El cerebro puede crear mecanismos para minimizar el daño que produce gastar dinero, como desvincular el momento de consumir del de pagar o agrupar pérdidas y minimizarlas Leer El cerebro puede crear mecanismos para minimizar el daño que produce gastar dinero, como desvincular el momento de consumir del de pagar o agrupar pérdidas y minimizarlas Leer
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Si usted ya está de vacaciones sabrá que se disfrutan más al haberlas pagado con anticipación. Aunque la planificación es clave para tener una buena salud financiera, también se relaciona a un mecanismo para «minimizar el daño» emocional que produce el gastar dinero. Todo se reduce al dolor de pagar, ese «sentimiento de pérdida que con frecuencia se siente al anticipar o al hacer una compra», define el Bank of America (BoF). Y sí, se siente como un golpe físico.
El Banco de España recoge varios estudios neurológicos que concluyen que este hecho estimula las mismas regiones cerebrales que el dolor físico, por lo que debería motivar la responsabilidad en las compras, como un «mecanismo de alerta natural». Si duele, se aleja. Con el dinero no es tan fácil. Por un lado, motivado por esta molestia que genera pagar algo con un precio más alto, puede que no se tomen en cuenta otros factores que, a largo plazo, resultan siendo más caros. Por ejemplo, al ver los precios de la gasolina y no querer pagarlos, alguien puede elegir desviarse para buscar una gasolinera más barata. Sin embargo, no toma en cuenta «el valor del tiempo y de la gasolina que usa para ir a buscar ese mejor precio», sostiene el BoF.
Por otro lado, al ser un dolor real, el cerebro también puede crear mecanismos para minimizar ese daño, explica el Banco de España, como el de desvincular el momento de consumir del momento de pagar. Algo que generalmente pasa en las vacaciones (como las del verano), que son épocas de gasto por excelencia. De hecho, el verano pasado los españoles planeaban gastar de media unos 1.225 euros, pero este año esta cantidad ha aumentado un 2,6%, hasta los 1.257 euros, según el estudio sobre el verano del Observatorio Cetelem. Por esto, cuando el pago y el conumo coinciden al mismo tiempo, el acto es más consciente, mientras que pagar antes o después (con tarjeta de crédito por ejemplo), se disfruta más porque parece casi gratis.
Otros mecanismos de este tipo son agrupar las pérdidas o minimizarlas. Por ejemplo, pagar la luz, el agua y el internet al mismo tiempo; o el hotel, el avión y las visitas turísitcas «difumina» el dolor, explica la institución financiera. «Una amalgama de muchos pagos de diferente naturaleza, reduce el impacto y el sufrimiento que hubiera producido cada uno de estos gastos por separado». Y la sensación de tranquilidad aumenta cuanto menor es la atención que se le pone al pago. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Todas estas decisiones, una vez más, se producen por los sesgos cognitivos. Una idea que parece buena en el momento puede tener consecuencias en la economía personal a largo plazo que restan sus beneficios y terminan siendo «irracionales». Producto de estos sesgos, el BoF señala que «es común desarrollar hábitos financieros irracionales, a veces poco convencionales, que van en contra de nuestro bienestar financiero».
Salir del efecto de los sesgos en las finanzas puede ser complicado, pero es importante anticiparlos. Para esto, BoF recomienda hacer un plan a través de metas alcanzables para evitar que las emociones tomen parte de las decisiones económicas. Y no solo uno que incluya los gastos, ingresos y ahorro, sino también otro que considere las «posibles distracciones» (positivas o negativas) que podrían suceder para lograr esas metas, como compras compulsivas o un bono inesperado, y cómo se podrían resolver.
También la automatización funciona como una herramienta para evitar que las emociones tengan algo que ver en el dinero, como debitar automáticamente factuas o pagos con tarjetas. Esta es una manera de usar la digitalización a su favor, ya que las facilidades que ha dado la tecnología a través de pagos móviles pueden impulsar las compras compulsivas. Por esto, BoF recomiendo hacer más difícil la posibilidad de que estas se produzcan, como introducir la información de la tarjeta en lugar de guardarla o pagar con dinero en efectivo cuando se hace una compra en persona.
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