La negociación para la formación de Senado de Progreso se desarrolló con discreción durante la última semana Leer La negociación para la formación de Senado de Progreso se desarrolló con discreción durante la última semana Leer
El PSOE y el Frente Amplio ocultaron hasta el último minuto su histórico acuerdo para presentarse juntos en el Senado para evitar que PP y Vox reaccionaran y replicaran una alianza en los mismos términos pero por la derecha, según reconocen fuentes de ambas formaciones. «Si no, entonces esto no habría servido de nada», advierten fuentes conocedoras de aquella negociación.
Este miedo a una coalición de las derechas existía entre los dos socios del Gobierno y explica la razón por la cual se quiso dilatar el anuncio hasta que había vencido el plazo legal para registrar las coaliciones ante la Junta Electoral, que acabó a las 23.59 horas del pasado viernes. Fue a partir de ahí cuando ambas candidaturas publicitaron el acuerdo, a pesar de que éste llevaba en realidad bastantes horas cerrado.
La consigna interna era no airear absolutamente nada de esa negociación, ni de la evolución de las conversaciones. Se exigía mantener la máxima discreción para evitar que una filtración metiera el miedo en el cuerpo al PP y se fuera a buscar a Vox para una coalición in extremis.
La operación estratégica para alumbrar Senado de Progreso era de suma importancia, porque con este acuerdo inédito en su alcance, la izquierda está en condiciones de disputar a la derecha una Cámara que viene dominando de manera muy mayoritaria, y que antes, con los sondeos en la mano, podría llevar a PP y Vox a coquetear con una mayoría de tres quintos. Esta cantidad tan numerosa de senadores permitiría a la derecha nombrar sin el consenso de la izquierda a los cuatro magistrados del Tribunal Constitucional, que tendrán que ser renovados en la próxima legislatura. Algo así propiciaría un cambio de mayorías en el tribunal de garantías, que pasaría de progresista a conservador.
Esta posibilidad fue precisamente una de las razones más poderosas que llevaron al PSOE y el Frente Amplio a firmar un acuerdo que los socialistas nunca habían alcanzado con fuerzas de su izquierda. Hubo un precedente en 2000 pero ni por asomo abarcó un número tan extendido de circunscripciones, como el de ahora. Y es que, el pacto para una candidatura unitaria operará en toda España a excepción en Cataluña y Canarias -salvo en La Gomera-. En todas las demás circunscripciones habrá una lista única desafiando a la derecha.
El acuerdo se fraguó a lo largo de la última semana de plazo, aunque hacía tiempo que desde la sociedad civil y el entorno de algunos partidos de la izquierda se había empujado la idea de hacer una lista única. En esta presión ha jugado un papel destacado la asociación de Senadoras y Senadores por la Democracia, que hasta hizo actos públicos exigiendo esa unidad.
No obstante, no fue hasta una semana antes del fin del plazo cuando el PSOE abrió esa puerta y trasladó a los partidos del Frente Amplio su disposición a sentarse para hablar. La primera reunión de relevancia tuvo lugar ese domingo y en ella, según las fuentes consultadas, se constató que había buena predisposición por ambas partes para avanzar. Esto propició que los contactos fueran más fluidos y constantes a lo largo de los siguientes días, hasta culminar en el histórico pacto.
En esos primeros contactos, el PSOE exigió al Frente Amplio que las negociaciones se tenían que desarrollar bajo el máximo hermetismo para evitar que hubiera una reacción del PP. Y así sucedió. Un aliado inesperado para mantener la discreción fue el culebrón que protagonizó aquellos días la izquierda en torno a las negociaciones entre el Frente Amplio y Podemos. Las no negociaciones, se podría decir. Esto permitió que el diálogo con el PSOE quedara por debajo del radar y que toda la atención estuviera puesta en si se iba a lograr la unidad en el Congreso, dejando de lado el Senado.
El entusiasmo dentro del Frente Amplio con el acuerdo es absoluto, porque además de verse como un freno a la derecha, se considera que va a tener un importante papel movilizador en circunscripciones donde a priori su electorado podría verse más desanimado para ir a votar o incluso para agitar a los suyos para hacer campaña.
A falta de que se desvelen los detalles del reparto de puestos, el Frente Amplio tendrá posibilidad de colocar a unos cuantos en las listas con opciones de salir elegidos que de otra manera no tendrían opciones reales de competir. Esto alivia, a su vez, la presión por los puestos de salida en las listas al Congreso, donde no hay sitio para todos y hay empujones.
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