Todos en alguna ocasión hemos dicho o escuchado la expresión ‘por enésima vez’ cuando estamos cansados de repetir algo y hemos perdido por completo la cuenta. Para entender el origen del término ‘enésimo’ tenemos que viajar al terreno de las matemáticas y fijarnos en cómo se representan las sucesiones numéricas.
Desde hace mucho tiempo los estudiosos utilizan la letra ‘ene’ minúscula para referirse a una cantidad cualquiera que se desconoce dentro de una fórmula. Su etimología nace precisamente de unir el nombre de esta consonante con el sufijo ‘-ésimo’ empleado habitualmente en nuestro idioma para formar los números ordinales como ocurre con las palabras vigésimo o centésimo.
Esta expresión empezó a emplearse en los círculos científicos europeos alrededor del siglo XVIII para facilitar las operaciones numéricas. Poco a poco dio el salto al lenguaje de la calle convirtiendo esta letra en un comodín perfecto para transmitir que una situación resulta extremadamente pesada o repetitiva sin tener la obligación de calcular una cifra exacta.
Todos en alguna ocasión hemos dicho o escuchado la expresión ‘por enésima vez’ cuando estamos cansados de repetir algo y hemos perdido por completo la cuenta.
Todos en alguna ocasión hemos dicho o escuchado la expresión ‘por enésima vez’ cuando estamos cansados de repetir algo y hemos perdido por completo la cuenta. Para entender el origen del término ‘enésimo’ tenemos que viajar al terreno de las matemáticas y fijarnos en cómo se representan las sucesiones numéricas.
Desde hace mucho tiempo los estudiosos utilizan la letra ‘ene’ minúscula para referirse a una cantidad cualquiera que se desconoce dentro de una fórmula. Su etimología nace precisamente de unir el nombre de esta consonante con el sufijo ‘-ésimo’ empleado habitualmente en nuestro idioma para formar los números ordinales como ocurre con las palabras vigésimo o centésimo.
Esta expresión empezó a emplearse en los círculos científicos europeos alrededor del siglo XVIII para facilitar las operaciones numéricas. Poco a poco dio el salto al lenguaje de la calle convirtiendo esta letra en un comodín perfecto para transmitir que una situación resulta extremadamente pesada o repetitiva sin tener la obligación de calcular una cifra exacta.
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