Escribía mensajes vejatorios de forma insistente a sus números de teléfono y cuentas en redes sociales Leer Escribía mensajes vejatorios de forma insistente a sus números de teléfono y cuentas en redes sociales Leer
«¿Sabes dónde queda el Caja Rural? He quedado ahí con un cliente y no lo encuentro». Esta era una de las artimañas de Pablo, un profesor de inglés de 41 años que simulaba encuentros casuales con mujeres en las calles del distrito madrileño de Tetuán. Generalmente, las abordaba preguntando por alguna sucursal bancaria para después presentarse como un prestigioso abogado que trabajaba en el distrito financiero de las Cuatro Torres. Una vez roto el hielo, presumía de su supuesta posición profesional y terminaba invitándolas a cenar o tomar algo. Sin embargo, detrás de aquel letrado de alto standing se escondía, en realidad, un funcionario de la Comunidad de Madrid que ha terminado detenido por presuntamente acosar a nueve mujeres entre 2024 y 2026.
«Me decía que él era abogado y que tenía que reunirse con un cliente en un cajero. Si no recuerdo mal, me preguntaba por un Caja Rural», relata una joven que asegura haber vivido episodios similares. Durante los dos años que residió en la zona de Tetuán y Estrecho, aquel desconocido llegó a interceptarla unas cinco veces mientras caminaba por su barrio. En ocasiones, incluso trataba de provocar un encontronazo aparentemente fortuito. «Estaba en el paso de peatones iba a cruzar y este hombre choca conmigo y me pregunta por el banco», recuerda la mujer.
Según la investigación de la Policía Nacional, el sospechoso recurría habitualmente a estas maniobras para plantear consultas aparentemente inocentes e iniciar conversaciones que intentaba prolongar hasta conseguir los datos personales de sus interlocutoras. Aunque muchas lograban escabullirse, otras acababan facilitándole su número de teléfono.
Este tipo de abordajes guarda similitudes con las técnicas difundidas por el movimiento Pick Up Artist, nacido en Estados Unidos y extendido a otros países. En torno a él se han formado comunidades digitales donde los hombres intercambian consejos y experiencias sobre cómo ligar con desconocidas en la vía pública con tácticas agresivas. También existen autodenominados coaches que imparten cursos sobre esta materia.
Sin embargo, algunas de las jóvenes que accedían a darle su teléfono acababan recibiendo mensajes muy distintos de aquellas cordiales invitaciones iniciales. En ocasiones, de forma repentina o tras algún episodio de frustración, el hombre pasaba a utilizar un lenguaje sexual agresivo. Podía bombardearlas con insultos como «Zorrita» o «puta loca», llamarlas «receptáculo de esperma» o enviarles proposiciones explícitas como «ven a mi casa para que te folle por todos los agujeros».
Las primeras denuncias contra el presunto acosador se remontan a 2024. Desde entonces, nueve mujeres han acudido a la Policía para relatar los hechos, mientras que la difusión de sus experiencias en redes sociales ha favorecido la aparición de nuevos testimonios. Tras identificar al sospechoso, los investigadores establecieron un dispositivo que culminó con su detención el pasado 23 de octubre. Posteriormente, fue puesto a disposición judicial.
A falta de una calificación definitiva de los hechos, fuentes jurídicas explican a GRAN MADRID que el arrestado podría enfrentarse a una acusación por un delito de acoso, castigado con penas de entre tres meses y dos años de prisión o multa. Los mensajes sexuales e insultantes también podrían constituir un delito leve contra la integridad moral si generaron una situación humillante, hostil o intimidatoria. En cambio, hacerse pasar por abogado para llamar la atención de las jóvenes no supondría por sí solo un delito de intrusismo profesional, siempre que no hubiera ejercido funciones propias de la abogacía.
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