Cada cierto tiempo, algún hijo o hija de cantante, actor, actriz, presentador o director famoso asegura que dedicarse al mismo oficio que sus progenitores es más difícil precisamente por llevar ese apellido. Y algo de razón puede tener si hablamos de comparaciones, sospechas sobre su talento o expectativas demasiado altas. Pero una cosa es tener más presión y otra muy distinta tener menos oportunidades.
Aquí encaja muy bien el «efecto Mateo», ese concepto del que hablé en el post de ayer y que según el cual quien parte con ventaja suele acumular nuevas ventajas con el paso del tiempo. Un apellido conocido no canta, no actúa, no desfila ni dirige una película por nadie, pero puede conseguir algo decisivo al inicio de una carrera, que una llamada sea atendida, que un representante acepte una reunión o que un medio publique una entrevista antes de que exista una trayectoria sólida.
Eso no significa que todos los hijos de famosos triunfen ni que carezcan de talento. Significa que no parten del mismo lugar que quienes no tienen familia dentro del sector, contactos, acceso a rodajes, estudios, productoras, sellos discográficos o círculos donde se decide quién entra y quién se queda fuera. En profesiones tan cerradas, esa primera puerta ya supone una ventaja enorme.
El término «nepo baby» (abreviatura de nepotism baby), se ha popularizado en redes para señalar a quienes reciben oportunidades gracias a sus vínculos familiares. La queja habitual suele apoyarse en que deben demostrar más y que cualquier error se mira con lupa. Puede ser cierto en parte, pero esa presión llega después de haber entrado en el juego. Para miles de personas igual o incluso mejor preparadas, el verdadero problema no es soportar comparaciones, sino no lograr siquiera una prueba, una audición o una segunda oportunidad, mientras que muchos hijos e hijas de famosos acceden a ellas con mucha más facilidad desde el principio.
Los nepo babies suelen decir que su apellido les pesa, pero en sectores tan cerrados como el cine, la música o la televisión también puede abrirles puertas antes que a los demás.
Cada cierto tiempo, algún hijo o hija de cantante, actor, actriz, presentador o director famoso asegura que dedicarse al mismo oficio que sus progenitores es más difícil precisamente por llevar ese apellido. Y algo de razón puede tener si hablamos de comparaciones, sospechas sobre su talento o expectativas demasiado altas. Pero una cosa es tener más presión y otra muy distinta tener menos oportunidades.
Aquí encaja muy bien el «efecto Mateo», ese concepto del que hablé en el post de ayer y que según el cual quien parte con ventaja suele acumular nuevas ventajas con el paso del tiempo. Un apellido conocido no canta, no actúa, no desfila ni dirige una película por nadie, pero puede conseguir algo decisivo al inicio de una carrera, que una llamada sea atendida, que un representante acepte una reunión o que un medio publique una entrevista antes de que exista una trayectoria sólida.
Eso no significa que todos los hijos de famosos triunfen ni que carezcan de talento. Significa que no parten del mismo lugar que quienes no tienen familia dentro del sector, contactos, acceso a rodajes, estudios, productoras, sellos discográficos o círculos donde se decide quién entra y quién se queda fuera. En profesiones tan cerradas, esa primera puerta ya supone una ventaja enorme.
El término «nepo baby» (abreviatura de nepotism baby), se ha popularizado en redes para señalar a quienes reciben oportunidades gracias a sus vínculos familiares. La queja habitual suele apoyarse en que deben demostrar más y que cualquier error se mira con lupa. Puede ser cierto en parte, pero esa presión llega después de haber entrado en el juego. Para miles de personas igual o incluso mejor preparadas, el verdadero problema no es soportar comparaciones, sino no lograr siquiera una prueba, una audición o una segunda oportunidad, mientras que muchos hijos e hijas de famosos acceden a ellas con mucha más facilidad desde el principio.
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