Una porción de los marroquíes sueña con la gloria de ser un gran imperio y quizás hasta con la oportunidad de reconstruir lo que un día fue el Al-Ándalus. Sin embargo, pocas propuestas van tan en serio como aquella del ‘Gran Marruecos’, la principal corriente del irredentismo (la actitud política que promueve la anexión de territorios) y el nacionalismo en el país vecino.
Ahora, la crisis en Ceuta parece haber revivido las ansias expansionistas de algunos de sus dirigentes. Tan solo este lunes, el ministro de Asuntos Religiosos, Ahmed Toufiq, evocó «la lucha sagrada» para liberar «las ciudades ocupadas», haciendo referencia a Ceuta y Melilla, y el ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, aseguró que se debía garantizar «el retorno de Ceuta y Melilla al seno de la patria». ¿Pero de dónde provienen estas ideas?
La tesis del ‘Gran Marruecos’ nació en los años 20, justamente cuando Europa transitaba consternada el periodo de entreguerras. En ese entonces, no había quien le diese importancia a lo que sucedía en el norte de África, pero allí, el clima de rechazo hacia el colonialismo francés y español construía una identidad casi subversiva que soñaba con un Marruecos grande e independiente.
La teoría se originó en la mente de Allal El Fasi, un político islamista que fundó más adelante, concretamente en 1943, el Partido Istiqlal o Partido de la Independencia.
La continuidad o creación de una dinastía
El ‘Gran Marruecos’ parte del salafismo (la corriente suní más extrema del Corán) y el panarabismo (la lucha por la unión política de los Estados árabes). De ahí que la intención fuese devolverle la gloria a las dinastías musulmanas que gobernaron alguna vez el norte de África, específicamente el Sultanato benimerín (1215-1465) y el Imperio almohade (1121-1269).
Esto, en términos actuales, implicaría anexarse el Sáhara Occidental, Mauritania entera, las zonas occidentales de Argelia, el norte de Mali y las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, así como otras plazas de soberanía española como la isla de Perejil, Vélez de la Gomera, Alhucemas y Chafarinas.
Algunas corrientes del ‘Gran Marruecos’ también reclaman las islas Canarias como parte de los territorios anexables. Sin embargo, el mapa publicado en 1956 por el periódico oficial del Partido de la Independencia no refleja la intención de hacerse con dicho territorio español.
La integración del ‘Gran Marruecos’ en la política actual
El sueño del ‘Gran Marruecos’ se extendió entre las élites políticas del país. De hecho, con la disolución de los protectorados europeos y la fundación del reino alauí en 1956, los nacionalistas se propagaron como pólvora y las ideas de Allal El Fasi pronto fueron parte del pensar de la nueva monarquía, según indica el historiador Maati Monjib en declaraciones para El Independiente.
La muerte del rey Mohamed V no mató el sueño nacionalista. Su hijo Hasan II lo usó como estandarte durante el proceso de independencia del Cabo Juby, la última guerra de España en África y, a día de hoy, los irredentistas también apelan al Gran Marruecos para justificar la ocupación marroquí en el Sahara Occidental.
La Marcha Verde de 1975
La Marcha Verde es probablemente la acción más importante impulsada por el movimiento irredentista y nacionalista marroquí. En noviembre del 75, el rey Hassan II, aprovechando el caos político en España tras los últimos días del franquismo, puso en jaque al país, obligándole a abandonar el Sáhara Occidental, un territorio que administraba desde finales del siglo XIX.
El plan maestro consistió en enviar a más de 350.000 civiles, muchos de ellos transportados en autobuses militares, para que cruzaran la frontera desarmados y avanzaran hacia El Aaiún, capital saharaui. Lo sucedido se presentó como una «marcha pacífica» y su resultado fue la firma de los Acuerdos de Madrid, mediante los cuales España abandonó el territorio sin celebrar el referéndum de autodeterminación que exigía la ONU.
En la actualidad, la población saharaui está representada por el Frente Polisario, que inició la resistencia y proclamó la República Árabe Saharaui Democrática desde el exilio, con base en campamentos de refugiados en Tinduf (Argelia).
La religión como argumento sobre Ceuta y Melilla
La disputa por Ceuta y Melilla tiene décadas, pero Melilla fue tomada en 1497 cuando la corona de Castilla se hizo con el control de la ciudad portuaria bajo el mandato de los Reyes Católicos, y Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415 y, debido a la unión ibérica, en 1580 pasó a estar bajo el control de la monarquía española, siglos antes de que existiera Marruecos moderno. Aun así, hay quienes alegan un apego entre las ciudades autónomas y el país alauita.
El argumento de personalidades como el ministro de Asuntos Religiosos, Toufiq, es que Ceuta, por ejemplo, fue durante la Edad Media un importante centro de conocimiento islámico y vio nacer grandes ulemas (sabios musulmanes). Entre ellos, Qadi Ayyad, uno de los principales estudiosos del islam del siglo XII, y Al Azfi, ambos asociados a la ciudad y reconocidos por sus obras sobre la vida y las virtudes de Mahoma.
Y es que los marroquíes más nacionalistas ponen en valor el pasado islámico de ambas ciudades, conectándolo con la identidad histórica de Marruecos.
¿Está Canarias en peligro?
El Frente Polisario advirtió en diciembre a España de que, una vez Marruecos consiga consolidar su ocupación del Sáhara Occidental, «el siguiente objetivo será Canarias», a menos que España le ponga freno y no le permita que siga marcando la agenda como ha venido haciendo en los últimos años.
Sin embargo, el Estado marroquí se ha mostrado en sintonía con España respecto a la soberanía de las islas. De hecho, en 1978, ante una reunión de la antigua Organización para la Unidad Africana (OUA), Argelia llevó la causa de la descolonización de Canarias y, frente a esa iniciativa, el Gobierno marroquí emitió una declaración oficial negándose a reconocer al MPAIAC (los independentistas canarios que establecieron su base operativa en Argelia) como movimiento de liberación.
Se trata de una doctrina que reclama un reajuste en las fronteras marroquíes, anexándose territorios como Ceuta, Melilla, Mauritania, y según algunas corrientes, Canarias.
Una porción de los marroquíes sueña con la gloria de ser un gran imperio y quizás hasta con la oportunidad de reconstruir lo que un día fue el Al-Ándalus. Sin embargo, pocas propuestas van tan en serio como aquella del ‘Gran Marruecos’, la principal corriente del irredentismo (la actitud política que promueve la anexión de territorios) y el nacionalismo en el país vecino.
Ahora, la crisis en Ceuta parece haber revivido las ansias expansionistas de algunos de sus dirigentes. Tan solo este lunes, el ministro de Asuntos Religiosos, Ahmed Toufiq, evocó «la lucha sagrada» para liberar «las ciudades ocupadas», haciendo referencia a Ceuta y Melilla, y el ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, aseguró que se debía garantizar «el retorno de Ceuta y Melilla al seno de la patria». ¿Pero de dónde provienen estas ideas?
La tesis del ‘Gran Marruecos’ nació en los años 20, justamente cuando Europa transitaba consternada el periodo de entreguerras. En ese entonces, no había quien le diese importancia a lo que sucedía en el norte de África, pero allí, el clima de rechazo hacia el colonialismo francés y español construía una identidad casi subversiva que soñaba con un Marruecos grande e independiente.
La teoría se originó en la mente de Allal El Fasi, un político islamista que fundó más adelante, concretamente en 1943, el Partido Istiqlal o Partido de la Independencia.
La continuidad o creación de una dinastía
El ‘Gran Marruecos’ parte del salafismo (la corriente suní más extrema del Corán) y el panarabismo (la lucha por la unión política de los Estados árabes). De ahí que la intención fuese devolverle la gloria a las dinastías musulmanas que gobernaron alguna vez el norte de África, específicamente el Sultanato benimerín (1215-1465) y el Imperio almohade (1121-1269).
Esto, en términos actuales, implicaría anexarse el Sáhara Occidental, Mauritania entera, las zonas occidentales de Argelia, el norte de Mali y las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, así como otras plazas de soberanía española como la isla de Perejil, Vélez de la Gomera, Alhucemas y Chafarinas.
Algunas corrientes del ‘Gran Marruecos’ también reclaman las islas Canarias como parte de los territorios anexables. Sin embargo, el mapa publicado en 1956 por el periódico oficial del Partido de la Independencia no refleja la intención de hacerse con dicho territorio español.
La integración del ‘Gran Marruecos’ en la política actual
El sueño del ‘Gran Marruecos’ se extendió entre las élites políticas del país. De hecho, con la disolución de los protectorados europeos y la fundación del reino alauí en 1956, los nacionalistas se propagaron como pólvora y las ideas de Allal El Fasi pronto fueron parte del pensar de la nueva monarquía, según indica el historiador Maati Monjib en declaraciones para El Independiente.
La muerte del rey Mohamed V no mató el sueño nacionalista. Su hijo Hasan II lo usó como estandarte durante el proceso de independencia del Cabo Juby, la última guerra de España en África y, a día de hoy, los irredentistas también apelan al Gran Marruecos para justificar la ocupación marroquí en el Sahara Occidental.
La Marcha Verde de 1975
La Marcha Verde es probablemente la acción más importante impulsada por el movimiento irredentista y nacionalista marroquí. En noviembre del 75, el rey Hassan II, aprovechando el caos político en España tras los últimos días del franquismo, puso en jaque al país, obligándole a abandonar el Sáhara Occidental, un territorio que administraba desde finales del siglo XIX.
El plan maestro consistió en enviar a más de 350.000 civiles, muchos de ellos transportados en autobuses militares, para que cruzaran la frontera desarmados y avanzaran hacia El Aaiún, capital saharaui. Lo sucedido se presentó como una «marcha pacífica» y su resultado fue la firma de los Acuerdos de Madrid, mediante los cuales España abandonó el territorio sin celebrar el referéndum de autodeterminación que exigía la ONU.
En la actualidad, la población saharaui está representada por el Frente Polisario, que inició la resistencia y proclamó la República Árabe Saharaui Democrática desde el exilio, con base en campamentos de refugiados en Tinduf (Argelia).
La religión como argumento sobre Ceuta y Melilla
La disputa por Ceuta y Melilla tiene décadas, pero Melilla fue tomada en 1497 cuando la corona de Castilla se hizo con el control de la ciudad portuaria bajo el mandato de los Reyes Católicos, y Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415 y, debido a la unión ibérica, en 1580 pasó a estar bajo el control de la monarquía española, siglos antes de que existiera Marruecos moderno. Aun así, hay quienes alegan un apego entre las ciudades autónomas y el país alauita.
El argumento de personalidades como el ministro de Asuntos Religiosos, Toufiq, es que Ceuta, por ejemplo, fue durante la Edad Media un importante centro de conocimiento islámico y vio nacer grandes ulemas (sabios musulmanes). Entre ellos, Qadi Ayyad, uno de los principales estudiosos del islam del siglo XII, y Al Azfi, ambos asociados a la ciudad y reconocidos por sus obras sobre la vida y las virtudes de Mahoma.
Y es que los marroquíes más nacionalistas ponen en valor el pasado islámico de ambas ciudades, conectándolo con la identidad histórica de Marruecos.
¿Está Canarias en peligro?
El Frente Polisario advirtió en diciembre a España de que, una vez Marruecos consiga consolidar su ocupación del Sáhara Occidental, «el siguiente objetivo será Canarias», a menos que España le ponga freno y no le permita que siga marcando la agenda como ha venido haciendo en los últimos años.
Sin embargo, el Estado marroquí se ha mostrado en sintonía con España respecto a la soberanía de las islas. De hecho, en 1978, ante una reunión de la antigua Organización para la Unidad Africana (OUA), Argelia llevó la causa de la descolonización de Canarias y, frente a esa iniciativa, el Gobierno marroquí emitió una declaración oficial negándose a reconocer al MPAIAC (los independentistas canarios que establecieron su base operativa en Argelia) como movimiento de liberación.
20MINUTOS.ES – Internacional
