Lang Lang (Shenyang, China. 1982) es el único pianista en la actualidad capaz de atraer la atención de un público diverso y multitudinario, rendido a sus programas por dispares que sean, que agota con rapidez las localidades. La mayoría de los espectadores no son habituales de los recitales pianísticos, pero acuden con un notable entusiasmo al encuentro con un artista que les seduce. Así ha ocurrido en la última visita del músico chino a nuestro país, donde ha ofrecido un recital en solitario, al aire libre, dentro del festival Santa Catalina Classics.
Barceló Hotel Group promueve esta propuesta artística que llega a su sexta edición. A lo largo del año en curso, recibirá la visita del guitarrista riojano Pablo Sáinz-Villegas, la pianista Mariam Chitanava y el carismático arpista Xavier de Maistre. El festival se ha asentado en el espléndido Hotel Santa Catalina, el más antiguo de las Islas Canarias, que ofrece un escenario ideal.
En su amplio jardín se instalaron gradas para albergar a un gran número de espectadores y un sistema de sonido capaz de ofrecer fidelidad acústica. Allí se ejercitaba Lang Lang el día anterior al recital, probando el piano mientras los técnicos de sonido hacían sus ajustes. Enlazando algunas piezas de Albéniz con otras de Beethoven o el tema Let it go, de la película Frozen, parecía divertirse mientras ensayaba con relajación. Desde los alrededores del hotel podía escucharse perfectamente, razón por la cual numerosos aficionados se acercan los días de concierto a las inmediaciones para disfrutar de los eventos programados. Así sucedió también en la edición del año pasado, cuando se ofreció una espléndida gala operística protagonizada por Anna Netrebko y Jorge de León.
Al día siguiente, una sala abarrotada de estudiantes del Conservatorio de Las Palmas esperaba a Lang Lang horas antes de su recital, en una de las salas del hotel, para mantener un encuentro. El traductor casi no hacía falta, porque todos los chavales hablaban un inglés bastante fluido. Entre las inquietudes de los jóvenes, algunas se centraron en conocer sus hábitos como estudiante. Así supimos que el pequeño Lang madrugaba más de lo normal para dedicar al piano un tiempo, antes de partir hacia el colegio que, afortunadamente, estaba cerca de casa. Luego aprovechaba el tiempo de la comida para seguir dándole a las teclas y, por la noche, veía un poco la televisión, pero todavía sacaba otro buen rato hasta completar unas cinco horas diarias, en período lectivo. Su licencia secreta era una buena dosis de chocolate y el impulso, una determinación tremenda.
Pronto advirtió el pianista chino la dificultad que entrañaba la carrera de solista y se planteó si de verdad merecía la pena el sacrificio. «Me di cuenta de que el camino, aunque recibiera flores y aplausos, iba a ser árido y complicado. Tuve momentos de duda, porque no parecía ver resultados claros, pero fui capaz de sobrepasar esos baches», confesó a los atentos estudiantes. Gracias a ese ahínco, lo tenemos hoy dedicando su talento al piano y acercando la música para este instrumento hasta lugares donde nunca habría llegado. Los chavales no dejaban de hacerle preguntas, todas con buen tino, y hasta alguno de ellos le pidió que le respondiera en chino. Podremos ver todo ello en un documental que la cadena británica de televisión BBC ha grabado con motivo de este recital en Las Palmas.
La trayectoria de Lang Lang no ha estado exenta de contratiempos. Tras una lesión de tendinitis en 2017-18, que le obligó a detener su actividad concertística durante un año, Lang Lang regresó a los auditorios abordando una obra de gran trascendencia histórica: las Variaciones Goldberg, de J. S. Bach. En el encuentro confesó que se había aproximado a estas monumentales páginas en un par de ocasiones, desde que era un niño, pero no se había sentido preparado para afrontarlas hasta ese momento, tras el parón obligado y un tiempo de reflexión.
Desde entonces y hasta la actualidad, con un pequeño paréntesis en que dedicó una gira de conciertos a la música de Disney, está profundizando en un repertorio de mayor empaque y tradición, alejándose de su faceta más mediática. Buena prueba de ello es el programa con que Lang Lang se presentó en Santa Catalina Classics, asentado en el final del clasicismo, con Beethoven como gran baluarte, pero donde también propuso un atractivo recorrido por la historia del piano.
La primera parte del recital, cuando aún las luces de la tarde no se habían desvanecido y algunos pájaros buscaban ya acomodo para pasar la noche -Gran Canaria no se han librado de las plagas de cotorras-, se inició con un delicioso Rondó en re mayor de Mozart, perfecto aperitivo que resolvió a ritmo rápido. Tras ello, nos adentramos en una de las piezas de Beethoven más populares: la Sonata nº8, ‘Patética’. En ella pudimos comprobar una construcción coherente por parte de Lang Lang, dentro de su particular modo de entender la música del alemán: comunicativa, llena de contrastes y amplias dinámicas. En algunos pasajes, los ‘fortes’ resultaron algo estridentes, dada la amplificación aplicada y la respuesta de los altavoces, y hubiera resultado más adecuado que el pianista atenuara su ardor.
Casi sin solución de continuidad, afrontó una de las sonatas más importantes de la última etapa de Beethoven, la opus 110. En esa madurez compositiva encontraríamos los mejores momentos de la noche. Su Beethoven nos trajo a la memoria aquellas ‘masterclass’ grabadas en vídeo para el sello EMI, donde recibió consejos de Daniel Barenboim. Las sesiones se realizaron como complemento de la integral de sonatas registradas por el maestro argentino. Era el año 2005 y Lang Lang era ya un pianista portentoso, dotado de un carisma arrebatador.
Volviendo al Beethoven interpretado en Las Palmas -el recital tuvo lugar el 19 de junio-, en el Adagio ma non troppo Lang Lang consiguió trasladarnos a un mundo de tremenda intensidad expresiva, redoblada por la atención con que una audiencia tan numerosa seguía el concierto. La concentración consiguió apaciguar incluso a las aves más revoltosas. Fue realmente conmovedor el ambiente que creó con esa música de hondura simpar. La fuga final fue resuelta con cordura y equilibrio, para redondear una magnífica primera parte que concluyó en un paroxismo pianístico.
«Granados y Albéniz son los Chopin y Liszt de España». Nos lo contaba Lang Lang hace tres años, cuando concedió una entrevista a 20minutos al hilo de sus conciertos en España. También señalaba su intención de continuar grabando la Suite Iberia de Albéniz, de la que había registrado sólo el primer cuaderno. No parece que haya avanzado en ese proyecto, pero sí que había reservado buena parte de la segunda parte de su recital a estos dos compositores.
De la Suite española número 1 de Albéniz escogió una selección de piezas. El resultado varió entre la delicadeza que destila Granada, una música con un aire nocturno tan apropiada para el marco, muy bien captada por el pianista; hasta una no tan atinada traducción de Cataluña, tomada al trote y escasa de inspiración; o una Sevillana donde mostró un inesperado salero. Asturias surgió agresiva en su sección inicial, contrastando con el sentir poético de su corazón musical, mientras que en Cádiz aplicó una medida dosis de ‘rubato’. Un paseo por el arte musical español que agradecimos en la medida que supone un bello gesto de aproximación.
De Granados escuchamos un episodio de Goyescas, antes de conducirnos hacia tres piezas de Liszt, donde demostró sus fabulosas cualidades. Como bises, entonó el famoso Claro de luna, de Debussy, bellamente expuesto, alumbrado por esa luna que todos podíamos ver en aquel momento; y continuó con la mazurka Op. 33 nº 2, de Chopin, percutiva y raudamente resuelta. Con ello se desataron los aplausos finales y el pianista se despidió del público, para concluir una noche musicalmente equilibrada y virtuosa, apoyada por ese clima canario que envuelve los conciertos al aire libre en una irresistible placidez.
Sólo restaba dar buena cuenta de la cena-buffet que el hotel sirve en su preciosa terraza tras estos eventos, incluida en algunas de las localidades del concierto. El pianista ha aprovechado al máximo su estancia en Las Palmas, celebrando su cuarenta y cuatro cumpleaños en el Hotel Santa Catalina, en compañía de su familia. Ha dedicado gestos de simpatía a todo el que se cruzara con él, desde el taxista que le condujo del aeropuerto al hotel, hasta cualquiera de los residentes y empleados. Esa naturalidad es también un signo de que el talento no está reñido con la cercanía a los demás, un rasgo que añade valor a los grandes artistas y explica que tantas personas se sientan atraídas por la figura de Lang Lang.
El pianista Lang Lang combinó música española con obras del clasicismo en un estupendo recital en el Hotel Santa Catalina de Las Palmas de Gran Canaria
Lang Lang (Shenyang, China. 1982) es el único pianista en la actualidad capaz de atraer la atención de un público diverso y multitudinario, rendido a sus programas por dispares que sean, que agota con rapidez las localidades. La mayoría de los espectadores no son habituales de los recitales pianísticos, pero acuden con un notable entusiasmo al encuentro con un artista que les seduce. Así ha ocurrido en la última visita del músico chino a nuestro país, donde ha ofrecido un recital en solitario, al aire libre, dentro del festival Santa Catalina Classics.
Barceló Hotel Group promueve esta propuesta artística que llega a su sexta edición. A lo largo del año en curso, recibirá la visita del guitarrista riojano Pablo Sáinz-Villegas, la pianista Mariam Chitanava y el carismático arpista Xavier de Maistre. El festival se ha asentado en el espléndido Hotel Santa Catalina, el más antiguo de las Islas Canarias, que ofrece un escenario ideal.

En su amplio jardín se instalaron gradas para albergar a un gran número de espectadores y un sistema de sonido capaz de ofrecer fidelidad acústica. Allí se ejercitaba Lang Lang el día anterior al recital, probando el piano mientras los técnicos de sonido hacían sus ajustes. Enlazando algunas piezas de Albéniz con otras de Beethoven o el tema Let it go, de la película Frozen, parecía divertirse mientras ensayaba con relajación. Desde los alrededores del hotel podía escucharse perfectamente, razón por la cual numerosos aficionados se acercan los días de concierto a las inmediaciones para disfrutar de los eventos programados. Así sucedió también en la edición del año pasado, cuando se ofreció una espléndida gala operística protagonizada por Anna Netrebko y Jorge de León.
Al día siguiente, una sala abarrotada de estudiantes del Conservatorio de Las Palmas esperaba a Lang Lang horas antes de su recital, en una de las salas del hotel, para mantener un encuentro. El traductor casi no hacía falta, porque todos los chavales hablaban un inglés bastante fluido. Entre las inquietudes de los jóvenes, algunas se centraron en conocer sus hábitos como estudiante. Así supimos que el pequeño Lang madrugaba más de lo normal para dedicar al piano un tiempo, antes de partir hacia el colegio que, afortunadamente, estaba cerca de casa. Luego aprovechaba el tiempo de la comida para seguir dándole a las teclas y, por la noche, veía un poco la televisión, pero todavía sacaba otro buen rato hasta completar unas cinco horas diarias, en período lectivo. Su licencia secreta era una buena dosis de chocolate y el impulso, una determinación tremenda.

Pronto advirtió el pianista chino la dificultad que entrañaba la carrera de solista y se planteó si de verdad merecía la pena el sacrificio. «Me di cuenta de que el camino, aunque recibiera flores y aplausos, iba a ser árido y complicado. Tuve momentos de duda, porque no parecía ver resultados claros, pero fui capaz de sobrepasar esos baches», confesó a los atentos estudiantes. Gracias a ese ahínco, lo tenemos hoy dedicando su talento al piano y acercando la música para este instrumento hasta lugares donde nunca habría llegado. Los chavales no dejaban de hacerle preguntas, todas con buen tino, y hasta alguno de ellos le pidió que le respondiera en chino. Podremos ver todo ello en un documental que la cadena británica de televisión BBC ha grabado con motivo de este recital en Las Palmas.
La trayectoria de Lang Lang no ha estado exenta de contratiempos. Tras una lesión de tendinitis en 2017-18, que le obligó a detener su actividad concertística durante un año, Lang Lang regresó a los auditorios abordando una obra de gran trascendencia histórica: las Variaciones Goldberg, de J. S. Bach. En el encuentro confesó que se había aproximado a estas monumentales páginas en un par de ocasiones, desde que era un niño, pero no se había sentido preparado para afrontarlas hasta ese momento, tras el parón obligado y un tiempo de reflexión.
Desde entonces y hasta la actualidad, con un pequeño paréntesis en que dedicó una gira de conciertos a la música de Disney, está profundizando en un repertorio de mayor empaque y tradición, alejándose de su faceta más mediática. Buena prueba de ello es el programa con que Lang Lang se presentó en Santa Catalina Classics, asentado en el final del clasicismo, con Beethoven como gran baluarte, pero donde también propuso un atractivo recorrido por la historia del piano.

La primera parte del recital, cuando aún las luces de la tarde no se habían desvanecido y algunos pájaros buscaban ya acomodo para pasar la noche -Gran Canaria no se han librado de las plagas de cotorras-, se inició con un delicioso Rondó en re mayor de Mozart, perfecto aperitivo que resolvió a ritmo rápido. Tras ello, nos adentramos en una de las piezas de Beethoven más populares: la Sonata nº8, ‘Patética’. En ella pudimos comprobar una construcción coherente por parte de Lang Lang, dentro de su particular modo de entender la música del alemán: comunicativa, llena de contrastes y amplias dinámicas. En algunos pasajes, los ‘fortes’ resultaron algo estridentes, dada la amplificación aplicada y la respuesta de los altavoces, y hubiera resultado más adecuado que el pianista atenuara su ardor.
Casi sin solución de continuidad, afrontó una de las sonatas más importantes de la última etapa de Beethoven, la opus 110. En esa madurez compositiva encontraríamos los mejores momentos de la noche. Su Beethoven nos trajo a la memoria aquellas ‘masterclass’ grabadas en vídeo para el sello EMI, donde recibió consejos de Daniel Barenboim. Las sesiones se realizaron como complemento de la integral de sonatas registradas por el maestro argentino. Era el año 2005 y Lang Lang era ya un pianista portentoso, dotado de un carisma arrebatador.
Volviendo al Beethoven interpretado en Las Palmas -el recital tuvo lugar el 19 de junio-, en el Adagio ma non troppo Lang Lang consiguió trasladarnos a un mundo de tremenda intensidad expresiva, redoblada por la atención con que una audiencia tan numerosa seguía el concierto. La concentración consiguió apaciguar incluso a las aves más revoltosas. Fue realmente conmovedor el ambiente que creó con esa música de hondura simpar. La fuga final fue resuelta con cordura y equilibrio, para redondear una magnífica primera parte que concluyó en un paroxismo pianístico.

«Granados y Albéniz son los Chopin y Liszt de España». Nos lo contaba Lang Lang hace tres años, cuando concedió una entrevista a 20minutos al hilo de sus conciertos en España. También señalaba su intención de continuar grabando la Suite Iberia de Albéniz, de la que había registrado sólo el primer cuaderno. No parece que haya avanzado en ese proyecto, pero sí que había reservado buena parte de la segunda parte de su recital a estos dos compositores.
De la Suite española número 1de Albéniz escogió una selección de piezas. El resultado varió entre la delicadeza que destila Granada, una música con un aire nocturno tan apropiada para el marco, muy bien captada por el pianista; hasta una no tan atinada traducción de Cataluña, tomada al trote y escasa de inspiración; o una Sevillana donde mostró un inesperado salero. Asturias surgió agresiva en su sección inicial, contrastando con el sentir poético de su corazón musical, mientras que en Cádiz aplicó una medida dosis de ‘rubato’. Un paseo por el arte musical español que agradecimos en la medida que supone un bello gesto de aproximación.

De Granados escuchamos un episodio de Goyescas, antes de conducirnos hacia tres piezas de Liszt, donde demostró sus fabulosas cualidades. Como bises, entonó el famoso Claro de luna, de Debussy, bellamente expuesto, alumbrado por esa luna que todos podíamos ver en aquel momento; y continuó con la mazurka Op. 33 nº 2, de Chopin, percutiva y raudamente resuelta. Con ello se desataron los aplausos finales y el pianista se despidió del público, para concluir una noche musicalmente equilibrada y virtuosa, apoyada por ese clima canario que envuelve los conciertos al aire libre en una irresistible placidez.
Sólo restaba dar buena cuenta de la cena-buffet que el hotel sirve en su preciosa terraza tras estos eventos, incluida en algunas de las localidades del concierto. El pianista ha aprovechado al máximo su estancia en Las Palmas, celebrando su cuarenta y cuatro cumpleaños en el Hotel Santa Catalina, en compañía de su familia. Ha dedicado gestos de simpatía a todo el que se cruzara con él, desde el taxista que le condujo del aeropuerto al hotel, hasta cualquiera de los residentes y empleados. Esa naturalidad es también un signo de que el talento no está reñido con la cercanía a los demás, un rasgo que añade valor a los grandes artistas y explica que tantas personas se sientan atraídas por la figura de Lang Lang.
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