El Estadio Azteca tiene una boca tan grande que parece querer comerse el Mundial. Me bastó con entrar a la inauguración para saber que estaba empezando algo importante. Algo grande. Un juego fascinante y polémico que cada cuatro años obliga al planeta a detenerse para mirar un balón que corre portando una sola mercancía: incertidumbre.
Un campeonato cada cuatro años tiene el valor de lo excepcional. Y estos son tiempos veloces que traen novedades futbolísticas, pero también sociológicas: nunca los futbolistas se parecieron tanto entre sí y nunca los países necesitaron tanto sentirse distintos
El Estadio Azteca tiene una boca tan grande que parece querer comerse el Mundial. Me bastó con entrar a la inauguración para saber que estaba empezando algo importante. Algo grande. Un juego fascinante y polémico que cada cuatro años obliga al planeta a detenerse para mirar un balón que corre portando una sola mercancía: incertidumbre.
Deportes en EL PAÍS
