 2026 presenta la segunda temporada del programa Toma extra, en el que entrevista a actores y directores de series y películas de distintas plataformas OTT. Además, durante más de tres años copresentó el podcast La Vida y Tal, galardonado con el Premio Ondas 2023 al Podcast Revelación, tanto en su versión de estudio como en las giras en directo que recorrieron varias ciudades de España.
También ha participado como invitado especial en el concurso El Cazador Stars. Presentó junto a Oriana Marzoli El loco amor, un programa de citas en Mediaset Infinity España.
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