«Lo que estamos presenciando es una gran captura de nuestros hijos. Una captura de su atención, de su concentración, de sus mentes. Esto les está privando de su infancia». Así de rotunda defendió este miércoles la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la ley de protección de la infancia que ha puesto Bruselas sobre la mesa (EU Kids Act en inglés) y que este jueves han desgranado desde Estrasburgo. El resumen es sencillo: la normativa prevé que de 0 a 3 años los menores no tengan acceso a pantallas, entre los 3 y los 13 no tengan cuentas propias, haya un control parental hasta los 15 y se prohíba por ejemplo el scroll infinito.
Además, la ley abarca plataformas de videojuegos y otras y los perfiles de los menores tendrán que ser privados «por defecto». En conclusión, el acceso de los menores a las redes tendrá que ser, como ya explicó la propia Von der Leyen, progresivo y controlado, para «invertir la carga de la prueba», es decir, que la responsabilidad se ponga en las plataformas y no en los usuarios.
Así, si bien de cero a 3 años no habrá acceso a pantallas, después, hasta los 13 años los menores no deben contar con dispositivos personales ni acceder a redes sociales tradicionales. En su lugar, únicamente podrán consumir servicios de vídeo adaptados a su edad a través de los dispositivos y cuentas de sus tutores legales, quienes dispondrán de herramientas para limitar el tiempo de uso a un máximo de una hora diaria. Es decir, el control parental es clave en todo el proceso.
La siguiente etapa va de los 13 a los 15 años, y ahí la Comisión habla de «mini cuentas», que estarán vinculadas de nuevo a las cuentas de los padres o tutores; serán ellos los que supervisen los tiempos de uso. Habrá límites a la hora de establecer contactos con otros usuarios en las redes -es decir, se limitarán las conversaciones- y también se incluirá un tiempo de uso que no será superior a una hora diaria.
La normativa, asimismo, no abarca solo las redes sociales, también plataformas de videojuegos o chatbots, igual que otras webs relacionadas con la inteligencia artificial, añade el Ejecutivo comunitario. «La idea es acompañar a los menores durante una etapa muy vulnerable de su vida», comentó Von der Leyen en rueda de prensa desde Estrasburgo. «Si una plataforma quiere el acceso de los menores, tiene que demostrar que es segura», avisó; «es un debate social sobre los beneficios y los contras de las redes sociales, hace años no sabía lo que sé hoy sobre los daños que generan las redes. Esto va de un conocimiento que tenemos que compartir con todos los europeos», comentó al mismo tiempo, acompañada de la vicepresidenta encargada de la Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen.
Por otro lado, la ley propuesta prohíbe los mecanismos adictivos como el ‘scroll’ infinito sin puntos de parada, los trucos de recompensa y el envío de notificaciones durante las horas de sueño: esto es, nada de avisos de Instagram, X o TikTok por la noche. Al mismo tiempo se veta la opción de que los menores puedan saltar de pantalla a pantalla dentro de un mismo contenido.
Otro punto importante es que los perfiles de los menores deberán ser privados por defecto -hasta los 18 años-, manteniendo desactivados de origen el micrófono, la cámara y la geolocalización. Adicionalmente, los chatbots o elementos de IA estarán apagados de forma predeterminada y no podrán simular relaciones personales que generen dependencia emocional.
El foco se pone en las grandes tecnológicas: las plataformas y tiendas de aplicaciones estarán obligadas a emplear herramientas de verificación de edad seguras con la privacidad al crear nuevos perfiles. En el caso de las cuentas ya existentes, las empresas deberán estimar la edad de los usuarios mediante datos razonables, como la fecha de creación del perfil o la verificación de tarjeta de crédito.
Un aspecto clave de la legislación es «la inversión de la carga de la prueba», algo en lo que ha insistido Von der Leyen. Esto significa que las grandes plataformas digitales tendrán la responsabilidad legal de demostrar que sus servicios son seguros antes de ponerlos a disposición del público. Para ello, deberán presentar planes de cumplimiento que serán evaluados por auditores independientes, concluye la Comisión.
«Nuestros hijos interactúan con las tecnologías más sofisticadas que se han creado jamás. Una tecnología que nunca se diseñó pensando en su bienestar«, espetó Von der Leyen. «Nuestra ley invierte la carga de la prueba: son las plataformas las que deben demostrar que son seguras desde su diseño, y devolvemos el control a los padres, proporcionándoles las herramientas necesarias para ayudar a sus hijos a desenvolverse en un mundo digital más seguro», sentenció.
Los pasos que han dado los países europeos
La realidad es que varios países europeos han avanzado en la creación de leyes para limitar o prohibir el acceso de los menores a las redes sociales. Mientras que gobiernos como los de España y el Reino Unido plantean vetar el acceso a quienes tengan menos de 16 años, otros como Francia, Italia, Polonia y Grecia buscan fijar la edad mínima en los 15 años. Por su parte, Austria contempla aplicar restricciones a los menores de 14 años, Portugal y Dinamarca establecen modelos que combinan límites de edad con la posibilidad de autorización parental, y Alemania sopesa la medida en medio de divisiones internas sobre la efectividad de un veto generalizado.
La puesta en marcha de estas normativas contempla diversos mecanismos de control, pero también afronta importantes escollos técnicos y legales. Para asegurar el cumplimiento de las normas, los países prevén utilizar herramientas de comprobación de edad —como la identidad digital europea en Italia o la aplicación estatal Kids Wallet en Grecia—, aplicar sanciones económicas a las plataformas en Polonia o regular funciones adictivas como las notificaciones nocturnas en Francia. Sin embargo, los proyectos atraviesan dificultades significativas, desde la modificación del texto francés tras el veto del Consejo Constitucional por riesgo de vulnerar la libertad de expresión, hasta el estancamiento de la medida en Italia por los retos de verificación y la falta de consenso político en Alemania
La normativa prevé prohibir también el scroll infinito y abarca plataformas de videojuegos y otras; los perfiles de los menores tendrán que ser privados «por defecto» y en la mayoría de casos el tiempo de uso será de una hora al día.
«Lo que estamos presenciando es una gran captura de nuestros hijos. Una captura de su atención, de su concentración, de sus mentes. Esto les está privando de su infancia». Así de rotunda defendió este miércoles la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la ley de protección de la infancia que ha puesto Bruselas sobre la mesa (EU Kids Act en inglés) y que este jueves han desgranado desde Estrasburgo. El resumen es sencillo: la normativa prevé que los menores no tengan cuenta en redes hasta los 13 años, haya un control parental hasta los 15 y se prohíba por ejemplo el scroll infinito.
Además, la ley abarca plataformas de videojuegos y otras y los perfiles de los menores tendrán que ser privados «por defecto». En conclusión, el acceso de los menores a las redes tendrá que ser, como ya explicó la propia Von der Leyen, progresivo y controlado, para «invertir la carga de la prueba», es decir, que la responsabilidad se ponga en las plataformas y no en los usuarios.
Así, entre los 3 y los 13 años, los menores no deben contar con dispositivos personales ni acceder a redes sociales tradicionales. En su lugar, únicamente podrán consumir servicios de vídeo adaptados a su edad a través de los dispositivos y cuentas de sus tutores legales, quienes dispondrán de herramientas para limitar el tiempo de uso a un máximo de una hora diaria. Es decir, el control parental es clave en el proceso. Para los bebés y niños menores de 3 años, la recomendación directa de la norma es evitar el uso de pantallas, añade Bruselas.
La siguiente etapa va de los 13 a los 15 años, y ahí la Comisión habla de «mini cuentas», que estarán vinculadas de nuevo a las cuentas de los padres o tutores; serán ellos los que supervisen los tiempos de uso. Habrá límites a la hora de establecer contactos con otros usuarios en las redes -es decir, se limitarán las conversaciones- y también se incluirá un tiempo de uso que no será superior a una hora diaria.
La normativa, asimismo, no abarca solo las redes sociales, también plataformas de videojuegos o chatbots, igual que otras webs relacionadas con la inteligencia artificial, añade el Ejecutivo comunitario. «La idea es acompañar a los menores durante una etapa muy vulnerable de su vida», comentó Von der Leyen en rueda de prensa desde Estrasburgo. «Si una plataforma quiere el acceso de los menores, tiene que demostrar que es segura», avisó; «es un debate social sobre los beneficios y los contras de las redes sociales, hace años no sabía lo que sé hoy sobre los daños que generan las redes. Esto va de un conocimiento que tenemos que compartir con todos los europeos», comentó al mismo tiempo, acompañada de la vicepresidenta encargada de la Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen.
Por otro lado, la ley propuesta prohíbe los mecanismos adictivos como el ‘scroll’ infinito sin puntos de parada, los trucos de recompensa y el envío de notificaciones durante las horas de sueño: esto es, nada de avisos de Instagram, X o TikTok por la noche. Al mismo tiempo se veta la opción de que los menores puedan saltar de pantalla a pantalla dentro de un mismo contenido.
Otro punto importante es que los perfiles de los menores deberán ser privados por defecto, manteniendo desactivados de origen el micrófono, la cámara y la geolocalización. Adicionalmente, los chatbots o elementos de IA estarán apagados de forma predeterminada y no podrán simular relaciones personales que generen dependencia emocional.
El foco se pone en las grandes tecnológicas: las plataformas y tiendas de aplicaciones estarán obligadas a emplear herramientas de verificación de edad seguras con la privacidad al crear nuevos perfiles. En el caso de las cuentas ya existentes, las empresas deberán estimar la edad de los usuarios mediante datos razonables, como la fecha de creación del perfil o la verificación de tarjeta de crédito.
Un aspecto clave de la legislación es «la inversión de la carga de la prueba», algo en lo que ha insistido Von der Leyen. Esto significa que las grandes plataformas digitales tendrán la responsabilidad legal de demostrar que sus servicios son seguros antes de ponerlos a disposición del público. Para ello, deberán presentar planes de cumplimiento que serán evaluados por auditores independientes, concluye la Comisión.
«Nuestros hijos interactúan con las tecnologías más sofisticadas que se han creado jamás. Una tecnología que nunca se diseñó pensando en su bienestar«, espetó Von der Leyen. «Nuestra ley invierte la carga de la prueba: son las plataformas las que deben demostrar que son seguras desde su diseño, y devolvemos el control a los padres, proporcionándoles las herramientas necesarias para ayudar a sus hijos a desenvolverse en un mundo digital más seguro», sentenció.
La realidad es que varios países europeos han avanzado en la creación de leyes para limitar o prohibir el acceso de los menores a las redes sociales. Mientras que gobiernos como los de España y el Reino Unido plantean vetar el acceso a quienes tengan menos de 16 años, otros como Francia, Italia, Polonia y Grecia buscan fijar la edad mínima en los 15 años. Por su parte, Austria contempla aplicar restricciones a los menores de 14 años, Portugal y Dinamarca establecen modelos que combinan límites de edad con la posibilidad de autorización parental, y Alemania sopesa la medida en medio de divisiones internas sobre la efectividad de un veto generalizado.
La puesta en marcha de estas normativas contempla diversos mecanismos de control, pero también afronta importantes escollos técnicos y legales. Para asegurar el cumplimiento de las normas, los países prevén utilizar herramientas de comprobación de edad —como la identidad digital europea en Italia o la aplicación estatal Kids Wallet en Grecia—, aplicar sanciones económicas a las plataformas en Polonia o regular funciones adictivas como las notificaciones nocturnas en Francia. Sin embargo, los proyectos atraviesan dificultades significativas, desde la modificación del texto francés tras el veto del Consejo Constitucional por riesgo de vulnerar la libertad de expresión, hasta el estancamiento de la medida en Italia por los retos de verificación y la falta de consenso político en Alemania
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