Aclamada por la crítica internacional, elegida por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas para representar a España en los Oscar de 2027, triunfadora en Cannes, Toronto y otros festivales… La historia de La bola negra, la nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, llega este viernes 25 de septiembre a los cines españoles después de una larga espera. La cinta ha despertado un gran interés por parte de los amantes del cine y de Federico García Lorca.
Como bien es sabido, el filme está inspirado en una obra inacabada del poeta y en la pieza teatral La piedra oscura de Alberto Conejero. La historia transcurre en tres periodos distintos de tiempo. Y en uno de ellos, Los Javis interpretan las cuatro páginas que el granadino escribió antes de ser asesinado en 1936. La obra lorquiana, y el nombre que da título a la película, alude a una práctica utilizada durante décadas en los clubes exclusivos de la alta sociedad: un joven intenta entrar en un casino de Granada y es rechazado mediante una bola negra por homosexual.
¿Existió realmente el sistema de votación de ‘echar bola negra’?
En los círculos más exclusivos de la Granada de los años treinta, y en otros puntos de España, conseguir un lugar entre los socios dependía de una votación decisiva y discreta. Los clubes privados y los casinos eran los puntos de encuentro de la élite de la sociedad. Es ahí donde se construía la mayor parte de las relaciones. Sin embargo, tener dinero o pertenecer a una familia conocida no garantiza su admisión.
Cada una de las personas que quería entrar a este exclusivo lugar debía ganarse la aprobación de quienes ya formaban parte de la entidad. Y para decidirlo se recurría a un sistema de sufragio secreto con bolas blancas y negras, un método que permitía aceptar o vetar a alguien sin revelar el emisor del voto.
El mecanismo era sencillo. Cada uno de los socios contaba con una bola blanca y otra negra, y depositaba en una urna opaca el color correspondiente a su decisión. La blanca suponía dar el visto bueno, mientras que la negra expresaba el rechazo. Para conservar el anonimato, algunas urnas tenían telas o tubos interiores que impedían ver qué bola había introducido cada participante.
Al terminar la votación, se abría la urna y se contabilizaban las bolas. El resultado se hacía público, pero no era posible saber quién había apoyado o rechazado al candidato. Además, las normas de admisión podían establecer un umbral de rechazo bajo. Esto quiere decir que, en algunos casos, una única bola negra bastaba para excluir a alguien, incluso si el resto de los socios estaban a favor de su entrada.
La exclusión podía responder a perjuicios relacionados con su procedencia, sus ideas, su trabajo o su orientación sexual. De esta manera, los socios apartaban a esos posibles integrantes que consideraban que no encajaban con ellos.
La nueva película de Los Javis rescata este ritual a través de la historia que narra una obra inacabada del poeta.
Aclamada por la crítica internacional, elegida por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas para representar a España en los Oscar de 2027, triunfadora en Cannes, Toronto y otros festivales… La historia de La bola negra, la nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, llega este viernes 25 de septiembre a los cines españoles después de una larga espera. La cinta ha despertado un gran interés por parte de los amantes del cine y de Federico García Lorca.
Como bien es sabido, el filme está inspirado en una obra inacabada del poeta y en la pieza teatral La piedra oscura de Alberto Conejero. La historia transcurre en tres periodos distintos de tiempo. Y en uno de ellos, Los Javis interpretan las cuatro páginas que el granadino escribió antes de ser asesinado en 1936. La obra lorquiana, y el nombre que da título a la película, alude a una práctica utilizada durante décadas en los clubes exclusivos de la alta sociedad: un joven intenta entrar en un casino de Granada y es rechazado mediante una bola negra por homosexual.
¿Existió realmente el sistema de votación de ‘echar bola negra’?
En los círculos más exclusivos de la Granada de los años treinta, y en otros puntos de España, conseguir un lugar entre los socios dependía de una votación decisiva y discreta. Los clubes privados y los casinos eran los puntos de encuentro de la élite de la sociedad. Es ahí donde se construía la mayor parte de las relaciones. Sin embargo, tener dinero o pertenecer a una familia conocida no garantiza su admisión.
Cada una de las personas que quería entrar a este exclusivo lugar debía ganarse la aprobación de quienes ya formaban parte de la entidad. Y para decidirlo se recurría a un sistema de sufragio secreto con bolas blancas y negras, un método que permitía aceptar o vetar a alguien sin revelar el emisor del voto.
El mecanismo era sencillo. Cada uno de los socios contaba con una bola blanca y otra negra, y depositaba en una urna opaca el color correspondiente a su decisión. La blanca suponía dar el visto bueno, mientras que la negra expresaba el rechazo. Para conservar el anonimato, algunas urnas tenían telas o tubos interiores que impedían ver qué bola había introducido cada participante.
Al terminar la votación, se abría la urna y se contabilizaban las bolas. El resultado se hacía público, pero no era posible saber quién había apoyado o rechazado al candidato. Además, las normas de admisión podían establecer un umbral de rechazo bajo. Esto quiere decir que, en algunos casos, una única bola negra bastaba para excluir a alguien, incluso si el resto de los socios estaban a favor de su entrada.
La exclusión podía responder a perjuicios relacionados con su procedencia, sus ideas, su trabajo o su orientación sexual. De esta manera, los socios apartaban a esos posibles integrantes que consideraban que no encajaban con ellos.
20MINUTOS.ES – Cultura
